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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
En la festividad de Juan Bautista digámosle al Señor que solo Él basta y que queremos eliminar de nuestros corazones todo obstáculo, para llevar una verdadera vida cristiana.
Homilía sjbn013a, predicada en 20150624, con 4 min. y 25 seg. 
Transcripción:
El 24 de junio nuestra Iglesia Católica celebra la solemnidad del nacimiento de Juan Bautista. Nos damos cuenta que hay 6 meses de diferencia entre el nacimiento de Juan y el nacimiento de Jesús. Litúrgicamente, celebramos el nacimiento de Cristo el 25 de diciembre y 6 meses antes celebramos el nacimiento de Juan. Esta cifra de meses corresponde a lo que nos dice el evangelista San Lucas en el capítulo primero. Recordemos que entre el anuncio del nacimiento de Juan y el anuncio del nacimiento de Jesús, precisamente pasan 6 meses. El pasaje tan hermoso, el pasaje sublime de la Anunciación a María Santísima, empieza precisamente con estas palabras: «Al sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado a una virgen desposada con un hombre llamado José». Al sexto mes, por eso hay también estos 6 meses de diferencia.
De Juan el Bautista hay tanto por aprender. Yo quiero apoyarme en una reflexión muy bella que Dios la inspiró a Santa Catalina de Siena sobre Juan Bautista. Y básicamente, la lección es ésta que Juan vivió lo que predicó. Nosotros recordamos a Juan, sobre todo por ese texto hermosísimo de Isaías que dice que los valles tienen que levantarse, las colinas tienen que abajarse. Es decir, que hay que quitar todo obstáculo, hay que despejar completamente el camino, porque Dios quiere hacerse presente en su pueblo, esa fue la predicación de Juan. Pero lo que le mostró de un modo muy bello por medio de una visión, lo que le demostró Dios a Santa Catalina de Siena, es que así era también el corazón de Juan. Es decir, lo que salía de su boca era exactamente lo que él tenía en el corazón. Dicho de otra manera, la voluntad persistente, la voluntad generosa de Juan quiso hacer de su propio corazón una calzada llana, un camino despejado, y por eso, Juan simplificó extraordinariamente su vida.
La vida de Juan está marcada por una pobreza radical, pobreza en el sentido de radical desprendimiento de todas las cosas de este mundo y radical desprendimiento de los poderes de este mundo, precisamente para mostrar que solo Dios basta. Y en ese desprendimiento, en ese continuo limpiar y limpiar y limpiar el corazón, ahí está la espiritualidad profunda de este gran penitente, este precursor, podríamos decir de los monjes del desierto. Juan el Bautista, es la imagen de un corazón que no quiere ponerle traba alguna a Dios, un corazón que no quiere dejarse decaer por la tristeza, por el desánimo, pero que tampoco quiere dejarse envanecer por la soberbia o por la vanidad. Y por eso, Juan el Bautista es verdadero modelo de vida cristiana.
Al contemplar los comienzos de la vida de Juan Bautista, somos también nosotros invitados a darle un nuevo comienzo a nuestra propia vida, según le mostraba Dios a Santa Catalina. Toda la vida de Juan fue así, como un continuo despejar el camino, así empezó él desde pequeño. Nosotros quizás hemos llevado una vida muy diferente, lo que él vivió con tanta virtud seguramente no ha sido nuestro caso, pero podemos aprovechar esta hermosa festividad, esta solemnidad del Bautista, para decirle al Señor: Hoy quiero empezar y quiero desde hoy eliminar todo obstáculo. Aparta, quita de mí lo que no sea para tu servicio, lo que no venga de ti, lo que no te agrade. Esa es la bendita radicalidad, esa es la fuerza, esa es la decisión y compromiso a que quiere llevarnos esta hermosa fiesta.

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