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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Los Santos inocentes ofrendaron su vida martirizados, Jesucristo la entregó en la cruz y nosotros ¿Dónde y cómo estamos entregando la vida?

Homilía sino033a, predicada en 20241228, con 8 min. y 31 seg.

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Transcripción:

Hay varias lecciones que podemos aprovechar en este Veintiocho de Diciembre, fiesta de los Santos Inocentes Mártires. Básicamente, lo que está recordando la Palabra de Dios es un acto de miedo y de crueldad, que realiza el rey Herodes, cuando él recibe noticia por parte de aquellos sabios o magos de Oriente, él recibe noticia de que ha nacido el Mesías. Pues obviamente se ve en situación de peligro, porque como él era un impostor, él estaba realmente ejerciendo un oficio de rey que no le correspondía. Entonces, al aparecer el verdadero rey, al aparecer el que sí es Mesías, el que sí es ungido, pues quedaba claro que él era un impostor y que suerte le podía esperar a él. Entonces, hay un momento en el que Herodes hace cuentas y dice aquí se trata de ese niño o yo. Y opta por destruir a ese niño. Como no tiene manera de identificarlo, salvo la noticia que le dieron aquellos sabios de Oriente, entonces procede a matar a los niños de dos años para abajo en la región de Belén.

Bueno, esa es la historia y de aquí tomamos varias enseñanzas. Básicamente tres vamos a tener hoy. Primera, darnos cuenta cómo el miedo va unido a la crueldad. Herodes está aterrorizado. Aterrorizado porque su mentira va a quedar a la vista, aterrorizado porque él va a ser juzgado por su crimen. Aterrorizado porque la impostura en la que ha vivido, pues se va a terminar. Y cuando termine lo que le espera a él es algo terrible. Entonces, Herodes está asustado. Y así, muerto de miedo, Herodes asustado es Herodes que se vuelve cruel. El miedo nos vuelve crueles. Esa es la primera enseñanza. El miedo nos vuelve crueles.

El miedo nos vuelve crueles, porque el miedo agranda los peligros. Y si yo veo que una persona es un peligro, entonces mi miedo, como si fuera una lente de aumento, hace que yo vea esa persona mucho más amenazante, mucho más riesgosa para mi vida y por consiguiente me voy con máxima fuerza a destruir a esa persona. Pero yo estoy destruyendo en realidad un fantasma que ha sido creado por mi miedo. Mi miedo ha creado ese fantasma. Mi miedo ha creado esa imagen agrandada, inflamada, que yo trato de destruir. Y para destruir a ese gigante que solo existe en mi mente, utilizó un nivel de fuerza, un nivel de violencia. Por eso hay crueldad. El miedo conduce a la crueldad y esto sucede en las parejas, por ejemplo, a través de los celos. Esto sucede en los tiranos. Fíjate la manera como obran los dictadores, como obran los déspotas. Esto sucede, por ejemplo, en las familias, cuando a veces llegan situaciones económicas muy complejas. El miedo produce crueldad.

Segundo, démonos cuenta cómo los tiranos tienen siempre por enemigos a los niños. Y esto puede parecer un poco absurdo porque uno dice bueno, pero es que los niños poco es lo que pueden, porque tienen poco conocimiento, porque tienen poco entrenamiento, porque tienen pocas fuerzas. Pero es que los niños son dueños del futuro. Y realmente a ese futuro es al que le tienen terror los déspotas. Por eso el deseo de controlar la población, como le sucede al faraón en Egipto. Faraón se da cuenta que está creciendo la población y se da cuenta que esa población de hebreos es un peligro, porque cuando vengan a atacarnos, siempre el déspota está con miedo. Esto se une a lo anterior. Entonces, cuando vengan a atacarnos estos hebreos se van a aliar con los enemigos y nos van a aplastar. Entonces, hay que achicarlos, hay que disminuir a los hebreos, hay que suspender los nacimientos, hay que eliminar a los niños.

Sigue sucediendo en nuestra época, aquella persona que aborta y precisamente aborta por miedo, básicamente. No, esto me va a acabar la vida, esto me va a acabar mi carrera. Yo no estoy lista para ser mamá. Me encontré hace poco un cartelito, ahora los llaman memes. Un meme, en una de mis redes sociales, apareció un meme muy bueno, donde hablan dos amigas y la una le dice a la otra, es que yo no estoy lista para ser mamá. Y la otra le responde ¿y si estás lista para ser asesina? Entonces, fíjate cómo el tirano siempre se irá contra los niños. Y por eso, pues hay que defender a las tortugas, hay que defender a las focas, hay que defender a las abejas. Pero los niños, abortarlos. El volumen de abortos en un país como Estados Unidos es una cosa demencial. Las estadísticas de dos mil veintitrés dicen que fue abortado un bebé más o menos cada treinta segundos. Cada medio minuto muere un bebé en Estados Unidos, casi todos por esa industria, esa fábrica de ganancia de dinero, que se llama Planned Parenthood. Entonces, más de un millón de muertos es la principal causa de muerte. La principal causa de muerte no son los ataques cardíacos. La principal causa de muerte no son los accidentes de tránsito ni los suicidios. La principal causa de muerte es la eliminación de estas vidas inocentes. Porque son un peligro, porque hay que disminuir la población, porque hay que acabar el futuro, hay que acabar el futuro para creer que somos dueños del presente. Parece ser el razonamiento de los déspotas.

Y el tercer punto que quiero destacar, es algo que hay que recordar, y es que eso aparece en la primera lectura de hoy, tomada de la primera carta de Juan. Hermanos, no se nos olvide, que Cristo quedó libre del tirano, quedó libre de este Herodes. Pero esa libertad de Cristo, en realidad lo único que significaba, era que su muerte sucediera dentro del plan del Padre. Es decir, Cristo finalmente sí derramó su sangre. No se debe pensar que la muerte de estos inocentes constituyó una protección definitiva para Cristo, no. Lo que hizo Cristo, lo que hizo el plan de Dios Padre con Cristo, fue aplazar el momento del derramamiento de su sangre, aplazar ese momento. Eso fue lo que hizo. Y por eso, tenemos que pedirle a Dios, que también nuestras vidas tengan el sentido de una ofrenda. Te lo voy a decir de otra manera. Cristo no estaba escapando de la muerte. Cristo estaba preparando la hora de su derramamiento de sangre, la hora de su muerte según el querer del Padre. ¿Cuál es mi ofrenda? ¿Dónde estoy entregando mi vida? Los Santos Inocentes la entregaron de esa manera. Cristo la entregó en la cruz. ¿Tú y yo, dónde estamos entregando la vida?

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