|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Damos gracias a aquellas familias que en el pasado a precio de sangre protegieron la vida del Mesías, anticipación de su sangre redentora derramada para darnos vida eterna.
Homilía sino017a, predicada en 20151228, con 6 min. y 26 seg. 
Transcripción:
El veintiocho de diciembre, nuestra Iglesia Católica recuerda a los Santos Inocentes. Esta es la expresión que utilizamos para referirnos a aquellos niños que tristemente fueron sacrificados por el rey Herodes con ocasión de su pánico. Porque pánico fue lo que sintió Herodes cuando aquellos magos de Oriente le dijeron: Ha nacido un rey para Judea. Yo creo que esta es una buena ocasión para descubrir qué tipo de persona era Herodes y, sobre todo, qué clase de ambiente había en la tierra de Jesús en esa época. Es importante que todos recordemos que había una promesa dada por Dios al rey David. Esa promesa se la dio a través del profeta Natán y está registrada en la Biblia en el segundo libro de Samuel. De acuerdo con esa promesa. Dios le dice a David: que habrá siempre un descendiente suyo en el trono. Es la promesa de crear una casa para David. El contexto de esta promesa que hace Dios es muy bonito porque es con ocasión del deseo que tiene David de hacerle una casa, es decir, un templo al Señor. Y entonces Dios dice: No es que tú me vas a hacer una casa a mí, es que yo te voy a hacer una casa a ti. Casa en el primer caso significaba un templo y casa en el segundo caso quiere decir una dinastía. De modo que había esa promesa de la descendencia de David, una promesa que era como la expresión o es la expresión viva de la fidelidad de Dios que mantiene su presencia, su soberanía, que no entrega su majestad a nadie. Pero resulta que los acontecimientos que nos cuenta la historia son dramáticos, porque en el siglo seis, antes de Cristo, una nación extranjera, los caldeos invadieron a los judíos y los llevaron al destierro, y el rey lo dejaron sin hijos y además lo cegaron, le sacaron los ojos. Fue una cosa trágica. Entonces se rompe la dinastía porque el rey que había en Jerusalén en esa época, unos cuatrocientos años después de David, o trescientos y tantos años, ese rey, pues, queda sin hijos y el pueblo se va a Babilonia, se va al destierro. Y la pregunta es ¿qué pasó con la promesa? Esta situación caótica, incierta, de por dónde se va a cumplir la promesa de Dios es una situación que aprovecha Herodes, que no era ni siquiera hebreo. Él era de origen idumeo, pero hábilmente a través de genealogías amañadas y a través de una tremenda astucia política, Herodes logra hacerse con el poder. Su juego político le resulta útil a los romanos, porque para los romanos es buen negocio que haya alguien que tenga el título de rey. De manera que estos judíos dejen de estar esperando un Mesías. Dejen de estar esperando un rey. Los romanos, por supuesto, querían que los judíos estuvieran tan calmados como fuera posible. Siendo así las cosas, Herodes hace un juego que consiste en contentar al pueblo construyéndole un templo magnífico. Contentar a los romanos a los que le servía que hubiera un rey así, fuera de mentiras. Y, por supuesto, contentarse a sí mismo, porque era, según los registros que nos da la historia. Era una persona terriblemente egolátrica, además de incrédula, supersticiosa, cruel y sin ninguna clase de escrúpulos. Esa es la descripción que tenemos de él. Por supuesto, esta persona que tiene todo ese montaje sobre su propio reinado, se siente en pánico en el momento en el que le dicen que sí ha nacido el rey, que el verdadero rey ha nacido. Esa es la peor noticia que puede escuchar Herodes, y fruto de ese pánico produce la matanza que estamos recordando hoy. No sabemos cuántos niños murieron los autores haciendo, los especialistas haciendo diversos estimados dicen que puede ser entre unos quince, veinte o treinta niños. Si se compara, por ejemplo, con las cifras del aborto, Herodes resulta ser bastante buena persona. Pero más que las cifras es el pánico de Herodes y es la revelación de este corazón corrupto, podrido lo que aparece en este día. Al mismo tiempo, nos damos cuenta que ese baño de sangre inocente sirvió como de una cortina que protegió al Mesías, lo cual es muy importante porque ese Mesías protegido en su vida temporal, es el que, entregando luego su propia sangre, a todos, nos va a dar la vida que no acaba. Por eso tenemos que estar, y así estamos agradecidos siempre y para siempre, de aquellas familias que tuvieron que pagar un precio altísimo. Pero esa sangre no se perdió. Esa sangre fue anticipación de la sangre redentora de Cristo a quien sea la gloria, el honor y el poder por los siglos eternos. Amén.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|