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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La historia de la humanidad ha girado entre dos poderes: los que reconocen al único poderoso que es Dios y los que no se inclinan ante el Señor impidiendo que Él reine.
Homilía sino028a, predicada en 20211228, con 6 min. y 25 seg. 
Transcripción:
El Veintiocho de Diciembre, nuestra Iglesia recuerda a los Santos Mártires Inocentes. Nos referimos, por supuesto, a aquella escena que nos describe el evangelista Mateo y que está llena de tragedia, pero también de gloria. ¿De qué se trata? Herodes, que hacía el papel de rey. Mira, cómo mido las palabras. Hacía el papel de rey, porque él era un impostor. Se entera por unos visitantes que vienen de lejos. Se entera de que ha nacido el Mesías. Esta es una noticia trágica para él, trágica. Porque él era un impostor.
Hay una promesa muy, muy importante en la Biblia que está en el segundo libro de Samuel, en el Capítulo Siete. En esa promesa se nos cuenta que el rey, el que debe reinar ha de ser descendiente de David. Esa profecía la hizo el profeta Natán y se la hizo al mismo rey David. No se apartará el cetro de David. Profecía que va en continuidad con otro mensaje profético que siglos atrás había dado Jacob, el hijo de Isaac, el hijo de Abraham. Es decir, desde las raíces mismas del pueblo de Dios, había una profecía que se dirigía a Judá. Esas lecturas las escuchamos en el Adviento. Cómo Dios, a través de Jacob, le promete a Judá no se apartará el cetro de ti. Y luego, siglos después, Natán le dice a David, no se apartará el cetro de tu descendencia. Fíjate que eso es como llaman en fotografía, zoom in. Es decir, ahí se está poco a poco precisando de dónde viene el Mesías, el Salvador.
Y resulta que Herodes no tenía nada que ver con la familia de David. Resulta que Herodes hacía el papel de rey, pero él no merecía ser rey. Él estaba ahí por su codicia. Él estaba ahí por su astucia. Él estaba ahí porque, impulsando la obra de la reconstrucción del templo. En cierto sentido, sobornó emocionalmente, sobornó afectivamente al pueblo de Dios. Porque el pueblo estaba terriblemente herido con el hecho de que no había templo. Entonces, Herodes, construyendo el templo, se ganó el corazón de la gente. Eso es lo que se llama un soborno afectivo. Bueno, pues Herodes tenía ese soborno. Herodes, tenía maneras de defender su poder. Pero Herodes no tenía cartas para realmente ser rey.
Entonces, cuando llega la noticia de que ha nacido el Mesías, es decir, de que va a aparecer el verdadero rey. Herodes, se da cuenta de que toda su mentira, porque su vida estaba montada sobre una mentira, va a caer y por eso toma esa acción extrema de tratar por todos los medios, de asegurarse que muere, que ese niño muere porque o es Él o soy yo. Eso es lo que explica la actitud brutal. Es la actitud desesperada de un impostor. Esa es la matanza de los inocentes.
Pero ahora viene un punto con el que desearía concluir. Los que visitaron al Niño Dios eran unos sabios de Oriente, se nos dice. Y la tradición muy pronto los identifica con unos reyes. Es decir, eran gente que tenía poder, que tenía sabiduría, que tenía autoridad. Quedémonos con la terminología usual, unos reyes. Estos son reyes que se abajan frente al Mesías. Herodes es el rey que se mantiene altivo frente al Mesías. Herodes no se abaja. Aquellos reyes de Oriente sí se abajan. Reyes que se inclinan, reyes que no se inclinan. Esa es la historia. Esa es la historia de la humanidad. Poderes que reconocen al único poderoso que es Dios y poderes que no se inclinan ante Dios. Lo que está pasando hoy en la Unión Europea y en tantas otras partes, no se inclinan ante Dios. No queremos saber de la ley de Dios. No queremos saber de Feliz Navidad. No queremos saber de Cristo. No queremos ver la cruz. Poderes y reyes que no se inclinan, que no se abajan ante Dios y unos cuantos poderes que sí reconocen a Dios.
Con todas las limitaciones, con todos los errores, con todos los desmanes que tuvo aquella época. Si hay algo que caracteriza lo que se llama usualmente cristiandad, es eso, es la claridad que tenían tantos reyes de que yo ante Dios me inclino. Y ya sabes, el que no se inclina ante Dios quiere matarlo. El que no se inclina ante Dios quiere matarlo. Eso fue lo que intentó Herodes. Pidamos al Señor perdón por tantos abusos de poder en nuestra época y por tantos que creen que la manera de reinar ellos, es tratando de impedir que Dios reine. Amén.

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