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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Cuidado si estas entrando en alguna cadena de pecado porque lo que parece pequeño si le dejas tomar fuerza puede llegar a arruinar toda tu vida.
Homilía sino025a, predicada en 20191228, con 6 min. y 24 seg. 
Transcripción:
El Veintiocho de Diciembre nuestra Iglesia, recuerda a los Santos niños inocentes, a los Santos Inocentes Mártires. Esta es una ocasión preciosa para recordar cosas que hemos mencionado en otras oportunidades. Es una ocasión para dolernos, contra toda forma de abuso, en contra de los niños. Muy particularmente dolernos de los abusos que han sucedido y que implican a personas de la Iglesia Católica. También en otras oportunidades, hemos mencionado, como esta fiesta nos invita a reflexionar sobre los nuevos Herodes. Los que hoy eliminan niños, especialmente en el crimen del aborto. Y hemos denunciado por su nombre, empresas privadas como Planned Parenthood, que producen dinero; acabando con fetos humanos, acabando con seres humanos inocentes en una cantidad que es absolutamente demencial. Estas denuncias, siguen conservando todo su valor.
Pero en este año quisiera ofrecer una pequeña reflexión diferente. Quisiera referirme a cómo en la historia triste de Herodes, podemos ver la manera como unos pecados van llevando a otros y a otros. ¿Por qué resulta una persona, mandando un grupo de soldados para que asesinen bebés? Esa es una pregunta válida. ¿Estamos ante un psicópata, que simplemente se goza viendo chorrear sangre humana? No, hubo una cadena de pecados. Y es muy bueno hablar de esto, de las cadenas de pecados. Porque cuando uno empieza a descubrir estas secuencias, uno mismo tiene que espabilarse y decir cuidado, estoy entrando yo en una de esas cadenas.
Por ejemplo, en el caso de Herodes, te va a sorprender esto. En el caso de Herodes todo empieza con una mentira y parece mucho más leve admitir una mentira en la vida que llegar a asesinar unos bebés. Pero hay una secuencia perfectamente lógica que va llevando de una cosa a la otra. Resulta que Herodes no tenía. Óyeme lo que te digo. Herodes no tenía ningún derecho a proclamarse rey. Esa fue la gran mentira de su vida. Él se proclamó rey ¿por qué? ¿Por qué se proclamó rey? Pues seguramente por otros pecados, como son ambición y codicia. Él no pertenecía a la descendencia de David. No hay ninguna genealogía que pudiera vincular a Herodes con la descendencia de David. De manera que él no tenía ningún derecho a ser llamado o considerado rey de los judíos. Porque estaba claro, en el segundo libro de Samuel, Capítulo Siete, que tenía que ser de la descendencia de David el rey. Él no era ningún rey. Entonces, era un impostor, un mentiroso. Su vida entera era una mentira, pero una mentira que fue envolviendo todos los aspectos de su vida.
¿Por qué él se esforzó tanto en la construcción del templo de Jerusalén? ¿Por qué él llevó hacia Jerusalén todos los recursos que pudo? Muchos de ellos seguramente al precio de explotar personas pobres. ¿Por qué él hizo esa construcción del templo de Jerusalén? Porque era su manera de sobornar la emocionalidad del pueblo. Algo así como los emperadores romanos, acostumbraban en tiempos de crisis, ofrecer juegos espectaculares. Muchos de sus juegos en el Coliseo, incluyendo víctimas y todas esas cosas. Entonces, date cuenta, la construcción del templo de Jerusalén, debida en buena parte a este Herodes, Herodes llamado el Grande. Eso no fue un acto de devoción. Eso no fue amor a Dios ni amor al pueblo judío. Esa fue una especie de soborno. Un soborno afectivo, emocional. Demagogia. Y una vez que este hombre está montado en su mentira y que se ha metido en el proyecto del templo y que ha podido darse gusto y darle gusto a su ambición, a su codicia, seguramente a su sensualidad. Los Herodes tenían fama de ser gente cruel, lujuriosa y supersticiosa. Después de que él se ha metido en esa especie de tren desbocado del poder, le llega la noticia que ha nacido el Mesías. Como dicen mis amigos mexicanos, el mero mero, el verdadero. Entonces, se te acaba tu mentira y entonces, se te acaba tu estilo de vida y entonces, se va a dar cuenta todo el mundo que era mentira lo del templo y seguramente te van a ajusticiar a ti. Fíjate hasta dónde lo llevó la mentira.
Es ahí donde él, en un acto de desesperación y absoluta crueldad, dice pues que se muera, que se muera, que se acabe. Y para asegurarse de que mata al Mesías, produce esta matanza de los inocentes. ¿Qué es lo que hemos querido destacar? Que un pecado lleva a otro, y a otro y a otro. Y que lo que a veces parece pequeño al principio, si le dejas tomar fuerza, puedes llegar a arruinar toda tu vida. Un mensaje sobrio. Una advertencia dura, pero muy necesaria también en Navidad.

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