Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La crueldad de Herodes tiene origen en que su mentira y su impostura iban a quedar al descubierto; pero atención que "todo Jerusalén" se sobresaltó con él, porque el silencio cómplice de muchos, que no se consideran "malos" es la abundante fortaleza de los pocos que sí consideramos "perversos."

Homilía sino020a, predicada en 20161228, con 9 min. y 21 seg.

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Transcripción:

Queridas hermanas. La terrible crueldad del pasaje del Evangelio que acabamos de escuchar, hace que de una manera muy natural, la atención se vaya hacia el drama de esas familias. El dolor de esas madres y la muerte sangrienta de esos niños. Sin embargo, les invito a que fijemos nuestra atención un momento en la persona de Herodes y lo que le sucedió a Herodes. Porque he aprendido, que aquello que nos cuenta la Escritura, tanto de las personas que consideramos justas y buenas como lo que nos cuenta de las personas perversas o crueles, siempre dice algo del corazón humano. Y nuestros corazones no están hechos de un barro diferente.

Como sabemos, todo empieza cuando aquellos sabios o magos de Oriente llegan a Jerusalén y le preguntan a Herodes ¿Dónde está el rey de los judíos? Esa pregunta tiene todos los ingredientes de una tragedia para Herodes. En el Capítulo Séptimo del segundo libro de Samuel, se encuentra la profecía que Natán le dice a David. La profecía es que va a reinar en Judá siempre un descendiente suyo. Y el problema más grave que tiene Herodes es que él no es descendiente de David. Él es de familia idumea, incluso extranjera, al pueblo de Dios. Dicho de otra manera, Herodes es un aparecido, un usurpador, un impostor. Y cuando llegan estos sabios y preguntan por el rey. El rey que ha nacido. Y ese rey, pues, obviamente no tiene nada que ver con Herodes, porque Herodes no tiene nada que ver con la profecía, porque Herodes es un impostor. Entonces, todos los miedos de Herodes, toda la conciencia de su impostura y de su usurpación salen a flote.

Me puse a ver cuál es el verbo que describe el sentir de Herodes en ese momento. Es un verbo que aparece pocas veces en la Biblia. En la versión original, en griego es Etáragden. Etáragden es un verbo que aparece solo tres veces en el Nuevo Testamento. Y que siempre indica el sobresalto, pero no por una cosa buena, sino podríamos decir por el pánico, por la extrañeza, por sentirse uno abrumado por algo que no comprende. Etáragden aparece en el pasaje donde Zacarías se encuentra con el ángel. Y sabemos que Zacarías es incapaz de creer lo que le está diciendo el ángel, queda sobrepasado por la emoción. Etáragden, aparece en el Capítulo Trece de San Juan, cuando Cristo, en esa cena de amor, en esa cena pascual, tiene que decir la peor de las noticias, uno de ustedes me va a traicionar. Ahí Cristo queda como sobrepasado por el dolor y por esa emoción que por supuesto no es positiva. Ese es el mismo verbo que la Biblia utiliza para describir lo que le pasó a Herodes. Herodes queda devastado, sobresaltado. Pero San Mateo, al describir esa sensación de Herodes, añade otra cosa. El etáragden no es solamente de Herodes. Dice que se sobresaltó Herodes y toda Jerusalén con él. Es decir, que para Herodes no era una buena noticia que hubiera nacido el Mesías, pero por lo visto esa tampoco era una buena noticia para el pueblo de Jerusalén.

Entendemos por qué no era una buena noticia para Herodes. Cuando aparece el rey verdadero, queda denunciado automáticamente el rey falso. ¿Por qué no era una buena noticia para Jerusalén? Porque alrededor de Herodes. Jerusalén es la capital. Porque alrededor de Herodes han ido creciendo capas y capas de burocracia, capas de aduladores, capas de funcionarios, es decir, toda una corte que ya vive de esa mentira. De ese engaño, de ese pecado, de esa traición, de esa impostura no solo se benefició Herodes, sino que hay todo un edificio de burocracia que está montado sobre ese engaño. Es decir, no solamente hay unos que son los pecadores, sino que muchas veces nosotros nos volvemos cómplices, que nos acostumbramos a lo que está mal, y en algún rincón del cerebro uno sabe que hay algo que está mal pero lo deja pasar. Uno se atiene a los hechos, el que tiene el poder de facto es Herodes. Ese es el que gobierna. Lo importante es estar bien con el que tiene el poder. Es decir, se trata de complicidad, la complicidad pasiva que hace que uno deje pasar muchas cosas porque uno no se va a poner en el problema ni de denunciarlas ni de cambiarlas. Y en esa complicidad pasiva.

Ahí sí que yo creo que entramos muchos. Posiblemente llegar a los extremos bárbaros de crueldad de Herodes. Quizás eso no es lo nuestro. Pero la complicidad con cosas que sabemos que están mal, eso sí que nos pasa. Ese sí que es un peligro grande. Y me parece que en ese sentido, esta lectura y esta fiesta tienen que servirnos de despertador. Conviene que nos preguntemos ¿De qué cosas en la sociedad, de qué cosas en la comunidad, en la congregación, en la Iglesia nos vamos volviendo cómplices pasivos, de modo que la llegada de la Luz de la verdad ya no es una buena noticia? La llegada del Mesías no fue recibida con júbilo y con esperanza en Jerusalén, no. Fue recibida con extrañeza, con preocupación, como dice la traducción usual al castellano, con sobresalto. Qué problema. Cristo se vuelve un problema. Cristo se vuelve una mala noticia, no solamente para los perversos, sino para todos los que han entrado en complicidad pasiva con el pecado.

Por eso hoy es un buen día para despertar, para preguntarle al Señor. ¿Muéstranos en qué o de qué manera, quizás somos cómplices? Hay una frase que se atribuye algunas veces a Martin Luther King, otras veces creo que a Gandhi. No es tan importante eso, pero la frase es muy valiosa. Dice No me aterra la maldad de los malos, sino el silencio de los buenos. Entonces, hemos de preguntarnos ¿En dónde hay que alzar la voz? ¿En dónde es necesario mostrar lo que quizás es incómodo, lo que quizás nadie quiere ver? porque todos nos estamos tapando con la misma cobija. Herodes, no hubiera sido otra cosa, sino un payaso ridículo, a menos que sucediera lo que sucedió, que tenía una gran cantidad de gente que vivía de la mentira que él tenía montada.

Por eso, por el valor de la sangre de estos niños inocentes, pidamos al Señor que despeje nuestra mirada y que nos ayude a descubrir en dónde estamos siendo cómplices, para cesar en nuestra colaboración y para empezar a alegrarnos por la llegada del Mesías.

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