Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La Iglesia es apostólica por 3 razones: (1) se fundamenta en el testimonio y la vida de los apóstoles; (2) ha sido enviada para llevar el Evangelio a todas las naciones; (3)tiene multitud de obras también llamados apostolados.

Homilía sfys017a, predicada en 20200504, con 23 min. y 23 seg.

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Transcripción:

Mis queridos hermanos, las celebraciones de los apóstoles inmediatamente nos invitan a recordar esa parte del Credo, el Credo, que a veces llamamos credo largo, el Credo Niceno constantinopolitano, en el cual se dice: Creo en la Iglesia que es una santa, católica y apostólica. Estamos celebrando hoy dos apóstoles Felipe y Santiago, Santiago el Menor. Y por eso recordamos que en el Credo siempre hemos dicho: Creo en la Iglesia que es una santa, católica y apostólica. Qué queremos decir con esto de que la Iglesia es apostólica, hay tres sentidos principales y la fiesta de hoy nos invita a recordar estos sentidos. En primer lugar, la Iglesia es apostólica porque se funda sobre el testimonio, testimonio heroico, testimonio hasta la sangre casi en la totalidad de los apóstoles. La Iglesia es apostólica porque se funda en la vida, la santidad y el testimonio de doce apóstoles. Por eso la Iglesia es apostólica. Es la primera razón. En segundo lugar, la Iglesia es apostólica, porque el verbo apostello en griego quiere decir poner en camino, enviar y la Iglesia es enviada. La Iglesia ha sido enviada a todas las naciones, a todas las personas, a todas las culturas. La Iglesia es enviada y no puede renunciar a su vocación de evangelizadora sin renunciar a su propio ser.

Siempre me llamó la atención aquella frase preciosa del Papa hoy felizmente canonizado, San Pablo VI. Lo decía Pablo VI la Iglesia existe para evangelizar. Entonces, primer sentido de la frase la Iglesia es apostólica, es apostólica porque se funda sobre los apóstoles. Segundo, la Iglesia es apostólica porque según la etimología de apóstol y del verbo apostello, la Iglesia es enviada, enviada es evangelizadora. Tercer sentido de la palabra apostólica. La Iglesia es apostólica porque tiene obras específicas en las cuales realiza su misión. A esas obras las llamamos apostolados. Por ejemplo, la Iglesia tiene colegios, la Iglesia tiene lugares de atención a enfermos de sida. La Iglesia tiene obras de caridad, muchas veces canalizadas a través de esto maravilloso que se llama Cáritas y que tiene mucha fuerza en muchos países. En mi país no destaca particularmente ese aspecto. Hay otras obras, hay otros apostolados de la Iglesia.

Entonces, resumiendo, la Iglesia es apostólica por estas tres razones que hemos dicho. Es apostólica porque se funda sobre los apóstoles. Es apostólica porque ha sido enviada a todas las naciones, a todos los pueblos, lenguas y culturas, y es apostólica porque tiene apostolados. Con esa claridad veamos un poco más en detalle qué significa eso de que esté asentada sobre los apóstoles. Eso quiere decir varias cosas. Eso quiere decir que lo que nosotros sabemos de Cristo lo sabemos fundamentalmente por los apóstoles. ¿Y qué condiciones había para ser apóstol en el sentido de ese primer grupo, ese primer anillo de testigos? ¿Qué condiciones había? Gracias a Dios las conocemos porque están en la Biblia, están en el capítulo primero del libro de los Hechos de los Apóstoles. Efectivamente, un día, según nos cuenta Lucas, autor del libro de los Hechos de los Apóstoles, un día Pedro se levantó y dijo: Era necesario que Judas se fuera a su propio lugar. Se refiere a Judas Iscariote, claramente. Pero también dice la Escritura que otro tome su lugar. Pedro, al hablar de esa manera, estaba diciendo: No vamos a permitir que la traición de uno arruine el plan que nuestro Señor Jesucristo tenía. Plan que, como sabemos, incluía la restauración de Israel.

Y para decirlo más claramente, la inauguración del nuevo Israel. Por eso, si el antiguo Israel tuvo doce tribus. Cristo quiso que fueran doce los apóstoles, solo que las doce tribus que eran tribus de Jacob, eran tribus que crecían según la generación de la carne y la sangre, es decir, según el afecto humano y según el deseo apenas natural en el ser humano. Mientras que estos apóstoles, los doce que darán origen al nuevo Israel, van a extender ese Israel, no con un amor que brota de la pasión de la carne, sino con el amor que brota de la efusión del Espíritu. Por estas razones, Pedro se levantó aquel día y dijo: Tenemos que reemplazar a Judas, el traidor. Y entonces dio las condiciones para ser apóstol. Y esencialmente la condición básica es, dice Pedro: uno que sea testigo con nosotros. Oiga esto: Uno que sea testigo con nosotros de lo que sucedió desde el bautismo hasta la pasión hasta la cruz hasta la resurrección. Es decir que la condición básica para ser apóstol, en el sentido fuerte de la palabra apóstol, que se aplica ante todo a los doce, la condición básica es uno que pudiera decir este, este que predicó, este que anduvo por Galilea, por Samaria y por Judea, este que pendió de la cruz, ha resucitado. Como quien dice: Yo lo vi y lo traté antes de la cruz. Yo lo vi y lo traté después de la resurrección. Esa es la condición básica, es decir, que tenía que ser una persona que pudiera decir: el Crucificado es el Resucitado.

Donde se ve la insensatez de aquellos, aunque algunos, lamentablemente, sean sacerdotes y teólogos de cierta prestancia que niegan la verdad de la resurrección física de Cristo. ¡Por Dios! si esa era la condición fundamental para ser apóstol y con esa condición se eligió a este hombre de nombre Matías. Matías, cuya fiesta no está muy lejana ciertamente. San Matías Apóstol, el que reemplazó a Judas Iscariote. Entonces de todo esto concluimos que la condición básica para ser apóstol, para ser del grupo de los Doce, es una persona que haya conocido y tratado a Jesús antes de la cruz y haya conocido y tratado a Jesús después de la resurrección y de todos los discípulos, según nos cuenta ese capítulo primero de los Hechos de los Apóstoles, de todos los discípulos, conociendo su vida y testimonio y doctrina, eligieron a dos que fueron Barrabás y Matías. Barrabás, No. -Ahí tengo yo que corregirme y me voy a corregir porque es muy importante que aparezca el nombre de quien fue ese otro, ese otro. Fácilmente se confunde uno, pero me voy a corregir aquí en público, me voy a corregir de cuál fue el otro nombre, porque fueron dos, uno fue Matías, Pedro, necesitamos el nombre del otro y lo vamos a tener aquí en un instante. Entonces dice aquí se levantó Pedro y entonces eligieron, presentaron a dos José llamado Barsabás. Me disculpo. Yo dije Barrabás, mal. Barrabasada mía. Barsabas José. Llamado Barsabás por sobrenombre Justo y a Matías. Entonces, ¿qué significa ser del grupo de los doce? Significa ser testigo de la cruz y de la resurrección.

Y, como hemos dicho antes, que la Iglesia se apoya en el testimonio de los apóstoles, nos damos cuenta que la columna vertebral, el centro de la predicación de la Iglesia, es la cruz y la resurrección, la Pascua del Señor. Si se le quita importancia la cruz, se debilita el ser de la Iglesia. Si se niega, si se diluye, si se esconde, si se interpreta mal el misterio de la resurrección, se destruye el ser de la Iglesia. Pasemos a lo segundo. La Iglesia es enviada, esto es otro significado de aquella frase de que la Iglesia es apostólica. La Iglesia es enviada. Y si la Iglesia es enviada, ¿qué debemos entender? Pues ante todo, volvamos a lo que ya sabemos quiénes somos. Iglesia. Hay un canto carismático. No, yo soy la Iglesia. Tú eres la Iglesia. Somos la Iglesia del Señor. Hermano, ven ayúdame, hermana ven ayúdame. Dice ese canto. Somos la Iglesia del Señor. Entonces no nos vamos a quedar solamente con que la Iglesia y el que tiene que encargarse de la evangelización es el Papa, o los cardenales, o los obispos o los misioneros. Si de verdad por el bautismo somos integrados, como dice el Apóstol San Pedro somos integrados en la construcción de la Iglesia.

Entonces, a quién corresponde eso de que la Iglesia es apostólica en el sentido de que la Iglesia es enviada y es evangelizadora, según la expresión del Papa Pablo VI ¿A quien corresponde eso? A ti, a mí, a todos nosotros. Y por eso es muy importante. Yo lo he comentado algunas veces. Por ejemplo, me gusta hablar de esto cuando celebramos misas de fin de año. ¿Sabes ya cómo se pone la gente? Treinta y uno de diciembre. Vienen tantos recuerdos, a veces nostalgia. La gente hace balance, no? A ver cómo nos fue este año. Pensemos lo que vamos a pensar. Pensemos lo que vamos a evocar cuando llegue el treinta y uno de diciembre de este dos mil veinte. Si Dios nos tiene por aquí en esta tierra, vamos a recordar esta cuarentena y vamos a recordar esta pandemia. Y vamos a recordar los cientos de miles de personas, hombres y mujeres que han muerto en este planeta. Y vamos a recordar las terribles pérdidas económicas. También vamos a recordar cosas bellas al final de esta misa, por ejemplo. Les voy a pasar uno o dos testimonios que me han conmovido, me han conmovido, son bellísimos. Hay gente que está diciendo yo me encontré con Cristo en esta pandemia. ¡Eso es lindísimo!.

Entonces, ¿qué hago yo cuando llega el treinta y uno de diciembre? A veces le digo a la gente pues usted estará haciendo su balance, balance, balance académico, balance económico, balance laboral. Haga también el balance de evangelización. ¿A quiénes? Con nombre y apellido ¿A quiénes acerqué a Jesucristo en este año? A ver, en los últimos trescientas sesenta y cinco días no esperemos, no esperemos al treinta y uno de diciembre, porque además solo Dios sabe cuál será nuestro futuro. Hagámonos la pregunta hoy, hoy. Hoy hagámonos la pregunta: Desde el cuatro de mayo de dos mil diecinueve hasta este cuatro de mayo de dos mil veinte ¿he acercado a alguien a Cristo? La gente que tengo cerca ¿la he acercado a Cristo? Lo que dice mi ser ¿y mi hacer ha acercado gente a Cristo? Eso hay que preguntárselo. Y eso incluye muchas cosas. Eso incluye tus redes sociales. Entonces tú tienes que preguntarte, por ejemplo, en eso de redes sociales, ¿mi presencia en redes sociales acerca a la gente, a Dios? No quiere decir que uno tenga que estar todo el tiempo haciendo homilías, sermones y poniendo mensajes religiosos. No, no. Pero miremos el conjunto de tu presencia. Miremos lo que tú eres, lo que tú presentas. ¿Eso acerca a la gente, a Cristo? o de quién eres testimonio, de qué tipo de vida eres, testimonio de qué valores eres testimonio, ¿cuáles virtudes o vicios brillan en tu manera de presentarte? ¿Por qué insisto tanto en redes sociales? Porque muchos de ustedes y también este servidor y Dios tenga compasión de mí porque es una responsabilidad.

Muchos de ustedes tienen cientos, tienen miles, tienen decenas de miles de seguidores, gente que está atento, gente que está atenta a sus mensajes, a sus palabras, a sus fotos. Ustedes se imaginan la responsabilidad de una persona y eso me atañe a mí. Pues así están las cosas por misericordia de Dios. Según me informan, son algo más de doscientos treinta mil suscriptores en este canal de YouTube. ¿Qué hago yo con eso? Humillarme ante Dios. Decirle misericordia, Señor, que yo pueda ser útil, Que yo pueda hacer el bien porque es una gran responsabilidad. Pero hay gente que no tiene doscientos treinta mil suscriptores o seguidores. Hay gente que tiene dos millones trescientos mil. Hay gente que tiene veintitrés millones de seguidores. Tus fotos, tus mensajes, lo que tú predicas, qué bien o qué mal le hace a esas personas. Y en el ejercicio de tu carrera, y en tu familia y en tus amigos. Porque la Iglesia es apostólica en el sentido de que evangeliza, evangeliza ¿Y esa Iglesia que, son solo los señores obispos y arzobispos? ¡Claro que no!.

Tercero, la Iglesia es apostólica porque tiene apostolados. Puedo preguntarte ¿cuál es tu apostolado? O puedo preguntarte ¿a qué apostolado estás apoyando? Yo conocí hace un par de años, conocí por referencias a una señora norteamericana, es decir, conocí lo que ella hace porque a ella personalmente no la he conocido. Es una señora que bendito sea Dios, tiene ciertos medios económicos. ¿Sabes lo que ella hace? Como uno de sus apostolados, ella apoya la formación de seminaristas y de sacerdotes. Yo supe de esta señora porque alguien tuvo la generosidad de regalarme un retiro espiritual, un retiro que se predicaba en Estados Unidos y esta persona me regaló todo, desde el pasaje hasta la participación, para que yo pudiera estar en ese retiro. Dios lo bendiga. Supongo que esa persona prefiere que no se diga su nombre, pero me hizo ese regalo. Entonces yo participé en ese retiro espiritual en Estados Unidos, lo recibí y en ese hermoso retiro espiritual, pues estábamos más de cien sacerdotes, entre ellos varios de África, y por esos sacerdotes supe que ellos habían sido invitados. Así como esta persona que les digo me invitó a mí desde Colombia para que fuera ese retiro espiritual. Muchos sacerdotes, muchos significa, no sé si eran cinco, siete u ocho, pero eran bastantes. Habían sido invitados con todos los gastos pagos desde sus países de África, desde Nigeria, desde Kenia, desde Uganda. Habían sido invitados con todos los gastos pagos para desplazarse hasta Estados Unidos y participar de este retiro espiritual. Eso vale muchos miles de dólares. Y esta señora tiene ese apostolado. Ella ayuda a seminaristas y ayuda a sacerdotes. No todo el mundo tiene las decenas de miles de dólares que se necesitan para eso.

¿Pero tú tienes algo cierto? Tú tienes tiempo, Tú tienes talento. Tú tienes posibilidades. Tú. ¿Qué estás haciendo tú? ¿Qué apostolado participas? No solo dando dinero. Hay que dar tiempo. Hay que dar talentos. Hay muchas personas que ponen lo que tienen al servicio de Dios. Eso es participar de un apostolado. Qué fácil es muchas veces para nosotros católicos sentarnos cómodamente en nuestro sofá y decir ¡Oh, qué podrido está el mundo, qué mal está el mundo, qué cosas las que pasan en el mundo! ¿Pero no habrá alguien que haga algo? ¿Y tú? ¿Cuál es tu apostolado, que supongo que haces con otras personas? ¿En dónde estás ayudando tú? No, lo que pasa es que la gente es muy hipócrita. Yo si estaba ayudando en la iglesia. Pero es que la gente es muy hipócrita. Entonces yo ya no ayudé más. ¿Te parece bonita esa explicación? ¿Te parece bonito eso? Precisamente más allá de los límites que todos tenemos, estamos llamados a participar de los apostolados. Y es necesario que tú digas: Yo estoy ayudando en esto, en esto. A ti no te parece terrible. A mí me lo parece.

¿No te parece terrible estar uno muriéndose y pensar yo en qué ayudé? ¿Específicamente, en qué? Sí, en la segunda acepción de la palabra apostolado. Nos preguntábamos. O Iglesia apostólica. Si en la segunda acepción de Iglesia apostólica nos preguntábamos ¿a quién ayudé? En esta tercera acepción nos estamos preguntando ¿En dónde ayudé? ¿Qué? ¿Qué favorecí? ¿Qué apostolado fortalecí? ¿Cuál fue el apostolado que yo fortalecí? Eso hay que preguntárselo. Y si uno no tiene una respuesta, uno está mal en la vida. Y es terrible que te estés muriendo y que tú muriendo no tengas respuesta a esas preguntas. ¿A quién ayudé? ¿En dónde ayudé? ¿En dónde? Hay una empresa financiera aquí en Colombia que utiliza o ha utilizado muchas veces la expresión Ponga su dinero a trabajar. Tráigalo aquí. Ponga su dinero a trabajar. ¿Dónde? ¿Donde trabajaron tus talentos? ¿Donde tu dinero trabajó para la casa de Dios? ¿Dónde? ¿Dónde fue eso? No esperes de caridad.

No esperes a que llegue la hora de la muerte para decir dónde ayudó mi dinero. Pues no sé. Pues un poco, yo ayudaba a mi familia. Supongo que tenía que ayudar a la familia. Cuidado, porque también existe egoísmo de familia. Todo para nosotros. Todo para nosotros. Aquí nosotros con nosotros. No nos dice el Papa Francisco. Y es de las cosas que yo más le celebró. No nos dice el Papa Francisco que hay que salir Iglesia en salida. Este es un programa de vida, salir del egoísmo que uno tiene. Hay que saber salir de ese egoísmo, hay que salir del egoísmo que a veces a uno se le mete y ese egoísmo también existe. Es el egoísmo de pareja. Cuidado, porque también hay egoísmo de pareja y hay egoísmo de familia. Y hay egoísmo de mi grupito, El mío, mío, mío, mío. Nosotros cuando nosotros nos apoyamos y nosotros para nosotros y nos quedamos como los mosqueteros. Uno para todos, todos para uno. Nosotros con nosotros. No, señor.

Entonces esta fiesta, precisamente porque nos recuerda la dimensión apostólica de la Iglesia, ¿Nos invita realmente a reflexionar? ¿Me estoy apoyando en el misterio de la cruz y la resurrección? ¿A quiénes estoy ayudando con el Evangelio de Cristo? ¿En dónde? ¿Qué obra estoy apoyando? Son preguntas que no debemos esquivar más. Son preguntas que deben movernos a verdadera conversión, a una vida nueva. Así sea.

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