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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Dios nos conceda, por intercesión de Juan Bautista, tener la capacidad de percibir y reconocer a Cristo, y de gozarnos ante todo en él.
Homilía sjbn010a, predicada en 20120624, con 3 min. y 39 seg. 
Transcripción:
Supongo que cada uno de nosotros tiene sus santos preferidos y supongo también que en la vida de cada santo hay escenas, características o rasgos con los que conectamos más fácilmente o que simplemente nos gustan más. Por ejemplo, en la vida de San Martín de Porres, esa manera de cuidar de los animales y de poner a comer en un mismo plato a un perrito, un gato y un ratón, según cuentan algunas biografías, este puede ser un detalle aparentemente sencillo, pero algo que queda grabado en la mente de mucha gente, un detalle que muestra mucho sobre el corazón de este santo y su manera de obrar.
Hoy estamos recordando a San Juan Bautista. Tanto que destacar de Juan Bautista y yo voy a comentar lo que, desde hace un tiempo, más fascina mi corazón, lo que realmente me llega más al alma. En la escena de la Visitación vemos cómo se encuentran dos parientes, Isabel y María, ambas embarazadas. Isabel lleva en su seno a Juan Bautista, que debía tener ya unos 6 meses de edad y María está embarazada de Jesús y, seguramente tiene unos días o unas pocas semanas de embarazo. Pero María lleva a Jesús y esto lo percibe Juan, es decir, desde esa tempranísima, tempranísima edad, desde antes de salir del seno materno, Juan ya tiene el radar puesto para el Mesías, ya tiene la sensibilidad única para descubrir a Jesús. Y no solo lo descubre, no solo lo percibe, sino que se goza, se alegra.
¿Cómo podrá expresar su gozo un feto, un bebé no nacido que no tiene ni siquiera el don de la palabra, que no puede aplaudir? Bueno, pues con lo que tiene expresa su gozo, salta, salta de gozo en el seno. Isabel siente esos saltos de regocijo y ello es lo que le declara quién es la que está ahí, a la puerta de su casa. Y por eso la expresión tan hermosa de Isabel: «¿De dónde a mí, que venga la madre de mi Señor? Porque en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, saltó de gozo la criatura en mi vientre».
Yo quiero pedirle a Dios, por intercesión de Juan Bautista, que nosotros, al igual que él, tengamos el radar bien puesto para descubrir a Jesús, para gozarnos en Jesús, para saltar de gozo ante la presencia del Hijo de Dios. Porque oye esto, cuando una persona ha encontrado su verdadera alegría en Jesucristo, es muy difícil que la engañen los falsos oropeles, las falsas alegrías de esta tierra. No, eso ya no tiene poder, cuando el gozo del cielo ha llegado y llega con Jesús, ya los gozos de esta tierra pasan a segundo, tercer y cuarto plano. Y esa es una verdadera fortaleza cuando se trata de cumplir la voluntad de Dios. Que el mismo Dios nos conceda esta gracia por intercesión de San Juan Bautista. Amén.

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