Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La Carta de Santiago nos muestra que la fe cristiana es verdadera, no se rige por el mundo y se expresa en obras. Una fe viva transforma la vida propia y la de los demás.

Homilía sfys022a, predicada en 20260504, con 6 min. y 57 seg.

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Transcripción:

El cuatro de mayo en Colombia y en otros lugares celebramos a los Santos apóstoles, Felipe y Santiago. Lo primero que hay que recordar es que este Santiago, es llamado Santiago el menor era pariente de nuestro Señor Jesucristo, podemos decir primo y además es el autor de la Carta de Santiago que tenemos en el Nuevo Testamento. Sobre esa carta, particularmente quisiera detenerme en esta oportunidad porque el cristianismo, el modelo de fe cristiana que nos presenta la Carta de Santiago, tiene características tan únicas y tan necesarias en nuestro tiempo que yo creo que vale la pena subrayarlas.

Yo lo resumiría en tres palabras. Se trata de una vida cristiana ante todo sincera, una vida cristiana en la verdad, esa es la primera característica. Y por eso hay expresiones como no te hagas ilusiones o expresiones como no te fíes de tus riquezas o expresiones como tu fe puede estar muerta. Es decir, que es una carta que nos conduce por el camino, llamémoslo de la exigencia. Exigencia en términos de sinceridad, exigencia en términos de sinceridad. Que nuestra fe sea de verdad, que nuestra vida cristiana sea de verdad. Esto es. Esto es clave, esto es fundamental.

Segundo, nos enseña la Carta de Santiago que nuestra vida cristiana se rige por parámetros que son muy distintos a los del mundo. Nuestra vida cristiana no puede tomar como referencia lo que el mundo valora tanto. Por ejemplo, sabemos que el mundo valora la apariencia. Sabemos que el mundo valora la seguridad que dan las riquezas. Esto es muy propio de la valoración del mundo, pero no es para nosotros, porque frente a ese pedestal en que solemos poner a las personas que son poderosas o que son adineradas, la Carta de Santiago tiene palabras durísimas. Tal vez la más dura de todas es cuando dice a los ricos de este mundo, les aviso que ustedes se han cebado para el día de la matanza. Ese es un latigazo. Es una palabra durísima. No está diciendo que sean malas las riquezas, pero claramente sí nos está enseñando el peligro de apoyarnos en eso que el mundo valora tanto. El mundo se guía por las apariencias. Nosotros no. Nuestra fe cristiana no es mundana. Entonces lo primero es la sinceridad.

Lo segundo es no te dejes llevar por los criterios del mundo. Y hay un tercer elemento y es nuestra fe tiene obras, nuestra fe actúa. Tal vez esa es la frase más conocida de la Carta de Santiago: La fe sin obras está muerta. Y esto normalmente se interpreta en clave de necesitamos ser coherentes. Está bien dicho. Necesitamos que la fe tenga un impacto en la sociedad. Está bien dicho. Pero va más allá. Va más allá. Sobre todo consiste la afirmación de Santiago en una advertencia para que no nos dejemos llevar por la idea de una fe puramente interior. Como nadie puede saber lo que hay dentro de mí, como nadie puede saber qué relación tengo yo con Dios, entonces nadie puede meterse en mi vida. Frente a ese sofisma, frente a ese engaño que pretende presentar una fe, una fe totalmente solipsista, una fe totalmente intimista, subjetivista.

Santiago dice no, no, tu fe tiene que salir, tu fe tiene que notarse. Y es una enseñanza que también nos dicen otros escritos del Nuevo Testamento. Cristo nos decía: No todo el que me diga Señor, Señor, entrará en el Reino de los cielos. Hay que hacer la voluntad del Padre. San Pablo dice: La fe obra por el amor. Algunos, por ejemplo Martín Lutero, pretendían oponer la enseñanza de Pablo y la de Santiago sobre este tema de la fe y las obras. Pero no hay contradicción cuando San Pablo dice: que las obras no nos van a salvar. Se refería básicamente a las obras de la ley de Moisés. Pero el mismo Pablo dice: que la fe tiene que mostrarse porque la fe obra por el amor. También la primera carta de Juan dice: que el que dice que está en Cristo debe obrar como obró Cristo. O sea, de nuevo la idea de una fe allá que nadie sabe lo que es la relación que yo tengo con Dios, que lo mío es muy íntimo, que yo tengo aquí una conexión directa. Nosotros no somos gente de conexión directa, esa no es la fe cristiana.

La fe cristiana sale, la fe cristiana se expresa, la fe cristiana se proclama y transforma tres elementos entonces de la Carta de Santiago, que yo creo que siempre es útil recordar que nuestra fe cristiana es sincera, que no es mundana y que tiene siempre ese elemento fundamental, se traduce en obras y transforma vidas.

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