Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Estamos en deuda con los santos inocentes porque por su sacrificio luego Jesucristo derramó también su sangre para que tú y yo fuéramos salvos.

Homilía sino030a, predicada en 20221228, con 7 min. y 0 seg.

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Transcripción:

El Veintiocho de Diciembre, nuestra Iglesia Católica recuerda a los Santos Inocentes Mártires. Los llamamos inocentes ¿Por qué? Pues empecemos por ahí. Empecemos por recordar qué significa la palabra inocencia. Es una palabra que viene del latín, literalmente lo que significa es el que no conoce, algo así como el que no ha tenido el tiempo o la oportunidad de conocer. Pero en concreto significa el que no conoce el sabor del mal, el que no conoce la herida del mal. Nosotros, por ejemplo, este servidor que les habla, somos pecadores. Yo soy un pecador y tristemente tengo que reconocer que yo he conocido el mal. Lo digo con vergüenza. Pero esa es la realidad. Cuando uno ha pecado, uno conoce el daño que causa el mal. El mal sabor que tiene el mal, las cadenas que trae el mal.

¿Qué es la inocencia? La inocencia es la característica de aquellas vidas que por fuerza de su voluntad revestida de la gracia o porque murieron muy temprano, como el caso de los santos de hoy, no conocieron el mal. Eso es lo que significa ser inocente. La Iglesia ha conocido muchos santos inocentes, no solo los de hoy. Hay varios santos y sobre todo, santas. Bendita sea la feminidad. Hay varias santas de las que se ha dicho eso precisamente. Las personas que las trataron, las personas que las conocieron hablan de gente que fue como inocente. Así, por ejemplo, yo voy a recordar aquí dos santas de familia, una es Inés de Montepulciano y otra es Catalina de Siena. Inés, tiene ese nombre derivado del latín que significa cordero o corderita, por su inocencia. Y de Catalina, mi querida amiga de Siena, lo dicen los sacerdotes que la trataron, tenemos la certeza de que jamás cometió un pecado mortal. O sea, hay gente así, es increíble. Por supuesto, la inocente entre todos los inocentes es María Santísima y por eso en ella se refleja perfecta, perfectamente la gloria de Dios. Esa es la Santísima Virgen. Y el Cordero, el Cordero Inmaculado, Agnus Dei, qui tollis peccata mundi. Pues es Jesucristo, Él es el inocente. Y por eso también dice la Sagrada Escritura que Él es el Cordero degollado. Así lo presenta el libro del Apocalipsis, como el Cordero degollado.

Pero estos inocentes a los que recordamos hoy son los inocentes mártires. La palabra mártir, lo hemos comentado otras veces, viene del griego y quiere decir el testigo. Y se preguntan varios santos, pero ¿cómo puede ser testigo de Cristo uno que ni siquiera pensaba? O sea, no tenía uso de razón, quiero decir, que ni siquiera podía hablar. Pues es que hay maneras de dar testimonio. Cuando uno predica, que Dios me ayude a predicar bien, cuando uno predica, uno está dando testimonio. Cuando una persona en un retiro espiritual predica, pues está dando un testimonio, es un testimonio de Cristo. Pero ¿y qué me dices del testimonio de las obras? ¿Qué me dices de aquellas personas que con lo que hacen, mucho más que con lo que dicen, muestran que son de Cristo? ¿Y si ese testimonio llega hasta la sangre?

Ahora bien, por qué los celebramos como mártires de Cristo. Ellos fueron perseguidos por Herodes. Herodes era un rey impostor. Por favor, grábate eso en el corazón. Herodes era un rey impostor. Herodes como impostor. A ver, paremos. ¿Por qué se sabe que Herodes era un rey impostor? Pues porque claramente dice la Escritura, en el Capítulo Séptimo del segundo libro de Samuel, que el rey tenía que ser, el rey en Jerusalén tenía que ser un descendiente de David. Eso es lo que está en el Antiguo Testamento. Y Herodes no tenía nada que ver con los descendientes de David. O sea, Herodes no era rey, pero ocupaba el trono. Él era un impostor. Entonces, ¿qué pasaba si aparecía el Mesías? ¿Qué crees tú que le iba a pasar a Herodes? Por eso una manera de describir, yo diría una manera bastante dramática, de describir lo que pasa en esta fiesta de los Santos Inocentes es que Herodes hizo rápidamente sus cuentas. Y Herodes dijo o Él o yo. Y por eso quiere acabar como sea, pisoteando sangre inocente quiere acabar, como sea con el Mesías.

Cuando murieron todos esos niños, Herodes detuvo la persecución. Eso salvó a Cristo. La sangre de esos niños es una cortina. Esto es conmovedor. Una cortina roja. Y detrás de esa cortina, Cristo, el Mesías se salvó. O sea, que ellos fueron salvadores del Salvador. ¿A qué precio? Al precio de su sangre. Eso es lo que estamos recordando hoy. Nosotros estamos en deuda. Nosotros estamos en deuda con ellos. Porque gracias a su sacrificio, luego Cristo derramaría su sangre. Ellos dieron su sangre por Cristo, y Cristo dio su sangre por todos. Gracias a ellos, Cristo pudo después dar su sangre, para que tú y yo fuéramos salvos. Por eso hay que tener gran amor a los Santos Inocentes Mártires y gran gratitud. Y entre las muchas faltas y defectos que tiene mi vida, yo tengo que acusarme aquí, que yo muy poco los he invocado. Hay que invocar, son santos, hay que invocarlos a ellos. Sobre todo ¿sabes para qué? para que nos ayuden a limpiar nuestra vida. Ellos murieron inocentes. La inmensa mayoría de nosotros no somos inocentes. Tenemos que pedirles a ellos que nos ayuden a limpiar nuestra vida para que llevemos una vida pura, una vida limpia, una vida luminosa como se merece Cristo, nuestro Dios y Señor.

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