Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Hay una cadena, la de Herodes, que lleva de las mentiras a la fragilidad, de ahí al miedo, y finalmente a la violencia: contra los demás o contra uno mismo.

Homilía sino024a, predicada en 20181228, con 14 min. y 58 seg.

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Transcripción:

Mis hermanos, hay dos sentimientos o emociones que la Biblia nos describe con respecto a Herodes. Primero el miedo y luego la rabia. ¿Cuando sintió miedo? cuando llegaron aquellos personajes de Oriente, los magos, los sabios, los que llamamos Reyes Magos. Cuando llegaron esos personajes de Oriente y le dijeron hemos visto salir la estrella del Mesías y venimos a adorarlo. El hombre entra en pánico, se llena de miedo. Dice la Escritura se sobresaltó y con él toda Jerusalén. Ese es el primer sentimiento del miedo. Sabemos cómo sigue la historia. Estos personajes siguieron su camino hasta Belén. Adoraron al niño y luego, avisados en sueños se devolvieron a su tierra por otro camino. Es decir, ya no volvieron más donde Herodes. Y ahí es donde encontramos el pasaje que acabamos de oír. Herodes, al verse burlado por los magos, por estos sabios de Oriente monta en cólera, la rabia.

La primera reflexión que quiero ofrecerles es precisamente esa relación que hay entre el miedo y la rabia. Herodes primero tuvo miedo y luego tuvo rabia. Una cosa que he podido ver yo mismo es que esta misma situación la viven muchas personas. Muchas veces debajo de un caparazón de rabia lo que hay es mucho miedo. Precisamente, en nuestra ciudad cercana de Bucaramanga. Tuve una experiencia que la he contado en otras oportunidades. Estábamos en un grupo de oración y había un muchacho que tenía una camiseta de esas que son de rabia. O sea, la calavera con una navaja que sale por un ojo, unas cadenas y pedazos de cuerpos humanos. Es decir, la cosa más escandalosa y más agresiva. Uno también podría decir repugnante. Y este muchacho, obviamente, pues había ido, obligado por la tía, la mamá, la abuela o alguna otra mujer de la casa. Bueno, nosotros estábamos haciendo oración y la verdad es que yo no me había dado cuenta de que él tenía ese tipo de vestido.

Y resulta que, en algún momento surgió la idea de hacer oración especial por las personas. Entonces, varias personas pedían oraciones. Lo típico, se hace una oración, se ponen las manos sobre las personas y pues no éramos ni muy pocos ni muchos. De modo que cuando ya iba llegando como el final de esa oración, nunca supe si fue un impulso del mismo muchacho. Creo que fue más otra vez como obligado a que pasara, que le hicieran la oración. Bueno, ya en ese momento, pues sí, vi claramente la camiseta que tenía el hombre. Y entonces, le digo que si se puede quitar su camiseta. De hecho él tenía doble camiseta. Que se puede quitar su camiseta, pues realmente me sentía fastidiado de que una camiseta tan satánica estuviera en la persona a la que se le iba a hacer la oración. Entonces, él se sintió incómodo. Eso lo puedo entender, a nadie le gusta que le hagan algo así. Pero después empezó a temblar y después empezó a llorar y empezó a llorar como un niño y empezó a llorar como un niño asustado. Es decir, yo pocas veces he visto con tanta claridad, que la gente se viste de agresividad, pero por dentro está llena de miedo. Y muchas veces la agresividad es una reacción que uno tiene porque la vida se le ha vuelto insoportable, porque la vida es demasiado absurda, porque a uno lo han dejado demasiado solo, porque uno se siente muy pequeño y muy amenazado.

Entonces, lo primero que quería destacar es eso, la relación entre el miedo y la rabia. Y esto también significa que la única manera eficaz de pelear contra la violencia es quitar el miedo. Ayer uno de ustedes en los comentarios que hacíamos, me parece que fue este joven, hablaba de la confianza. O sea, la confianza es la que te va quitando, la que te va quitando el miedo. Y cuando te vas quitando el miedo, te vas quitando la agresividad. Y la agresividad es muchas cosas, la agresividad no es solo matar bebés. La agresividad es esa dureza en la cara, la agresividad es esa mirada de desprecio, la agresividad es ese no responder el saludo, vivir encerrados en nosotros, vivir así como dispuestos a pelear con el que sea. Pero eso no se quita por decreto, eso no se quita agregando más policía, eso no se quita agregando más cárceles. Eso se quita creando ambientes donde las personas puedan quitarse su ropa de miedo. Como ese muchacho pudo quitarse su camiseta. Cuando por fin nos podemos quitar nuestros miedos, cuando por fin nos sentimos aceptados, amados, en ese momento el miedo desaparece y con el miedo desaparece la agresividad. Esa era la primera reflexión.

La segunda reflexión con la que quiero cerrar esta homilía, es que nos preguntemos ¿por qué este hombre entró en ese miedo y luego ya sabemos del miedo, la agresividad? ¿Por qué? Porque su vida estaba montada en una mentira. Él no era de la tribu de Judá. Él no pertenecía a la descendencia de David. Resulta que el juramento de Dios era que el trono iba a estar en la descendencia de Judá, y este no era descendiente de Judá. De hecho, él ni siquiera era israelita. Él era descendiente de Edom. Lo que se llama Idumeo. Un pueblo emparentado con los israelitas, pero distinto. La historia es que el patriarca Jacob tuvo un hermano que se llamó Esaú, también conocido como Edom. Y sabemos que de Jacob vienen las doce tribus, pero Edom era como el tío de Israel y de ahí vienen los idumeos. Herodes era de esta familia Idumea. O sea, él no tenía derecho al trono, no tenía derecho. Él estaba ahí por una mezcla de terror, porque sabía ser violento. Sabía utilizar la violencia política, porque sabía manejar a los sumos sacerdotes y a los romanos, y una campaña de marketing impresionante. El marketing siempre aparece. Entonces, la campaña de marketing fue el templo. El templo, era el que le servía a él de parapeto para que la gente lo quisiera, o sea, una especie de soborno emocional.

Él estaba viviendo en la mentira. La vida de él era una mentira, una mentira soportada por por el terror, por la astucia y por el soborno. Y por eso, porque su vida era una mentira, cuando llegan estos sabios de Oriente y le dicen que el Mesías nació. El hombre se aterroriza. Porque si el Mesías nació, entonces la gente se va a dar cuenta que yo no soy, que yo he sido un impostor. Y sabemos, en esas épocas de violencia, lo que hubiera implicado que se descubriera algo así, iba a acabar muy mal. Seguramente la gente lo iba apedrear, lo iban a matar. Entonces, finalmente el miedo de Herodes es o mato yo al niño ese o a mí me matan. ¿Pero de dónde viene todo eso? De que su vida está montada sobre una mentira. O sea, que finalmente la reflexión completa es: La mentira lleva al miedo y el miedo lleva a la violencia. Y por eso es tan importante uno esculcar la vida. Esculcar es un verbo demasiado informal, escrutar digo mejor. Escrutar la vida y darse cuenta dónde están las mentiras. Porque las mentiras en las que uno está montados son los miedos. Las mentiras de hoy son los miedos de mañana y los miedos de mañana son las agresiones y la violencia de pasado mañana.

Por eso necesitamos purificar nuestra vida de la mentira. ¿Eso qué significa? Pues ser realmente lo que somos, ser verdaderamente hijos, si somos hijos. Ser verdaderamente sacerdotes, si somos sacerdotes. Ser verdaderamente esposos, si somos esposos. Por ejemplo, si una persona es el novio de otra, pero quiere vivir como el esposo, eso es una mentira. Usted no es el esposo. Usted ahora es el novio. Si usted después es el esposo y quiere tratarla como un amigo, eso también es una mentira. Usted no es un amigo de ella. Usted es el esposo de ella. Si usted es el hijo y usted quiere imponerse en la casa, usted se está portando como si fuera el papá y usted no es el papá. Usted es el hijo. Fíjate cómo uno se llena fácilmente de mentiras.

A mí me preocupa mucho. Ustedes me conocen. A mí me preocupa mucho, sobre todo el caso de los jóvenes, porque muy fácilmente, entran en esas mentiras que no parecen mentiras. Fíjate, por ejemplo, esa palabra que utilizan a veces, o que utilizaban amigovios o amigos con derechos, ¿que es un amigo con derechos? ¿eso qué es? Eso es una mentira. Se supone que es amigo, pero amigo con acceso a costumbres y tratos que son los propios de los novios. Eso es una mentira. Y esas mentiras de las que vamos llenando nuestra vida, pues finalmente nos hacen frágiles. Yo creo que muchas personas, en tema de redes sociales, también a veces pueden caer en mentiras. Ya el Papa Benedicto, hace bastantes años lo denunció. Él dijo que tu vida digital corresponde a tu vida real.

Ayer estaba escribiendo un artículo que no fue largo en extensión, pero que me tomó mucho tiempo. Fue casi toda la mañana escribiendo un artículo sobre las personas que se han suicidado, grandes celebridades que se han suicidado, en este año dos mil dieciocho. Por ejemplo, el DJ famoso aquel Avicii y Max Miller y Colin Kroll fundador de esta aplicación que fue súper famosa, Vine. El fundador de eso se suicidó. Tenía treinta y pico años. La cantidad de gente con sobredosis de alcohol, con sobredosis de cocaína, con unos experimentos, con unas drogas rarísimas. Pero tú ves el Instagram y es la chica perfecta. Entre las suicidas, está una muchacha que fue la reina de belleza de Gran Bretaña en el año dos mil nueve. Nueve años después, en el dos mil dieciocho, se suicidó. Y de verdad, por supuesto, era una mujer lindísima. Y tú miras todas las fotos de ella y la sonrisa y la sonrisa y la vida exótica y feliz. Y todo es una mentira. Al final, cuando faltaban unos pocos días para su suicidio, publicó unas cosas misteriosas. O sea, que ya anunciaban esto. Dijo que estaba pasándola mal, que tenía que recluirse un poco, cosas así. Pero fíjate, la vida de ella estaba montada sobre una mentira.

Hay una modelo escandinava, no recuerdo el nombre, que es en este momento de las mejores pagadas en todo el mundo. Y todo el mundo sabe que es una alcohólica brutal. O sea, de esas personas que le ganan a cualquiera, soportando el licor más fuerte, pero todas las poses de ella, de modelo. O sea, la mujer perfecta, la mujer feliz, la mujer que tiene todo lo que tiene. Eso es mentira. Y la mentira es fragilidad. Y la fragilidad termina produciendo miedo. Y el miedo termina produciendo violencia. Y estas personas, que la lista es larga, estas personas que se han suicidado, pues finalmente lo que hicieron fue cometer violencia contra ellos mismos. El chef más famoso del mundo, ustedes saben, se suicidó en este año dos mil dieciocho. Eso se publica mañana, en el boletín que se envía mañana de mi página web. Sale esa noticia. Y uno se aterra, porque cualquiera hubiera dicho ¡guau!, son los más felices, son los más exitosos, son los ganadores. Mentira, mentira, mentira. Por dentro no había paz, por dentro no había vida, por dentro no había amor. Por dentro lo que había era una soledad espantosa.

Bueno, ahí termina nuestra reflexión del día de hoy. Mucho cuidado con eso. La línea es la mentira; produce fragilidad, produce miedo, produce violencia. En últimas, violencia hacia uno mismo. Entonces, escojamos la otra línea. Sigamos el consejo del Deuteronomio, escoge la vida. ¿Y la otra línea cuál es? Pues la verdad. O sea, trabajar por la verdad. Mi vida digital tiene que ser la vida real mía y lo que yo presento hacia afuera. Eso es lo que tengo que ser también adentro. Y el rol que yo ocupo es mi rol real. Yo no tengo que suplantar el rol de nadie. Entonces, el camino de la verdad produce solidez, que produce paz, que produce armonía con los demás. Que Dios nos permita seguir la línea de la verdad y liberarnos de la línea de la mentira.

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