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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

En el nacimiento de Juan Bautista Dios vuelve a hablar a su pueblo.

Homilía sjbn001a, predicada en 19970624, con 3 min. y 20 seg.

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Transcripción:

Celebramos el nacimiento de Juan Bautista. En realidad, cuando la Iglesia celebra los santos, llama día, natalicio o día de su nacimiento, aquel en el que nacen para la gloria del cielo, y por eso en los demás santos se celebra es el día de su partida de esta tierra, no el día en el que nacen para esta tierra. Algo de singular debe tener este nacimiento, para que sea también una excepción en las celebraciones de la liturgia de la Iglesia.

Y así es, efectivamente, porque este nacimiento es un regalo no solo para Zacarías y para Isabel, una pareja que era estéril, sino es un regalo que sana el oprobio de la esterilidad de Israel. Isabel recibe la felicitación de los vecinos y parientes porque el Señor le ha hecho una gran misericordia. Pero esa felicitación no era solo para Isabel, era una felicitación para todo el pueblo, porque como nos cuentan los libros de los Macabeos, hacía ya mucho tiempo que no había profetas, hacía mucho tiempo que no se escuchaba la voz del Señor. Dios había callado y ahora, por boca de Zacarías y por boca ya de los gemidos, de los llantos, de las risas de este bebé, Dios vuelve a hablar a su pueblo. Este Juan Bautista, que es la voz, como dice San Agustín, la voz que preparaba camino a la Palabra que es Cristo, este Juan Bautista rompe el silencio de Dios, este Juan Bautista muestra ya la piedad del Señor que vuelve el Espíritu de profecía a su pueblo. Y por eso, la llegada de Juan Bautista es anuncio y anuncio cercano de la llegada de Jesucristo.

Lo que celebramos entonces, es la cercanía de Cristo, el cumplimiento de las promesas de Dios y el haberse borrado el oprobio de Israel. Y por eso, con cánticos, meditando la Palabra de Dios y ofreciendo la Eucaristía, bendecimos al Señor porque ha cumplido sus promesas. Bendecimos al Señor porque aún en medio de la esterilidad y de esa esterilidad vergonzosa como era la de Isabel, él puede presentar las obras de su brazo, realizar lo que parecía imposible, en favor de su pueblo y para gloria suya. Bendito sea este día y que Dios sane también nuestras esterilidades aquello que parece perdido dentro de nuestra vida, para que su promesa se cumpla y para que su gloria crezca.

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