Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Las caravanas de mercaderes que pasaban por Belén, de modo rutinario, noche a noche, fueron la respuesta en el momento decisivo en que había que rescatar al Mesías.

Homilía sino012a, predicada en 20111228, con 14 min. y 47 seg.

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Transcripción:

Hace poco tuve ocasión de ver una película que dramatiza el nacimiento de Jesucristo. Una buena producción cinematográfica en muchos aspectos. Y como suele suceder en estos casos, uno se siente bastante tocado. Sin embargo, desde el punto de vista histórico, considero que hay algunas deficiencias en esa película. Por ejemplo, cuando se presenta la huida a Egipto, pues la escena típica es María, que lleva a Jesús en sus brazos y que está montada en una cabalgadura. José, llevando así como por el bozal a ese asno o caballo, y un camino tortuoso en soledad por la aridez del desierto yendo hacia Egipto. Por supuesto, viendo uno las condiciones de ese viaje. María, tan reciente, después de dar a luz con todo lo que tuvo que sufrir también para ese parto, pues uno se conmueve mucho, pero hay que saber que lo más probable es que las cosas no hayan sucedido así.

Y la razón para contar cómo es probable que hayan sucedido es porque también a nosotros nos suceden cosas parecidas. Cuando se presenta ese evento a la manera de la película, uno siente que es una historia que solo les podía pasar a ellos y es una historia que resulta tan única que entonces toca complementarla con otras historias. Por ejemplo, tú te acuerdas que hay unos evangelios apócrifos que hablan de cómo nacían palmas en el desierto para hacerle sombra a la Virgen mientras iba de camino. Esas historias adicionales apócrifas son como la prolongación de algo que resulta tan extremadamente singular que uno dice no hay ninguna posibilidad de que me suceda a mí.

Lo que voy a contar es una especie de reconstrucción histórica que, repito, no tiene el propósito de minimizar o de disminuir el poder de Dios, sino más bien de mostrar cómo ese poder también está cercano a nosotros. Empecemos por la geografía. Egipto queda al sur occidente de la Tierra Santa. Entonces vamos a imaginar aquí la pantalla, aquí tenemos Palestina o tenemos el Estado de Israel. Aquí queda Egipto. Vamos a suponer que la punta de este dedo es Jerusalén. Entonces, más o menos la punta de mi pulgar sería Belén. Belén queda al suroccidente de Jerusalén. Es decir, Belén ya queda de camino a Egipto. Ese dato es importante. Segundo dato. Había una colonia judía grande en Egipto, entre otros sitios. Quizás no el único en Alejandría. Alejandría, ciudad que tiene ese nombre, por supuesto, porque fue fundada por Alejandro Magno a su paso por Egipto. Alejandría queda hacia la Delta, la desembocadura del río Nilo. Puerto importantísimo centro cultural, lugar donde había una colonia judía grande. Entre Israel, o mejor dicho, Judá y Egipto, había un constante tráfico. Había comercio constante. Caravanas continuas de comerciantes, no solamente porque llevaban productos o los traían de Jerusalén o de Judea, sino porque quizás iban más al norte. Galilea es una tierra bastante florida, bastante fecunda. Contrasta bastante con Judea, que es mucho más seca. Galilea era como una pequeña despensa para todo ese sector.

Entonces los comerciantes saliendo de Egipto pasaban por donde estaba Belén y probablemente por el mismo Belén, Jerusalén. Y siguen al norte, hacia Galilea y luego hacia la tierra de los fenicios y la tierra de los asirios, y la tierra de los persas, los medos, los caldeos. Es una zona de continuo tráfico. Siguiente dato. ¿A qué hora se hacen esos viajes? de noche. Es imposible. En esa canícula del desierto es imposible hacer largos viajes. O es impráctico? Quizás se puede lograr, pero es impráctico hacerlo de día. Muchas de esas caravanas salían antes de la medianoche o pasada la medianoche para avanzar cinco o seis horas de camino cuando empezara a calentar el sol. Todavía muchos nómadas siguen haciendo ese tipo de recorrido de esa manera.

Competir contra el Sol es ridículo. Es un desperdicio de fuerzas. Es decir, que donde se encontraban José y María con el niño se sentían los pasos de las caravanas. Se sentía ese paso de camellos, comerciantes. Eso tenía que ser parte del mundo de ellos en los días o semanas que lograron estar ahí. Entonces, ¿qué es lo que sucede? Un ángel. Una voz del cielo. Una advertencia divina. ¿De qué modo específico recibió José ese mensaje? No lo sabemos y probablemente nunca lo podremos saber. Yo no tengo inconveniente, por supuesto, en creer en la acción y la presencia de los santos ángeles. Pero fíjate cómo la historia misma nos muestra lo lógico que es todo esto. Hay como una especie de presentimiento de José. Hay un mensaje, hay una confirmación, un despertarse en la noche, entender lo que está sucediendo Y una decisión. ¿Qué es entonces lo que hace José? Por supuesto despierta, María. Se arreglan lo mejor posible en esas circunstancias apresuradas y se unen a una de estas caravanas.

Hay una cierta tendencia. De eso vamos a hablar en otro momento del retiro. Hay una cierta tendencia a hablar de la familia de Nazaret como una cápsula aislada del mundo en el que estaban. Pero la Biblia nos muestra un panorama distinto. José, María, Jesús están plenamente integrados en ese mundo. José sale a esa hora con su esposa y con el niño muy temprano en la madrugada o más probablemente hacia la media noche. Se unen a esa caravana y avanzan hacia Egipto, perfectamente disimulados en el ruido de los comerciantes y de aquel de aquellos medios rudimentarios de transporte. ¿Por qué digo que eso es útil para nosotros? Porque también Dios. A nuestro lado, nos da medios de salvación. El medio de salvación para José fue esa caravana.

El ángel, esta voz del cielo le hace ver el peligro. Y él piensa. Él ve lo que hay que hacer. Se une a la caravana y sale. Caravanas que pasan cerca. Medios de salvación, oportunidades que tenemos ahí. Muy probablemente esas caravanas circulaban prácticamente todos los días. Porque esos beduinos no eran de religión judía, ni se abstenían de viajar ni siquiera en el sábado. A ellos les interesaba su comercio. Es decir que José todas las noches seguramente oía pasar la caravana. Pero una noche esa caravana fue su salvación, la de él y la de su familia. Medios de salvación que están cerca de nosotros. Un ángel que nos despierta y que nos hace ver: Mira, mira que está ahí tu salvación. ¿Qué es lo que Dios te ha dado? ¿Cuál es la caravana que Dios te ha puesto? Que la tienes muy cerca de ti y que está ahí para revitalizar tu vida, para salvar tu vocación, para salvar al Jesús que está en ti.

Cada uno de nosotros tiene esa presencia de Jesús y cada uno de nosotros tiene el llamado a salvar a ese Jesús. No expulses a Jesús de tu vida. Esa es la tragedia peor que puede sucederte. Hay que cuidar a ese Jesús que ha llegado a mi vida. Cuidar a Jesús, que ha llegado a mi vida, es preservar el estado de gracia. Cuidar a Jesús que ha llegado a mi vida es crecer en santidad, cuidar a Jesús que ha llegado a mi vida, es buscar la voluntad de Dios y cómo agradarle mejor. Y a veces nos preguntamos ¿cómo tenemos que cuidar a Jesús? Y la caravana está pasando todos los días y todas las noches. Pero necesitamos una voz de un ángel, una voz del cielo que nos diga: Mira yo a veces pienso muy en consonancia con la meditación que oíamos por la mañana.

¿Te acuerdas aquello de lo ordinario y lo extraordinario? Yo a veces pienso que esas caravanas son cosas tan ordinarias y tan sencillas como la oración litúrgica. Al fin y al cabo, la liturgia de las horas es como una caravana que pasa por la mañana, por el mediodía, por la tarde, por la noche. Únete a esa caravana. Muchas cosas que nosotros consideramos rutina son caravanas que Dios nos envía. ¿Cuántos? ¿Cuántas ocasiones? ¿Cuántas oportunidades tenemos para revitalizar nuestra vida? Para hacer una confesión bien hecha. Únete a esa caravana. La caravana de los penitentes. ¿Tienes un sagrario en tu casa? No. Únete a la Caravana de los adoradores. Está ahí.

La respuesta está ahí. La tienes a unos metros de tu habitación. Ahí está el Sagrario. Únete a la caravana de los adoradores para no perder al Jesús que llevas en ti. Únete a la Caravana de los penitentes. Únete a la caravana de los que oran con fe. De la mejor manera su liturgia de las Horas. Dios quiere despertarte. Dios quiere despertarte y llamarte para que te unas a esa caravana. José vio esa oportunidad y tomó esa decisión. Qué hermoso ver que José protege a Jesús y protege a María. No te quedes sin María. Hay una presencia de la Virgen en tu vida. Hay una historia de cariño, de amor, de devoción que tú tienes con María.

Entonces hay que cuidar a María que cuida a Jesús. Hay que cuidar a Jesús, que santifica a María. Quedémonos con ese pensamiento en este día. Hay medios, José tal vez ya se había acostumbrado. Después de unos días en Belén, ya se había acostumbrado al ruidoso paso de los camellos y los comerciantes. Pero el ángel le dijo: Ahí está tu salvación. Te has acostumbrado y ya no lo ves. Cuando uno se acostumbra a algo, ya no lo ve. La famosa frase de Fray Luis de Granada. El sol con ser tan hermoso. Hay días que no tiene quien lo mire. Nos acostumbramos, nos acostumbramos a que hay sagrario, a que hay Hora santa, que hay liturgia de las horas, a que hay Eucaristía. Nos acostumbramos a las devociones, nos acostumbramos a la rutina.

Como José ya se había acostumbrado al ruido de los camellos y los beduinos y los comerciantes. Pero un día el ángel le dijo: Ahí está tu respuesta. Y José se unió a la caravana y se rescató la vida de Cristo. Conserva al Cristo que hay en ti. Conserva la vida que hay en ti. Atiende a la voz del ángel. Responde a la voluntad de Dios.

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