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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Recuento y respuesta al vergonzoso ataque del ateo, ya difunto, José Saramago, contra la figura de San José, y contra la fe y la religión en general.
Homilía sino018a, predicada en 20151228, con 25 min. y 41 seg. 
Transcripción:
Deseo que esta homilía pueda servir de respuesta a una teoría muy extraña de un escritor portugués, premio Nobel de Literatura llamado José Saramago. Saramago, muy conocido precisamente por la calidad literaria de sus escritos, fue ateo hasta el final de su vida y en uno de sus relatos él plantea este texto, este pasaje de la matanza de los inocentes. Pero como él es ateo, lo que él ve aquí no es lo que nosotros vemos. Lo que él ve aquí es más bien el drama sin solución y finalmente la incoherencia de José de San José. La idea que tiene Saramago es que si José tenía claridad de que se venía encima esa matanza, entonces cuando él se fue, rescató a su hijo, salvó su familia, pero dejó expuestos y dejó en peligro. Dejó vulnerables a los demás habitantes de Belén. De manera que José, según la idea de José Saramago, según la idea de este escritor, sería una especie de egoísta que él veló por lo suyo. Él cuidó lo suyo y los demás que se hundan, los demás que se mueran. Esa manera de razonar de Saramago es, por supuesto, venenosa. Es un disparo al Evangelio y para él es una entre muchas demostraciones de que por más que la gente se considere piadosa y por más de que la gente hable de caridad y todas esas cosas, finalmente, cuando se trata de nuestros intereses y cuando ya se meten con nosotros, en el fondo todos somos egoístas y en el fondo todos buscamos únicamente nuestro provecho. Y por eso tiene esa obra en la que describe esta matanza de los inocentes y presenta a San José como una persona egoísta y luego una persona con un conflicto interior bárbaro, porque cuando él se da cuenta de la cantidad de muertos en Belén, cae en su conciencia la culpa. Realmente yo he debido evitar esas muertes. Entonces el San José, que por supuesto no es santo para Saramago, el José, esposo de María, el José de Saramago, es un hombre que traiciona sus sus convicciones, que finalmente es un egoísta y es un hombre que luego tiene unos conflictos graves de conciencia y por lo visto lo que quiere este autor lo que quiere es que uno mismo, si es creyente, se dé cuenta que en el fondo la religión es como una especie de disfraz que nos ponemos para parecer buenos, pero en el fondo seguimos siendo, como ya expliqué, seguimos siendo unos egoístas y unos cómodos y seguimos siendo gente con grandes conflictos de incoherencia interior. Una de las razones por las que deseo hacer esta predicación en este día es porque yo no me acuerdo haber leído una buena respuesta a este hombre. Él se murió con la convicción de que le había asestado una buena puñalada a la fe. Había logrado su propósito de desenmascarar por medio de una burla. Desenmascarar toda esa hipocresía que tienen los cristianos que andan hablando de caridad pero luego son iguales que el resto. Entonces, ¿por qué es necesario responderle a Saramago? No simplemente por un acto de defensa propia, defensa propia de nuestra fe. No solamente ni principalmente. No es mi intención entrar en un tema oscuro o erudito. Me parece que es importante esto de Saramago, porque en el fondo muchas personas sienten lo que él siente. En el fondo, muchas personas sienten que debajo de todos nuestros ropajes eclesiásticos somos igual o peor de miserables que cualquiera. En el fondo, muchas personas sienten que la Biblia, y luego todos los escritos religiosos y todos los discursos de los papas, finalmente son un mecanismo de protección, de privilegios, de prebendas y son manera de asegurar nosotros lo nuestro. Y me parece que no solo por Saramago, sino por nosotros mismos, necesitamos un poco de claridad en este asunto. Observemos un detalle para empezar, la respuesta que deseo ofrecer a ese reto que plantea este escritor la pienso dividir con el favor del Señor. Que Él me ayude, me acompañe, que dirija mis palabras. Esto lo quiero dividir en tres partes. La primera parte es una mirada al texto bíblico. La segunda es una mirada a la figura de José y la tercera es una aplicación a nuestra vida. Entonces vamos a ver el texto bíblico. El argumento fundamental de José Saramago es que San José sabía que venía una matanza. Lo que finalmente sucedió, y más o menos lo que hizo, fue pues yo agarro mi esposa y mi hijo y salgo de aquí y los demás verán qué hacen. Pero lo primero que hay que destacar es que José Saramago era. Dios haya tenido misericordia de él. Era pésimo para leer. Era un hombre que no sabía leer. Observemos qué es lo que dice el texto. Por eso hay que volver al texto. Esto es evangelio según San Mateo, capítulo segundo. Dice: Después de que los magos partieron de Belén, el ángel se le apareció en sueños a José y le dijo. Esta es la parte que es clave, porque esta es la información que tenía José, el esposo de María: Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto. Quédate allá hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo. Herodes va a buscar al niño para matarlo. El ángel en ningún momento habla de matanza de niños. En ningún momento habla del extremo de brutalidad y de crueldad que encontramos, unos versículos después, cuando Herodes se dio cuenta de que lo habían engañado, mandó matar a todos los niños. Esto no le dijo el ángel a José. Lo que el ángel le dijo a José es Herodes va a buscar ¿a quien? Al niño. Al niño. Entonces Herodes trata de matar al niño y José trata de proteger al niño. ¿Cómo busca José proteger al niño? Poniéndolo fuera del alcance de Herodes. José, según el relato bíblico. Y esto que lo escuche Saramago dónde esté retorciéndose en su tumba. José, el esposo de María, no tiene ninguna noticia de matanza de niños. Ninguna. Lo que él sabe es que Herodes está persiguiendo a ese niño que es su niño, y lo que intenta es ponerse fuera del alcance de Herodes para proteger a ese niño. Entonces todo el argumento de Saramago. Ustedes se dan cuenta de que inmediatamente cae. Es muy triste que un premio Nobel de Literatura no sepa leer. Pero no es el primer caso. No es el primer caso. Eso ha pasado varias veces y es una gran lección, porque los ateos y los enemigos de la fe, en su obcecación, en su ardor por destruir la fe, oscurecen su propia inteligencia. Hay un ejemplo que no tiene nada que ver con la fiesta de hoy, pero que muestra cómo personas de un brillo intelectual realmente destacado. Se equivocan de un modo tan tonto. Hay un filósofo inglés conocido por su capacidad de expresión. Dicen que este hombre hablaba de un modo tan perfecto, gramaticalmente tan perfecto, que lo que salía de su boca ya se podía poner por escrito y publicar. Era de un brillo, de una lucidez intelectual impresionante. El nombre de este filósofo es A. J. No recuerdo cuáles son las abreviaturas. Esas letras ¿a qué corresponden? Pues A. J. Y el apellido de él en español se dice Ayer, pero en inglés lo pronuncian como ayer. A.J. Ayer es un filósofo británico brillantísimo, con un manejo de la lengua bárbaro, con una capacidad de argumentación impresionante ateo. Este ateo se da cuenta de que uno de los que ha tratado la existencia de Dios es Santo Tomás de Aquino. Y él, como ateo dice: Pues yo voy a ver qué dice este portento del cristianismo sobre la existencia de Dios. Y entonces, según él, hay una falla en el argumento de Santo Tomás de Aquino, porque Santo Tomás dice: que todo ser que tiene una causa, todo ser que es causado, requiere ser causado por alguien que es diferente. Es decir, nadie puede ser causa de sí mismo. Eso dice Santo Tomás. Entonces nos damos cuenta que en la naturaleza, en el universo hay seres que son causados. Nos damos cuenta que su causa no pueden ser ellos mismos. Entonces esa causa o es una causa que no ha sido causada o es una causa que a su vez tiene otra causa. Ese es el argumento de Santo Tomás. Y dice: Pero no se puede seguir en esa cadena hasta el infinito. Lo que tiene que haber una primera causa y esa primera causa la llamamos Dios. Así argumenta Santo Tomás. He tratado de expresarme con mucha fidelidad al texto de Santo Tomás. He aquí la manera como lee el brillantísimo A.J. ayer. He aquí como lee él se equivoca la lumbrera, se equivoca Santo Tomás. Santo Tomás de Aquino se equivoca porque dice que todo tiene una causa. Y si todo tiene una causa, entonces Dios también tiene que tener una causa. Entonces Santo Tomás se contradice, luego ese argumento no sirve para nada, luego podemos seguir siendo ateos. Cuando uno va a ver el texto de Santo Tomás, Santo Tomás en ningún momento dijo que todo tiene una causa. Si no dijo aquello que tiene una causa, debe tener una causa diferente de sí mismo. No dijo que todo tenía una causa, sino dijo: Aquello que tiene una causa, tiene una causa distinta de sí mismo. Pero este filósofo no supo leer, un hombre con un cociente intelectual superior. Creo que toca juntar a tres o cuatro de nosotros para ver si nos acercamos al brillo intelectual de este señor. No sabe leer, pero sabe que eso es muy propio de la serpiente. Eso es muy propio de Satanás. No es capaz de escuchar la voz de la verdad. Te acuerdas en el caso del pecado original, cómo lo primero que le dice la serpiente a Eva es: Es verdad que Dios les ha prohibido comer de todos los árboles, lo cual es mentira porque Dios no les prohibió comer de todos los árboles, sino de un árbol. Eso es propio de la serpiente. La serpiente siempre se equivoca, porque es muy difícil leer cuando uno odia la luz. Entonces la serpiente se equivoca en el Génesis. Se equivoca voluntariamente. Ayer se equivoca estúpidamente. Es un filósofo brillante, pero se equivoca estúpidamente porque está diciendo, está poniéndose. Está cometiendo el error número uno en cualquier discusión. Si estoy discutiendo contigo, lo primero que tengo que hacer es respetar lo que tú dices, no poner palabras en tu boca. Y ese es el error que comete Ayer. Y en el caso del pasaje del Evangelio de hoy, nos damos cuenta que Saramago comete exactamente el mismo error. Empieza por decir: sí, José sabía que venía esa matanza. Ya te equivocaste, hermano. No sabes leer. Eres premio de literatura y no sabes leer. Lee Mateo, capítulo dos. Lee. Lee. ¿Qué dice ahí? ¿No sabes leer? Es que esto es importante. Esto es importante porque mucha gente. Mucha gente sigue con verdadero apasionamiento a autores ateos y no se dan cuenta de que son personas que aunque puedan tener cierta dosis de luz en algunos campos del conocimiento, su ateísmo les vuelve particularmente ineptos, singularmente torpes para acercarse a este tipo de palabras. Y se equivocan en cosas elementales y me duelen el alma. Me duele que ese tipo, ese portugués premio Nobel de literatura, se haya muerto sin que alguien le haya dicho esto me duele eso, me duele que un error tan torpe como ese, haya podido dañar, arruinar tanto de la vida de un ser humano, porque quedarse sin Dios es perder demasiado. Y eso le pasó a Saramago. Por supuesto, él después descubrió que ser ateo le daba cierta aureola, le daba cierta importancia. Eso suele suceder en algunos ateos. Así que esa es la primera parte de esta predicación. La respuesta Saramago. Resumen el hombre no leyó. El hombre no leyó. Así de sencillo. Y como no leyó, interpretó lo que no era. Segundo, La segunda parte es mirar la figura de José, nuestro muy amado San José, nuestro muy amado. Yo cuando leí eso de Saramago, que lo leí tarde porque ya el hombre había muerto. El Saramago había muerto. Yo cuando leí lo de San José me dio mucho dolor, porque a medida que pasan los años, yo cada año, cada mes, voy queriendo más a San José. San José es tan grande en su sencillez, es tan grande en su nobleza, es tan grande en su silencio, es tan grande en su oración, es tan grande en su seguimiento a la voluntad de Dios. Y por supuesto que una figura tan amada por la Iglesia, protector de la Iglesia Universal de San José, una figura tan amada y una figura tan supremamente beneficiosa para nuestra fe, que sea calumniado tan miserablemente como lo hizo el Premio Nobel de Literatura. Es una tristeza, es una verdadera tristeza. Entonces, esta segunda parte muy breve de mi predicación es para pedirle perdón a San José, para pedirle a San José. Mire usted que es patrono de la buena muerte. Si hay algo que se haya podido hacer o que se pueda hacer por Saramago, hágalo. Si hay algo que se pueda hacer por ese miserable que no supo ni leer. Si hay algo que se pueda hacer, hágalo. Por favor San José intercede por él. San José, intercede por tu tocayo José Saramago, Intercede. El pobre miserable es en términos de la fe en otras cosas. ¡Qué brillo de hombre y qué capacidad de elocuencia! Es que por algo es premio Nobel. No es ningún tonto, pero en términos de la fe, ¡qué manera tan miserable de equivocarse! Yo le pido a San José que interceda por Saramago. Pero además, me parece que hoy es un buen día para ver cómo San José nos habla con su prontitud, con su docilidad, con su escucha. En este día de retiro, la palabra escucha ha sido muy importante oír. Hay un salmo que dice: Hasta de noche me instruye internamente. Y de verdad que quien está buscando en profundidad la voluntad de Dios siempre encontrará una voz que le avise, siempre. El que está obrando con recta conciencia, el que está obrando con corazón puro, como José. Despierto o dormido por inspiración, por voz de un ángel. Por voz de un predicador. Por un libro. Dios siempre encontrará el camino de darle una voz, una dirección a aquel que tenga el corazón bien dispuesto a seguir el ejemplo de San José. Y así llegamos entonces a nuestra tercera parte. ¿Cómo aplicar esto a nuestra vida? Pues es muy sencillo y muy breve. Es sencillo porque es descubrir que necesitamos las virtudes de San José. Y es sencillo porque es necesario que aprendamos nosotros y que ayudemos a nuestros contemporáneos a que no se dejen convencer por la retórica pegajosa de los ateos actuales. Hay unas oleadas de ateísmo que acechan especialmente a los estudiantes universitarios y a los jóvenes profesionales. Desde hace muchos años hay personas que se han dedicado con un empeño que realmente me duele. Me duele porque se ve el esfuerzo de destruir, de destruir a la Iglesia, de destruir la fe, de destruir el cristianismo. Entonces yo voy a decir aquí algunos de los nombres de esos Saramagos que todavía viven. Alguno murió no hace mucho y que atacan de un modo feroz a la Iglesia, atacan de un modo horrible al cristianismo. Prácticamente el único libro que se haya escrito contra la Madre Teresa de Calcuta. El único artículo. Creo que no es un libro. El único artículo escrito contra la Madre Teresa de Calcuta lo escribió un británico llamado Christopher Hitchens. Murió no hace mucho. Verdadero enemigo de la fe. Arrogante, presuntuoso, ávido de aplausos. Le hizo un daño terrible a muchísima gente. Hay un neuro científico con una capacidad de expresión muy, muy, muy elocuente, muy adornada. Se llama Daniel Dennett, Daniel Dennett. Esos nombres los digo para quienes están tomando apuntes y para que ustedes sepan, porque en un diálogo, por ejemplo, con gente joven, con profesionales, con gente universitaria, estos nombres aparecen. Daniel Dennett es un hombre muy venenoso porque su discurso es muy venenoso, porque él quiere presentar toda la realidad humana, desde el materialismo de las neuronas y el cerebro y todo aquello. Luego hay otro que se llama Sam Harris. Es terrible también. Luego hay otro muy conocido, realmente violento en su ataque. Tanto que muchos científicos lo desprecian. Y él, que les voy a mencionar, es también un científico. Se llama Richard Dawkins. Ese Dawkins escribe de Dawkins. Richard Dawkins es uno de los ateos más, más violentos, sobre todo a él se debe que se haya extendido por casi todo el mundo europeo la idea de que la religión es únicamente una fuente de atraso y de violencia. Richard Dawkins ha hecho muchísimo daño. Hay un filósofo que se llama Peter. Peter Singer, que ha hecho muchísimo daño también porque se ha especializado en igualar la especie humana con otras especies. Es de los que dice que muchas veces tiene más valor rescatar una foca en peligro que un feto humano. Tiene unas confusiones morales brutales y y su lenguaje resulta atractivo y supuestamente inspirador para algunos. Entonces hay muchos saramagos. Es lo que quiero decir con esto y es necesario. En medio de la tarea de la evangelización, es necesario documentarse sobre estas personas un poco. Uno no tiene que obsesionarse con el tema del ateísmo, pero es necesario documentarse un poco. Quizás no tanto por nosotros. Dios nos guarde. Pero sí en algunos momentos en la conversación. Esto puede servir porque cuando salgan estos nombres tú tienes que saber de qué te están hablando. De los filósofos, los que más han hecho daño en este último tiempo. Pues sigue teniendo mucha fuerza en algunos jóvenes. Arthur Schopenhauer, una persona básicamente misógina, con gran odio hacia la mujer y hacia la vida. Pero aún peor que eso, es una persona misántropa, se podría decir, con odio a la especie humana y supuestamente a nombre de un cierto Realismo. Luego Federico Nietzsche hace muchísimo daño. Ha hecho un daño espantoso a mucha gente, incluyendo a Adolfo Hitler. Luego tenemos a personas como por ejemplo estos existencialistas ateos. Son gente que le hizo mucho daño a toda una generación. Muchas personas perdieron lo mejor de su corazón por leer con avidez, con interés a personas como a Jean-Paul Sartre o incluso el mismo Albert Camus que a mí. Se escribe Camus, Albert Camus. Son personas que perdieron lo mejor de su vida y nosotros tenemos que saber que hay que luchar contra esto. Hay que luchar con humildad, con la verdad, pero hay que luchar contra esto. Bueno, que los santos Inocentes fíjese a donde nos llevaron los Santos Inocentes a discutir un poco sobre el ateísmo, que los santos inocentes que con su sangre pudieron detener la ira contra el Mesías intercedan por nosotros. Que Dios los colme de gloria en el cielo y que nosotros protejamos a ese Cristo. Ese Cristo pequeñito ¿sabe lo que yo siento con esto de los ateos? Yo siento que cuando un joven, cuando una jovencita entra a la universidad, sobre todo hay universidades que se especializan en destruir la fe, hay universidades públicas y privadas. He oído unas cosas terribles, muy, muy dolorosas de lo que pasa en la Universidad de los Andes en Bogotá. El ataque permanente, la burla, la manera de escupirle la cara a la Iglesia una y otra vez es una cosa de odio satánico realmente. Y es lamentable porque eso no mejora la calidad profesional de nadie. Tener ese tipo de prejuicios y de odios. ¿Pero sabe lo que yo siento? Lo que yo siento es que Jesús, Jesús Niño. Jesús quiere crecer en nosotros. Jesús quiere crecer en cada uno de nosotros. Y realmente este tipo de ateos arrogantes quieren matar a Jesús como Herodes. Quieren matar al Jesús que quiere crecer en ti. Ellos desean eliminar al Cristo que está creciendo en ti, quieren quitarlo de en medio, lo detestan, lo odian y es tanto su odio que ni siquiera ven, ni siquiera saben leer, dijimos. Es tanto su odio. Entonces sí que hay una relación profunda entre la fiesta de los inocentes y esto de los ateos. Porque los ateos como Saramago, en el fondo, al igual que Herodes, quiere matar al Jesús que está creciendo dentro de ti, quieren que desaparezca Jesús de tu vida. Vamos a tomar el valor incalculable de la sangre de estos mártires y a pedir al Señor que nosotros defendamos a Cristo en nosotros y lo defendamos en la obra de la evangelización.

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