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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Pidamos a Juan Bautista que interceda ante el Señor para que venza nuestras esterilidades físicas, las de los que no logramos creer y las de nuestros desiertos.
Homilía sjbn015a, predicada en 20170624, con 6 min. y 54 seg. 
Transcripción:
El 24 de junio nuestra Iglesia Católica celebra la solemnidad del nacimiento de San Juan Bautista. Destaco la palabra nacimiento, porque hay otra celebración que es la del martirio de San Juan Bautista, esa es el día 29 de agosto. Parece natural celebrar el martirio de un santo, de hecho, las primeras celebraciones litúrgicas que tuvo la Iglesia, después de celebrar a Cristo mismo, fueron las muertes de los mártires, porque el mártir, con su muerte ha manifestado una caridad inmensa, ha manifestado una unión profundísima con el misterio de Cristo. De manera que los primeros cristianos, al día de la muerte de un mártir lo llamaban «dies natalis», es decir, el día del nacimiento.
Celebrar, en cambio, el nacimiento para esta tierra es algo mucho menos frecuente. Tenemos el nacimiento de Cristo, que se celebra el 25 de diciembre en Navidad, tenemos la celebración del nacimiento de la Santísima Virgen el 8 de septiembre y tenemos la celebración del nacimiento de San Juan Bautista en esta fecha, el 24 de junio. Y uno se da cuenta que es un número muy reducido de celebraciones de nacimientos. Se entiende bastante bien, creo yo, celebrar el nacimiento de Cristo o el de la Virgen, la Virgen Inmaculada, Cristo Rey de Reyes, Cordero que quita el pecado del mundo.
Pero ¿por qué celebramos el nacimiento de Juan el Bautista? Si nos damos cuenta, todas las celebraciones en la Iglesia tienen el carácter de una victoria, siempre hay algo de victoria en lo que nosotros celebramos. Entonces, ¿cuál es la victoria que está aquí? Es tan hermosa la historia del nacimiento de Juan el Bautista. Sus papás se llamaban Zacarías e Isabel, y resulta que ellos eran estériles y de edad avanzada. Y estando Zacarías, que era de familia sacerdotal, estando Zacarías en el templo, se le aparece el ángel Gabriel y Gabriel le anuncia que lo que Zacarías había anhelado toda su vida, tener un hijo, se le va a cumplir. Pero a Zacarías le resulta imposible creer eso. La pregunta escéptica de Zacarías es: ¿Yo cómo podré estar seguro de eso? Es decir, Zacarías se encierra en su miedo, en su escepticismo, y no cree. Y, sin embargo, el embarazo sí sucede.
Entonces el nacimiento de San Juan Bautista es una doble victoria, es la victoria sobre la esterilidad física, pero también es la victoria sobre la esterilidad espiritual. La esterilidad física es la de aquella pareja que no puede tener hijos. La esterilidad espiritual es la de aquéllos que no terminan de creer, que pueden sentir incluso una cercanía, que pueden incluso ser sacerdotes, como en el caso de Zacarías, que pueden estar rodeados de fe por todas partes y, sin embargo, no logran creer. Entonces, el nacimiento de Juan supuso una doble victoria, una victoria sobre la esterilidad del cuerpo y otra victoria sobre la esterilidad del alma. Pero las cosas no terminan ahí, resulta que, como Zacarías e Isabel eran de edad avanzada, pues ellos no alcanzaron a ofrecerle toda la crianza a Juan Bautista. A su hijo llamado Juan, no le pudieron dar toda la crianza, pues porque tenemos que situarnos en aquel tiempo y en aquel tiempo el promedio de vida era bastante bajo. Según algunos estudiosos, estaba alrededor de los 40 años de edad. Y si se nos dice que Zacarías e Isabel ya eran de avanzada edad, indudablemente tenían más de ese tiempo.
Entonces Juan, ¿qué le pasó a Juan? Pues le pasó que prácticamente tampoco tuvo padres que le formaran. Lo que nos dice la Escritura a través del evangelista San Lucas es que creció en el desierto y su espíritu se fortalecía. Posiblemente había algunas comunidades de judíos piadosos que, en el desierto, trataban de mantener viva la experiencia que se vivió cuando salieron de Egipto. Algunos grupos sabemos que existían en esa época, eran llamados los esenios y, en ese sentido, es posible que Juan haya tenido alguna relación con ellos. Ese dato no nos lo da la Biblia, pero lo cierto es que la esterilidad del desierto también tuvo que ser vencida por Juan. O sea que la vida de Juan fue una victoria permanente sobre la esterilidad, la esterilidad del cuerpo de sus padres, la esterilidad del alma de la incredulidad de su papá, la esterilidad del desierto donde se formó. Y es impresionante ver que este hombre, que tuvo que atravesar y vencer todas esas esterilidades, va a anunciar el comienzo de un mundo completamente nuevo, va a anunciar como precursor al Hijo de Dios, en quien todas las cosas se renuevan, es decir, la Palabra misma por la que el mundo se vuelve de nuevo hacia Dios.
Agradezcamos al Señor esta victoria, y yo creo que hoy es un buen día para pedirle al Señor, por la intercesión de Juan Bautista, que venza nuestras esterilidades, que venza la esterilidad de tantas parejas que son estériles no por problemas fisiológicos, sino porque no quieren tener hijos. Esa esterilidad tiene que ser vencida. La esterilidad de aquellos que no logran creer tiene que ser vencida, muchas veces las personas tratan de esforzarse, pero no logran creer. Hay que pedir la intercesión de Juan Bautista para que ayude en esas circunstancias. Y luego, la esterilidad del desierto, de tantos desiertos que también existen en nuestro tiempo. La amable y fortísima intercesión de Juan Bautista nos conceda esas victorias. Amén.

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