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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
En la Iglesia Católica nos hace falta voces que hablen con libertad, que llamen pecado a lo que es pecado. Asumamos también nosotros la responsabilidad también y sigamos las huellas de San Juan Bautista.
Homilía sjbn023a, predicada en 20230624, con 7 min. y 40 seg. 
Transcripción:
El 24 de junio, nuestra Iglesia Católica recuerda y celebra el nacimiento de San Juan Bautista, 24 de junio. Astronómicamente, corresponde al día más largo del año en el hemisferio norte, es decir, el día que tiene mayor cantidad de luz. Y bueno, hay como una asociación entre la astronomía, la Biblia y la liturgia, porque es que hay una frase que dijo San Juan Bautista, dijo: «Conviene que él, refiriéndose a Cristo, conviene que Cristo crezca y que yo disminuya». Y a partir de la fecha del nacimiento de Juan, las horas de sol van disminuyendo hasta que se llega a 6 meses después, al nacimiento de Cristo, el sol que nace de lo alto. O sea que hay una cierta relación entre, llamémoslo así, lo astronómico y lo litúrgico, lo bíblico.
Pero más allá de esa comparación, que no es lo más importante, lo que sí creo que tiene que impactarnos mucho es el amor de Juan por la persona de Cristo. Y lo que creo que tiene que impactarnos igual o más es darnos cuenta cómo el llamado de Juan Bautista tuvo un impacto tan grande en aquel tiempo y creo que merece tenerlo en nuestro tiempo. Voy a dar señales de cuál fue el impacto que tuvo la predicación, la vida y el bautismo de Juan en aquel tiempo.
En el libro de los Hechos de los Apóstoles, por aquí quiero empezar, en el libro de los Hechos de los Apóstoles se nos cuenta que Pablo estaba evangelizando en una cierta región de lo que hoy es Turquía, por allá en la región de Éfeso. Y entonces, les pregunta a unos discípulos: «¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando abrazasteis la fe?» Y ellos respondieron, para gran sorpresa de Pablo: «Ni siquiera sabíamos que había un Espíritu Santo». Y entonces Pablo les pregunta extrañado: «Pero entonces, ¿qué bautismo recibisteis?» Y ellos respondieron: «El bautismo de Juan». Para que te hagas una idea, habían pasado fácilmente casi 30 años después de la muerte de Juan y se seguía predicando el bautismo de Juan, esto nos impacta mucho. Ahora, Pablo les aclara las cosas, Pablo les dice: Miren, el bautismo de Juan era una señal externa de arrepentimiento. O sea, era como una especie de visibilización, una manera de hacer visible el esfuerzo de conversión, el propósito de conversión, así que ese era el bautismo de Juan. Pero lo que yo te quiero destacar es el impacto tan grande que tenía Juan que 30 años después de su muerte había gente que seguía practicando el bautismo de Juan.
Otra señal, observa esto otro. Alguna vez, estando Cristo ya hacia el final de su ministerio, estando en el templo de Jerusalén, unos sumos sacerdotes se acercan y le preguntan a Cristo: «Oye, ¿tú con qué autoridad haces lo que haces? ¿Quién te dio esa autoridad?» Y Cristo le responde con otra pregunta y les dice: «Yo también les voy a hacer una pregunta a ustedes, yo también tengo para preguntar: ¿El bautismo de Juan era de Dios o de los hombres?» Y entonces ellos dijeron, se pusieron a pensar entre sí estos sumos sacerdotes judíos, y dijeron lo siguiente: «Si decimos que el bautismo de Juan venía de Dios, nos va a preguntar ¿por qué no le hicisteis caso? Si decimos que el bautismo de Juan viene de los hombres, no, eso no se puede, porque tenían mucho temor, porque todo el mundo consideraba a Juan como un profeta». O sea que date cuenta el impacto tan grande que tuvo Juan el Bautista, que estos sumos sacerdotes no se atreven a responder. Y estos sumos sacerdotes entonces le dicen a Cristo: «No sabemos lo del bautismo de Juan, no sabemos». Y Cristo cerró la conversación diciendo: «Pues yo tampoco le respondo con qué autoridad hago esto».
Y te voy a citar un último texto bíblico. Cristo, nuestro Señor, hizo un elogio impresionante de Juan Bautista, y yo creo que todos sabemos que Jesucristo no era persona de estar soltando elogios fácilmente. Dijo Cristo: «Entre los nacidos de mujer no hay nadie tan grande como Juan». Por favor, por favor, ¿qué significa eso, viniendo de Cristo nuestro Señor: Entre los nacidos de mujer no hay nadie mayor que Juan Bautista? Ahora ya en otras ocasiones hemos explicado lo que significa esa frase. El mundo semita no es tan amigo de las abstracciones, hablar de naturaleza humana, naturaleza divina. Pero realmente lo que quiere decir Cristo con esa frase: Entre los nacidos de mujer no hay nadie más grande, es como si dijera: Nada puede nacer más grande de una mujer que Juan Bautista, lo cual se interpreta de esta manera, lo máximo que da la naturaleza humana en sí misma por sus solas fuerzas, es lo que vivió, lo que predicó, lo que hizo Juan el Bautista.
Así que este es un día para acercarnos a esta figura monumental, sobre todo, acercarnos a su fidelidad, su vida de absoluta libertad completamente entregada a Dios, porque yo digo cuánta falta nos hace eso. Y voy a hacer una pequeña propaganda, cuánta falta nos hace eso en la Iglesia Católica, cuánto nos hacen falta esas voces que hablen con libertad, que llamen pecado a lo que es pecado. Cuánta falta nos hacen esas voces que sean capaces, incluso de decirle al rey Herodes: Estás en adulterio, eso no lo permite Dios. No les pasa a ustedes que están cansados, lo mismo que yo, de tanta cobardía. No será que estamos una vez más en los tiempos, tan parecidos a los de Santa Catalina de Siena, cuando ella decía: Griten, griten, que de tanto callar el mundo está podrido. Yo creo que eso necesitamos y hay que pedirlo y hay que merecerlo. Y cada uno de nosotros tiene una responsabilidad ahí. Pues vamos a asumir esa responsabilidad, tras las huellas del gran predicador y profeta San Juan Bautista.

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