Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Hay una elección fundamental: ¿Cristo o yo? Mi pecado es el resultado de decidir dejar a Cristo para después.

Homilía sino032a, predicada en 20231228, con 5 min. y 24 seg.

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Transcripción:

El Veintiocho de Diciembre recordamos a los Santos Inocentes mártires. El Evangelio de San Mateo, nos ha recordado que fue lo que sucedió. La angustia de Herodes le lleva a tomar medidas absolutamente extremas, brutales y crueles. ¿Por qué Herodes estaba tan preocupado? porque Herodes sabía que su vida estaba montada sobre una mentira. Su vida era una mentira. Él no era rey. Él ocupaba el puesto de rey, pero él no era rey. Estaba bien claro en las Escrituras, que el legítimo rey tenía que ser sucesor de David, y no había manera de conectar a Herodes con la descendencia de David. O sea, que él era un tramposo. Él era un mentiroso. Él era un impostor. Y si aparecía el verdadero rey. Si aparecía el rey de los judíos, quedaría claro que él, Herodes, era un impostor. Y por supuesto que si la gente proclamaba y celebraba al Mesías y celebraba al rey, al rey verdadero, pues, que había que hacer dentro de esa lógica con el rey falso, con el rey impostor. ¿Qué crees tú que había que hacer? Evidentemente había que acabar con él, había que eliminarlo. O sea, que finalmente para Herodes, por lo menos desde su punto de vista, para Herodes la cosa está clara. O el rey verdadero o yo. Si sobrevive el rey verdadero, queda clara mi mentira. Y si queda clara mi mentira, lo que me espera, en el mejor de los casos, es prisión y tortura. Pero probablemente lo que me espera es la muerte. O sea, que es o Cristo o yo.

Y es muy interesante hacer este análisis porque casi siempre cuando pensamos en quién era Herodes, llegamos a la conclusión de que era un monstruo. Y tal vez, lo podemos comparar con personas que han sido absolutamente crueles, grandes tiranos, terribles déspotas. Sí, qué fácil es hacer esa comparación. Muy fácil. Pero, si lo pensamos un poco mejor, tomemos esa frase o el Mesías o yo, tomemos esa frase, la repito, o Cristo o yo y pensemos en nuestros pecados. Dejemos por un momento quieto a Herodes, pensemos por un momento en nuestros pecados. Y yo creo que nos vamos a dar cuenta, que nuestros pecados son exactamente el resultado de lo mismo que le pasó a Herodes. Herodes llega a la conclusión de que es o Cristo o él. Pues cuando yo he pecado, cualquiera que sea mi pecado o el tuyo. ¿Qué son nuestros pecados? Nuestros pecados son el resultado de una elección. Cristo dice tal cosa, pero yo quiero esta otra. Entonces, o Cristo o yo, pues me quedo con lo mío. Yo haré lo mío. Yo sigo mi camino, yo sigo mi preferencia. Yo sigo mi opción y Cristo que espere. Cristo no importa. Cristo para después. Ese es Herodes. Si habrá o no habrá un Mesías, después. Por ahora, yo, yo, mi yo. Por ahora, yo, primero yo.

Qué fácil es mirar a Herodes y decir aberrante ese tipo, es un monstruo ese tipo. Pero en el fondo, el pecado de Herodes, se parece mucho a mis pecados y a los tuyos. El pecado de Herodes es que cuando él se vio frente a la elección, o el Mesías o yo, o Cristo o yo, optó por él, optó por él mismo, dejó de lado a Cristo. Y eso es lo que nosotros también hacemos. Así que, no cabe duda de que es espantoso lo de Herodes. Pero ¿son bonitos acaso nuestros pecados? Te dejo esa pregunta.

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