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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
A Cristo solo se le busca para adorarle, como los reyes, o para tratar de destruirle, como Herodes.
Homilía sino014a, predicada en 20121228, con 4 min. y 15 seg. 
Transcripción:
El evangelio de hoy nos presenta reyes que buscan a Cristo. Por una parte están esos reyes que vienen de lejanas tierras, están buscando a Cristo y lo están buscando para adorarle, para darle sus regalos, para ponerse también a sus órdenes. Y hay otro rey que se llama Herodes, que también está buscando a Cristo, pero no lo está buscando para adorarlo, sino para matarlo. No lo está buscando para ponerse a órdenes de Cristo. Lo está buscando para quitarlo de en medio. Esta comparación nos hace pensar .Se busca a Cristo, se busca para exterminar su nombre, su gloria, o se busca para proclamar su grandeza y para darle honra. Parece que no hay un intermedio, no hay un lugar intermedio. Cristo ha partido la historia de la humanidad en dos, pero Cristo también pone al ser humano ante una disyuntiva radical. Es lo que escuchamos en algún texto del Evangelio El que no está conmigo está contra mí. El que no junta conmigo, desparrama, dice Cristo. Parece que no hay alternativa y es bueno preguntarse ¿por qué no hay alternativa? Pues no hay alternativa, porque Cristo es la definitiva, la última y perfectísima revelación de Dios. De tal manera nos declara Dios su amor en la persona de Cristo. De tal manera es perfecta la expresión de su misericordia, de su justicia, de su poder, de su amor en Jesús, que solo quedan esas dos posibilidades o aceptamos esa oferta maravillosa, inesperada, inmerecida de amor, o la rechazamos, pero al rechazarla no estamos sino rechazando al mismo Dios. Precisamente porque Cristo es la revelación perfecta del Padre. Precisamente por eso no queda otra posibilidad, sino perseguirlo para destruirlo o perseguirlo, para ponerse a sus órdenes. De hecho, ese verbo perseguir es el mismo que se aplica en el caso de otro santo muy grande, San Pablo. Recordemos que cuando Cristo lo derriba en el camino de Damasco, le hace esta pregunta o le pregunta a Pablo a Cristo ¿Quién eres? Y él responde: Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Y Pablo perseguía a Cristo para destruirlo. Pero la misericordia de Dios cambió esa persecución de destrucción en un perseguir constantemente la perfección en Cristo y en perseguir constantemente la identificación con Él. Por eso encontramos en la carta a los Filipenses que San Pablo, el que antes perseguía para matar, ahora utiliza este lenguaje. Habiendo llegado a donde hayamos llegado, sigamos adelante. Yo mismo no me detengo en lo que he recorrido, sino que me lanzo hacia adelante. O sea que Pablo fue perseguidor antes y después de su conversión, pero antes perseguía para destruir y ahora persigue para amar y para servir.
Pidamos a Dios que eso también suceda en el mundo, que tantos que persiguen el nombre de Dios para destruirlo, reciban la gracia, la iluminación y empiecen a perseguir las fuentes de la misericordia, y sean testigos también de su gracia.

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