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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Cristo nos propone que limpiemos nuestro corazón ante el poder con un espíritu de servicio, abnegación y entrega.
Homilía sino021a, predicada en 20171228, con 6 min. y 3 seg. 
Transcripción:
El Veintiocho de Diciembre, nuestra Iglesia Católica recuerda a los Santos Inocentes Mártires. El pasaje del Evangelio aclara lo que ha sucedido. El rey Herodes, preocupado por el hecho de que, se puede no sólo descubrir la mentira, la impostura en la que él vive, sino que él mismo, su vida y su familia están en peligro. Decide eliminar, en la ciudad de Belén y en sus alrededores al que podría ser el Mesías. La drástica y cruel medida de Herodes nos recuerda dos enseñanzas que conviene subrayar. Primera, que con mucha facilidad el poder produce idolatría. Y segunda, que con mucha facilidad la idolatría se vuelve homicida. Produce muerte. El poder produce idolatría porque junto con el poder vienen múltiples bienes. La capacidad de disfrutar de muchas cosas de esta tierra. El reconocimiento y admiración, así sea falsa, de muchas personas. El sentido de importancia, el creerse uno importante. Todo eso está unido al poder. Todo eso está conectado con el poder. Y precisamente son estos bienes los que fácilmente pueden cautivar, pueden seducir nuestro corazón. Cuando el corazón está seducido, fácilmente se vuelve idólatra, porque no quiere perder lo que ha ganado.
Si recordamos los evangelios, nos damos cuenta que no se critican demasiadas cosas de los apóstoles. Es verdad que se dice de Judas Iscariote era un ladrón. Es verdad que se dice que eran lentos y torpes para entender muchas cosas. Es verdad que se muestra que son más bien egoístas. Como cuando en el pasaje de la multiplicación de los panes, antes del milagro le dicen a Cristo ya, ya despide a la gente, que vayan ellos y se compren lo suyo. Tanto que Jesús tiene que decirles Dadles vosotros de comer. O sea, que sí tienen egoísmo, sí tienen torpeza, mediocridad, sí tienen cierto amor al dinero. Pero no es eso lo que más se destaca. La crítica más constante, con referencia al grupo de los Apóstoles, es siempre la misma. Buscan los primeros puestos.
Esto yo creo que tiene que enseñarnos algo importante, porque nos está diciendo que este ídolo, el ídolo del poder, tiene especial seducción dentro de la Iglesia. Ser el que más se ve. Ser aquel que está con mayor influencia, con mayor reconocimiento, con mayor fama, con mejor nombre. Esto tiene mucho poder en nosotros. El poder tiene mucho poder en nosotros. Entonces, por eso el poder fácilmente nos vuelve idólatras. Pero, por supuesto, los ídolos se alimentan de nosotros. Es una frase que considero entre mis favoritas. Los dioses falsos, o sea los ídolos, se alimentan de ti. El Dios verdadero, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, te alimenta. Los dioses falsos se alimentan de ti. El Dios verdadero te alimenta. Entonces, a medida que la idolatría se instala en nuestros corazones, tenemos un grave problema. Porque con esa idolatría metida en el alma, resulta enemigo todo el que no apoye nuestras pretensiones. Y por eso, el idólatra se llena de enemigos y tiene que tomar decisiones. Tiene, digamos dentro de su lógica, que tomar decisiones como las que aparecen ahí. Muerte de inocentes.
No es extraño entonces, que algunos hayan demonizado el poder, que hayan presentado todo poder como una cosa perversa. La solución de Cristo es diferente. Lo que Cristo propone no es que nosotros consideremos como demoníaco el poder, sino que limpiemos nuestro corazón ante el poder con un espíritu de verdadero servicio, de verdadera abnegación, de verdadera entrega. Porque pretender que vamos a eliminar el poder es inútil, y lo único que hace es darle oportunidad a los que con mayor astucia busquen hacerse notar y busquen dominar a los demás. Ese no es el camino. El camino no es separarse, el camino es entender para qué sirve el poder. Y es entender que nuestro lugar, si tenemos ese poder, es el servicio. Eso es lo que nos muestra Cristo y por eso Él es el poderoso de Israel.

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