Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Estamos llamados a ser como Juan, precursores que preparan los corazones para que Cristo obre: anunciando conversión, siendo humildes y fieles a la verdad de lo que somos.

Homilía sjbn018a, predicada en 20190624, con 6 min. y 18 seg.

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Transcripción:

El 24 de junio nuestra Iglesia Católica celebra la solemnidad del nacimiento de San Juan Bautista. La segunda lectura, tomada del libro de los Hechos de los Apóstoles, nos recuerda cuál fue la misión de Juan. Esta segunda lectura nos interesa porque, de algún modo, cada uno de nosotros está llamado a continuar la misión de Juan. Es decir, estamos llamados a ser precursores que preparan los corazones para que Cristo y solo Cristo haga su obra. Ninguno de nosotros puede reemplazar a Jesucristo, y es de Cristo de quien tienen necesidad nuestros hermanos. No se trata de reemplazar a Jesucristo, se trata de preparar los corazones para que Cristo pueda hacer su obra en ellos.

Esto vale para todos, pero vale muy especialmente para quienes tenemos el servicio de la predicación y para nosotros sacerdotes. Debemos siempre tener conciencia de que la persona necesaria es Él, Jesús, Jesucristo. Él es el necesario y nosotros estamos al servicio del encuentro pleno entre cada corazón y el Señor. Como decía alguna vez el apóstol San Pablo: «Nosotros hemos querido presentarlos a ustedes como novia bella y arreglada para el Esposo que es Jesucristo». Esa fue la espiritualidad de Juan Bautista, eso fue lo que Juan Bautista quiso precisamente. Y por eso digo que cada uno de nosotros puede aprender algo de este gran hombre.

Basándonos en la lectura de Hechos de los Apóstoles, que es parte de un discurso, precisamente de San Pablo, hay tres elementos que yo creo que destacan en la espiritualidad de Juan Bautista. ¿Cuáles son ellos? En primer lugar, Juan, se nos dice, predicó un bautismo de conversión. En segundo lugar, Juan disipó los malos entendidos, fácilmente la gente lo hubiera podido tomar como Mesías, era un hombre ejemplar, era un hombre virtuoso, era un hombre valiente. Su vida entera era como un milagro sostenido, era muy fácil que la gente lo hubiera considerado Mesías. Pero Jesucristo viene detrás de Juan y Juan no pierde la perspectiva. Juan no se deja obnubilar, él se mantiene en su sitio, es verdadero. Y, en tercer lugar, él se da cuenta que como es Cristo el que viene, él tiene que desaparecer, como lo dice expresamente en otro lugar, el mismo Juan: «Cristo debe crecer y yo debo menguar». Eso se llama humildad, humildad de la buena, humildad verdadera.

Así que los tres elementos que estamos recogiendo son los siguientes: Anunciar conversión, mantenernos en la verdad de lo que somos y ser auténticamente humildes. Conversión, verdad y humildad. Si nosotros vamos a realizar esta tarea nuestra de precursores de Jesucristo, necesitamos esos tres elementos, eso quiere decir que nuestro testimonio, pero también nuestras palabras, han de ser una invitación a la conversión. Invitación a que la vida cambie, nosotros queremos que la vida cambie.

Estar cerca de las personas que llamamos nuestros amigos y dejarlos como están, no es amarlos a ellos, ni es amar a Cristo. Lo que nos enseña Juan es que, si estamos cerca de nuestros hermanos, el mejor regalo que les podemos dar es la invitación a que su vida mejore. Conviene aquí recordar esa frase que hemos dicho muchas veces: Cristo me acepta como soy, pero no me deja donde estoy. Pues, ese que es un lema de la vida cristiana, tiene que cumplirse desde el principio en nuestra misión de precursores. Es decir, aceptamos a nuestro prójimo, aceptamos a nuestros amigos como son, pero no podemos estar tranquilos dejándolos donde están. Si un amigo mío, si un hermano mío, si una persona que yo quiero es una persona que está sumergida en algún vicio, está metida en un error, está lejos del Señor, está confundido en su mente, está divagando por otras religiones o credos. Yo lo acepto y lo amo como es, pero yo lo invito con mi testimonio primero, repito, pero discreta y sabiamente, también con mis palabras, a que esa persona mejore la vida.

Y luego es necesario permanecer en la verdad de lo que somos. Decía la imitación de Cristo: No eres más porque te alaben, ni menos porque te insulten, hay que mantenerse en la verdad. A veces nos van a querer hundir con el desprecio y la persecución. Otras veces nos pueden obnubilar, nos pueden embriagar de elogios. Ni una cosa ni otra, somos lo que somos y, de hecho, tercera recomendación, que viene directamente de San Juan Bautista, es necesario saber que el encuentro definitivo es el encuentro con el Señor y que a nosotros lo que nos corresponde es, como María Santísima, como Juan Bautista, saber cuál es el momento en el que hay que dar un paso al costado y dejar que sea Cristo y solamente Cristo quien se glorifique.

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