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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Razones por las que los Inocentes asesinados son llamados santos.
Homilía sino002a, predicada en 19961228, con 16 min. y 24 seg. 
Transcripción:
Estos acontecimientos que nos narra el Evangelio son tan tristes como comunes. Hay que saber que los niños son el gran enemigo de los poderes humanos. Cuando estos poderes se convierten en un absoluto. Seguramente recordamos como el Faraón, el rey de Egipto, cuando vio que Israel prosperaba. La brillante idea que se le ocurrió fue matemos a los niños. Matemos a los niños. Esta ha sido la consigna de los poderes en esta tierra. Matemos a los niños. Acabemos con los niños. Están creciendo las demandas de justicia del Tercer Mundo así llamado contra el mundo desarrollado, así llamado. Es pensable establecer políticas de ayuda de formación humana no, matemos los niños. Matemos a los niños. Esterilicemos a las mujeres. Esterilicemos a los hombres. Que no lleguen. Que no vengan. Y si vienen, que mueran. Inflexibles ante los niños fueron Platón y Aristóteles. Platón decía que para conservar el bienestar de la República era necesario que no hubiera demasiados niños y si se pasaba cierta cuota, se pasaba cierto porcentaje, había que matar a los niños. Y Aristóteles afirma lo mismo. Parecen tan débiles los niños y los hombres son tan indefensos. Y lo parecen, y sin embargo son el gran enemigo. En realidad, si miramos en la Sagrada Escritura, y si recordamos en nuestra propia historia los niños y Dios tenía parte. La muerte y el poder, por otra parte. Parecen ser enemigos irreconciliables. No deben nacer, no deben venir. Y si vienen, han de irse. Esto quiere decir que esta fiesta de los Santos Inocentes nos compromete a luchar por la vida y por lo tanto luchar contra la muerte, especialmente contra la muerte de los niños. Uno no puede celebrar la fiesta de los Santos Inocentes y aprobar los abortos, ni recomendar el aborto. Uno puede celebrar esta fiesta y ser tan estúpido de apoyar luego campañas de planificación familiar. No se puede celebrar lo que estamos celebrando hoy y creer que esas son soluciones. Obviamente alguien podrá decir los dramas y la familia que ya tiene diez hijos. Y si yo estoy de acuerdo. Estoy de acuerdo. Estoy de acuerdo. Es difícil. Es duro. Pero nada aplaza tanto las soluciones reales como las soluciones ficticias y las campañas de esterilización, las campañas abortivas, los métodos artificiales de planificación y todo aquello con soluciones ficticias y soluciones ficticias, las que no dejan ver los problemas reales, es decir, los problemas de terrible desigualdad e injusticia. Matemos a los niños. Esa es la consigna. Por consiguiente, esta festividad tiene una dimensión sumamente práctica y es abrir los ojos ante el poder y por favor, no ser idiotas útiles del poder aprobar, facilitar, conectar las soluciones ficticias es aplazar las soluciones reales. Bien, pero yo me he apresurado a sacar la consecuencia y no hemos hablado suficientemente de la causa de las circunstancias en que se dio esta muerte. Herodes reinaba en Jerusalén y se da cuenta. Pero esto es más o se da cuenta de que ha nacido un rey en Judea. Siente amenazado su poder. Manda a matar a los niños. Cuántos niños dicen los estudiosos del asunto que no debemos pensar en miles de niños ni en centenares de niños. Dicen que el número de estas muertes que parecen, con toda probabilidad de haber sucedido históricamente, el número de estos muertos puede estar entre los diez, veinte o treinta niños. Un número ridículamente pequeño si se piensa en el número de niños que mueren de hambre El número de niños abortados y en tantas otras muestras de la crueldad, la insensatez humana. Los procedimientos de Herodes eran bien conocidos. Hombre descaradamente cruel, supersticioso, miedoso, inseguro, impulsivo, astuto, mentiroso. Con un testimonio sobre el modo de ser de él. Una pregunta distinta es ¿Por qué se les llama santos a estos bebés asesinados? Una persona al fin y al cabo pues, en ese camino de santidad, por lo visto tiene que gastar bastante tiempo, hacer un itinerario. Estos niños no hicieron nada. La pregunta tal vez le suene rara a alguien, pero es una pregunta válida ¿porque llevamos santos inocentes? Este es el resultado de este crimen. Sobre eso hay varias explicaciones bien bellas. Te voy a contar tres explicaciones de por qué se les llama santos a estos bebés asesinados. La primera, porque la santidad no está tanto en el hacer. No es el hacer lo que nos santifica, más nos santifica el padecer. La máxima manifestación de la santidad de Cristo no estuvo en sus milagros que hizo muchos, sino en su pasión. Y si uno piensa en Cristo en la cruz, Cristo en la cruz no hizo muchas cosas, solo padeció, y esto es bebés padecieron. Una segunda razón o explicación es que la santidad no es simplemente una especie de medalla que se le pone a las personas por haberse portado bien toda la vida, santa. La santidad no es una medalla. La santidad es una gracia, es un regalo. Un santo que se llama Quod Deus vult que es una frase. El nombre de él es una frase. Quod Deus Vult es una frase en latín que significa: lo que Dios quiera el querer de Dios. Así se llama el hombre Quod Deus vult el Deus, pero después de decir el sermón que el oficio de lectura de la Liturgia de las Horas le traen el día de hoy. Quod Deus vult hace un hermoso elogio sobre la gracia. La santidad es una gracia. Cuando se reflexiona, como lo hemos hecho hoy en todos estos caminos de la santificación. A veces uno tiene la ilusión óptica de que la santidad es sobre todo el esfuerzo de uno. No. La santidad es un regalo. Pero la tercera razón histórica y bastante dramática es que la sangre de estos bebés detuvo la espada de Herodes. El charco de sangre que dejaron ellos frenó la sevicia loca. La estúpida crueldad de Herodes se frenó en esta sangre y por eso ellos se convirtieron como en una cortina no de humo sino de sangre que permitió que huyera al triunfo. Cristo. Es muy triste. Muy triste. Que haya tenido que haber una cortina de sangre. Que detrás de esa cortina se hubiera escapado el Mesías. Yo casi no puedo hablar de eso porque me duele mucho. Que esa sea la vida de Cristo desde el principio. Eso no le pasa a ningún bebé. Tan odiado, tan excluido, tan rechazado. De noche y en pobreza lo recibe el mundo y de noche y a patadas lo saca su ciudad, dejando atrás una estela de sangre. ¿A qué mamá le toca eso? Vivir así. Vivir así con su niño. Dejando los ecos desgarradores. anímicos. Un día, María y Jesús hablaron de este asunto. Y yo sé que ese día, cuando ellos hablaron, Jesús entendió que ese furor y ese odio un día lo iban a alcanzar a él. Cristo nació y camina y avanza por esta tierra, y detrás de él perros rabiosos le persiguen para acabarlo. No olvide que tiene su origen en lo profundo del infierno en Satanás mismo y que utiliza como instrumentos a locos crueles como Herodes. Perseguir a Cristo desde el principio. El signo de la muerte perseguirá a Cristo. Ese Cristo no volvió nunca. Y por eso, cuando lo agarraron en el huerto. Él les dijo a los perseguidores: Esta es la hora de ustedes, la hora del poder de las tinieblas. En ese momento los perros rabiosos que por hoy no lo lograron alcanzar. En ese momento, este odio homicida que por hoy le permite vivir y se prensa en la carne de Cristo. Y esa carne que no fue atravesada con una espada, ni muerta con una espada como estos niños de un solo paso. Fue martirizada y desgarrada hasta no parecer humana. Esa es la vida del Mesías. Esa es la vida de la Virgen. Esa es la vida del Salvador. Pero no decimos esto para elogiar lejos de nosotros. No decimos esto para elogiar al mal, ni para reconocerlo, ni para tributarle honor alguno. Decimos esto para agradecer una vida redentora, una vida salvadora, una vida generosa. Vemos a lo que vino. Vino a amar y se hizo desde dolor hasta la cruz. ¡Qué maternidad tan dolida la de la Virgen! Que vemos a María rodeada de honor. Rodeada de ellos el día de la Anunciación. Pero en este día sentimos el palpitar apresurado de tu corazón que huye a medianoche esquivando la muerte. Pero hoy la Virgen te va a abrazar a su niño y protegerlo. Pero hoy pueden escapar, aunque sea a Egipto. El día la cruz ya no puede escapar y a ella no le puede abrazar. Ya no se le puede llevar a Egipto. Ya solo le pueden mirar y entregar y ofrecer. Pero ese dolor y por ese amor sobre todo. Yo te pido, María Santísima, que hagas nuestros corazones conforme al Corazón de Cristo. Por ese dolor, por esas prisas y esa noche yo te suplico, María, que el Evangelio se adueñe de nosotros. Dice el Papa Juan Pablo Segundo: Que el comprendemos poco del misterio de la Cruz y hacemos en cierto modo inútil el amor de Cristo. Hay un grito del libro del Papa Juan Pablo. Él lo dice en latín: Non era inutile crucis Domini. Bien, eso se puede traducir. No puede ser inútil la cruz del Señor. No puede ser inútil tanto amor, no se puede perder tanto amor. No se va a perder con la ayuda de esa misma gracia en nosotros. Por lo menos no queremos que se pierda. No queremos que se pierda esa sangre. No queremos que sea inútil esa gracia. Porque este Cristo. Este Cristo que un día escogerá los brazos de la cruz en reemplazo de los brazos de la Virgen. Este Cristo nos ama demasiado. Y su amor es poderoso y sabio. Me fío de ese amor y os invito, hermanos, a fiarnos de ese amor, a regalarnos a ese amor.

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