Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

De Juan Bautista el sacerdote aprende a ser alegre en Cristo, a solamente ser precursor de Cristo y a vivir en la gratitud.

Homilía sjbn006a, predicada en 20100624, con 12 min. y 43 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

Esta solemnidad de San Juan Bautista, de su nacimiento, se encuentra 6 meses antes de Navidad. Y la razón de esta fecha, entonces, depende de la Navidad. Es que en el Evangelio de Lucas se cuenta que vino el anuncio del ángel a Zacarías, esto que hemos oído. Y luego dice el evangelista: «Seis meses después el ángel fue enviado donde una virgen que se llamaba María». Entonces, eso demuestra que hay 6 meses de diferencia entre la concepción y, por consiguiente, 6 meses de diferencia también, entre el nacimiento de Juan y el nacimiento de Cristo. Como la Iglesia empezó a celebrar el nacimiento de Cristo en el solsticio de invierno, entonces lo normal es que se celebrara el nacimiento de Juan en el solsticio de verano, hablando del hemisferio norte.

¿Qué es el solsticio? Pues como la Tierra gira sobre sí misma, pero está un poco inclinada con respecto al plano que forma alrededor del sol, pues ahí surgen las estaciones en los países que están más al norte o más al sur, de eso saben más nuestros hermanos chilenos que nosotros. Entonces, quiere decir que los días van cambiando de duración, es algo que uno no aprecia en Colombia, pero que también sucede aquí. El día más largo del año es el solsticio de verano, es el día en el que el hemisferio norte queda totalmente mirando hacia el sol y ese día, en Colombia, es algo así como 30 o 35 minutos más largo que el día más corto.

El día más corto es cuando el hemisferio norte queda opuesto al sol y entonces, la diferencia es muy pequeña en Colombia. Pero, si uno se va a otros países la diferencia puede ser muy notable. Yo me acuerdo que fue de lo primero que me impactó, y me impactó negativamente, en el tiempo que tuve ocasión de estar en Irlanda. Irlanda, por supuesto, ya está bastante arriba y allá sí se nota mucho. Entonces, cuando llega el solsticio de invierno el sol se está ocultando a las 4:30 de la tarde. En cambio, cuando llega el solsticio de verano, el sol llega hasta, la claridad pues no directamente el sol, pero está hasta más arriba de las 11 de la noche, el contraste es muy grande.

Bueno, todo esto es para decir que los cristianos empezaron a celebrar el nacimiento de Cristo en el solsticio de invierno. Hay muchas razones para eso, y eso se sigue discutiendo, pero una teoría que es muy razonable es que fue el reemplazo de una fiesta que tenían los romanos, la fiesta del Sol Invicto, del Sol victorioso, el Sol victorioso es Jesucristo. Resulta que cuando uno pasa el solsticio de invierno, de ahí en adelante los días cada vez son más y más largos. Entonces, la sensación que se tiene es de victoria. La sensación que se tiene es que después de que llegue el solsticio de invierno hay más y más luz. Entonces, esa era una fiesta que tenían los romanos y los cristianos la adoptaron, pero refiriéndola al verdadero Sol, el sol que nace de lo alto, Jesucristo. Como la fiesta del nacimiento de Cristo, quedó ahí. Entonces, por eso quedó esta fiesta, dónde quedó, la fiesta del nacimiento de Juan Bautista. Además, viene muy bien, porque resulta que esta fiesta queda entonces, en el día más largo del año, todo esto refiriéndonos al hemisferio norte.

Y Juan el Bautista dijo en alguna ocasión que era conveniente que Cristo creciera y que él disminuyera. Entonces, quiere decir que a partir del solsticio de verano los días se van volviendo cada vez más cortos, como recordando la humildad de Juan Bautista que cada vez disminuye para que Cristo aumente, es una simbología muy hermosa. Debido al cambio que tiene, cambios que tiene el eje de rotación de la tierra, pues las fechas ya no coinciden completamente. Entonces, el solsticio de invierno en realidad cae el 21 de diciembre y el de verano lo acabamos de tener el 21 de junio. Entonces, ya no coincide completamente, pero por eso seguimos celebrando el 24 de junio a Juan el Bautista.

Y ¿qué podemos aprender nosotros religiosos de Juan el Bautista? Tres cosas podemos aprender entre muchas. Primero, Juan el Bautista es el hombre que tiene toda su alegría puesta en Cristo. Yo digo que ese es un religioso, ese es un religioso perfecto, el que tiene toda su alegría y sola su alegría en Jesús, esa es la perfección de la vida religiosa. El Derecho canónico nos dice que la vida religiosa surge de un amor supremo, de un amor sumo a Dios, del sumo amor a Dios, y eso significa el amor más alto. Y eso fue Juan Bautista, Juan Bautista solo tuvo alegría cuando encontró a Cristo y solo tuvo alegría en entregarle sus discípulos a Cristo. Fíjese que Juan lo único que tuvo fueron discípulos. Él no tuvo esposa, no tuvo hogar, no tuvo casa, no tuvo ningún negocio, no escribió nada. Lo único que tuvo Juan fueron discípulos y por Cristo perdió a sus propios discípulos. Parece que cuando algunos estaban dudosos de si dejarlo o no, los envió allá donde Cristo, para que preguntaran si ese era el Mesías y estos ya se quedaron con Jesús.

Entonces, Juan es la imagen de aquel que está profundamente enamorado de Jesús, de aquel que lo pierde todo por Jesús, de aquel que tiene toda su alegría en que Jesús se luzca, en que Jesús crezca, en que Jesús llene todo. Y éste es el tipo de amor que hace perfecta la vida religiosa. Fíjate que los tres votos los podemos relacionar inmediatamente con esa actitud de Juan Bautista. La pobreza, por supuesto, no tengo nada porque todo lo he entregado al Señor. La castidad, porque mi pensamiento, mi amor y mi alegría están en Él. Mi obediencia, porque mi voluntad no consiste sino en buscar su gloria. Es muy fácil, entre comillas, vivir los votos religiosos si uno de veras mira un ejemplo como este de Juan el Bautista.

En segundo lugar, Juan el Bautista es el precursor, el que iba abriendo el camino, el que iba preparando a la gente para Jesús. Y a mí me parece que eso es muy bueno recordarlo nosotros como religiosos, quizás se aplica, incluso más al caso del sacerdote, porque nosotros somos simplemente precursores, nosotros no podemos reemplazar a Cristo, nosotros abrimos algo el camino. Una buena predicación no es la solución de la vida de la gente, pero una buena predicación sí que ayuda a que se abra el corazón para que llegue, para que llegue el Señor, para que haga su obra, para que sane a las personas, para que las consuele, para que las levante. Entonces, uno puede mirarse perfectamente como religioso, como sacerdote, como dominico, uno puede mirarse perfectamente como precursor. Y nosotros somos siempre precursores, porque el esperado, el que tenía que venir, no es ninguno de nosotros, el que tenía que venir es únicamente el Mesías, Jesús.

Entonces, todo nuestro apostolado tiene esa dirección. Si usted está, por ejemplo, en una Pascua juvenil, toda la Pascua juvenil es para que los muchachos, en algún momento, sientan total admiración, sientan fascinación, sientan la exuberancia de la hermosura de Cristo y quedan fascinados por Él. Que eso se hace con danzas, con juegos, con cantos, con aplausos o se hace con incienso, con reclinatorios, con latín. No importa tanto lo que se utilice, ya habrá que buscar cuál es el método mejor. A algunas personas el latín les impresiona mucho y el incienso y las capillas recogidas en penumbra y gente que es feliz con eso. Otros son felices manoteando en todos los encuentros carismáticos donde vas a ir: ¡Aleluya! ¡Aleluya! Y la gente manotea. Pero nosotros no tenemos que darle mucha importancia a si es capilla en penumbra o si es aplauso en coliseo. Lo que interesa, finalmente es que al final, al final, la gente quede fascinada por Jesús, se entregue de corazón y con perseverancia a Jesús, que pertenezcan a Él. Todo lo demás es preparatorio, todo lo demás es preparativo únicamente para Jesús.

Entonces, un buen religioso, un buen sacerdote, no se casa demasiado con nada. El ideal es que uno sepa varios idiomas y sepa latín y sepa griego, y pueda manejar el lenguaje de los catecúmenos, porque por ahí andan por todas partes y se meten a todas partes. Hay que manejar el lenguaje de los catecúmenos, el lenguaje del Opus Dei, el lenguaje de los carismáticos, uno tiene que manejar cuanto lenguaje hay, pero uno no se casa con nadie porque uno ya está casado con Jesucristo. Uno no se casa con nadie, uno utiliza todo lo que pueda utilizar, como lo pueda utilizar, pero con una meta, con una obsesión, que un día llegue la hora de Jesucristo para la gente.

En tercer lugar, Juan el Bautista fue elegido desde el vientre de su mamá. Y esto a mí me parece que motiva un agradecimiento absoluto en el corazón del Bautista. Saber si uno elegido, saberse uno elegido es algo maravilloso, porque Jesús dice eso: «No fue que ustedes me eligieron, yo los elegí a ustedes». Pero en el caso de Juan es un agradecimiento aún mayor, porque es pensar desde antes de que yo pudiera darme cuenta, ya Dios se fijaba en mí, me amaba, tenía planes de misericordia y de salvación para mí y a través de mí, y eso es maravilloso. Entonces, eso para el caso de Juan, pero luego cada uno lo tiene que relacionar consigo mismo. Cuando a uno le preguntan cuándo empezó su vocación, uno normalmente dice mentiras, o mejor dicho, no mentiras, sino uno dice lo que puede decir. Uno dice: No, pues yo me acuerdo cuando yo estaba allá en Garagoa y entonces de allá de Garagoa me trajeron, ¿para dónde fue que me trajeron? para Bogotá me trajeron y allá conocí. Y uno dice que ahí empezó la vocación, pero eso es lo que uno se acuerda, pero la vocación de uno seguramente empezó mucho antes.

¿Desde cuándo te está mirando el Señor con su misericordia, con su amor? Seguramente desde antes, desde toda la vida. Entonces, eso es mucho tiempo. Y si uno tiene así una edad avanzada, como aquí mi amigo, pues más tiempo todavía, es un tiempo, es un tiempo muy prolongado. No, yo apunté bien, no venga ahí a confundir, Narciso. Entonces, todo eso es un tiempo y eso es ¿para qué? Para que nosotros vivamos en la gratitud. Dios me amó desde siempre, desde mucho antes de que yo me diera cuenta. Uno siempre cuenta la historia desde que uno percibió el amor de Dios, pero el amor de Dios existió desde mucho antes.

Yo les invito, hermanos, a esos tres ejemplos, a esos tres puntos de reflexión que nos da Juan el Bautista. Tener nuestra alegría en Jesucristo. Saber que somos solamente precursores de Él y que todo lo demás es relativo a que este Señor Jesús sea conocido y sea amado, y que la gente se entregue a Él de todo corazón, sin absolutizar métodos, los métodos a nosotros no, no pueden convertirse en ídolos. Y, en tercer lugar, a que vivamos en la gratitud, porque el que vive en la gratitud vive en la gracia. El que vive agradecido más fácilmente vive predicando y manifestando la gracia, que es algo tan supremamente nuestro en la Orden de Predicadores.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM