|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
A la luz del nacimiento de Juan Bautista dile a Dios lo único razonable: aunque no entiendo, Tu sabes mejor que yo y Tus ideas son mejores que las mías.
Homilía sjbn014a, predicada en 20160624, con 6 min. y 11 seg. 
Transcripción:
El 24 de junio nuestra Iglesia Católica recuerda el nacimiento de San Juan Bautista. Seguramente tenemos presente cuáles fueron los acontecimientos que rodearon el nacimiento del precursor del Mesías, como es llamado Juan, y lo llamamos Juan el Bautista, porque su ministerio principal fue bautizar a las multitudes que acudían para escuchar su predicación y para recibir las aguas del Jordán.
Sucede que había un hombre llamado Zacarías y su esposa era Isabel. Y nos dice San Lucas que ambos eran justos, es decir, seguían el plan de Dios, pero no tenían hijos, porque ambos eran de edad muy avanzada y porque Isabel era estéril. Parece una gran contradicción, gente que es fiel a Dios en circunstancias difíciles, gente que está haciendo bien la tarea, como decimos a veces, que se está portando bien, pero a la que le salen mal las cosas, ese, ese es el drama de Zacarías e Isabel. Las cosas han llegado a un punto en el que cuando Dios le da una respuesta a Zacarías, cuando Dios le dice: Mira, vas a tener un hijo. Parece que Zacarías estaba seco, estaba seco en su fe. Así como Isabel había pasado ya la edad de la fecundidad y estaba árida, estaba seca como mujer, así Zacarías había pasado ya la edad de la fecundidad en la fe, y él también estaba seco y de un modo más dramático que su esposa, estaba seco en la fe. Y estaba seco en la fe porque no podía entender, no podía comprender por qué, si ellos eran fieles a Dios y hacían las cosas bien, le sucedía esa tragedia, esa vergüenza, esa esterilidad.
En nuestra época, ese ser estéril no tiene tanto drama, pero en la época de ellos ser estéril para una mujer era prácticamente sinónimo de ser maldita. Ambos eran de edad avanzada y, sin embargo, Isabel quedó esperando y dio a luz un hijo. Y ese nacimiento es el que estamos recordando hoy. Y con ese hijo, viene también algo bien importante que nos dice también San Lucas, y es que el niño, nos dice Lucas, creció en el desierto. Podemos decir que este es un niño que va a reproducir en su propia historia el drama, el camino, la peregrinación del pueblo de Dios. Podemos decir que este es un niño que, de alguna manera, ha sido formado particularmente por Dios, y si lo miras desde un punto de vista humano, es perfectamente comprensible que Juan el Bautista fuera educado prácticamente por Dios en el desierto, porque sus padres ancianos, muy pronto dejaron este mundo.
Es decir, si Juan resulta en el desierto, probablemente guiado por maestros de alguna de las tendencias del judaísmo de la época, pero en todo caso, no por sus padres, sino en condiciones de particular rudeza y dureza. Si Juan resulta en el desierto es, precisamente, porque ellos, los papás, eran bastante mayores, esa es la razón por la que Juan resulta en el desierto. Y Cristo acudirá después a ese desierto, pero ese desierto es muy importante, porque en ese desierto Juan va a aprender la absoluta libertad. Acuérdate, acuérdate que Juan solo dependía de Dios, para su alimento, estaba acostumbrado a consumir eso tan exiguo que se consigue en el desierto, se habla de langostas y miel silvestre, para vestirse estaba acostumbrado a utilizar eso tan pobre que puede dar el desierto una piel de camello. Y en esa radical pobreza Juan es extraordinariamente libre, porque entonces depende solo de Dios.
Y así lo necesitaba Dios para que su palabra fuera libre de Pilatos, libre de Herodes, libre de los saduceos, libre de los fariseos, libre de los escribas. Por eso tenía que crecer en el desierto, por eso se necesitaba que los papas fueran tan mayores. Porque resulta que, si los papás hubieran estado en una edad juvenil, pues Isabel hubiera tenido a Juan en su casa, lo hubiera mimado, lo hubiera cuidado, como es natural en una mamá. Dios tenía un plan diferente para Juan y para ese plan diferente se necesitaban esos papás.
Oye, ¿cuántas veces Dios tiene planes maravillosos para nosotros? Pero como no tenemos toda la perspectiva, a veces nos rebelamos contra Dios. A la luz del nacimiento de Juan, descubrimos que eso es insensatez. Lo único razonable frente a Dios es decirle: Aunque no entiendo. Tú sabes mejor que yo. Y tú tienes mejores ideas que mis ideas.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|