Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Encontramos vivo y presente a Cristo en las Escrituras, en la comunidad cristiana, en la Eucaristía, en los necesitados, a través de la oración; viendo a Cristo encontramos a Dios Padre.

Homilía sfys015a, predicada en 20190504, con 4 min. y 55 seg.

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Transcripción:

El cuatro de mayo en Colombia y en otros lugares se celebra la Fiesta de los Apóstoles Felipe y Santiago. Siempre conviene recordar que este Santiago, al que celebramos el cuatro de mayo en Colombia, el tres de mayo, en otros lugares, es Santiago, llamado el menor, que era pariente de nuestro Señor Jesucristo, primo, entiendo yo. Santiago el menor, es el que escribió la carta de Santiago que tenemos en la Biblia. Santiago, el menor, fue cabeza visible de los cristianos en Jerusalén, podríamos decir, fue el primer obispo de Jerusalén. Felipe, por su parte, es aquel que aparece en el Evangelio de hoy, que fue tomado del capítulo número catorce de San Juan. La súplica de Felipe. Seguramente, sin saberlo él mismo, resume los anhelos del corazón humano. Este apóstol le dice a Cristo: Muéstranos al Padre y eso nos basta.

Si lo piensas bien, ese es el anhelo más profundo del corazón humano. Muéstranos al Padre. Toda nuestra vida cristiana es un camino. Santo Tomás de Aquino dice que cada una de las decisiones que tú tomas y cada una de las acciones que realizas es como un paso que das. Y esos pasos que vas dando hacia dónde te conducen. Solo hay dos posibilidades o te conducen al abismo o te conducen a la patria, a la casa de Dios, a la contemplación de su rostro. De manera que cuando el apóstol Felipe dice: Muéstranos al Padre. Seguramente está tratando de entender de un modo muy material, muy terrenal, todo ese lenguaje que Cristo utilizaba. Con frecuencia Cristo hablaba mucho del Padre, el Padre.

Entonces Felipe le dice: Muéstranos al Padre. Pero en sus palabras, repito, hay una trascendencia que va más allá de lo puramente material y corporal. Es el anhelo del corazón humano y la respuesta de nuestro Señor Jesucristo no se queda corta. Hace tanto tiempo que estoy contigo y no me conoces, Felipe. Tanto tiempo que estoy con ustedes y no me conocen. El que me ha visto a mí ha visto al Padre. Así habla Cristo. Estoy seguro que algunos de nosotros nos preguntaremos. De acuerdo, se entiende esa respuesta para Felipe. ¿Pero qué queda para mí? Para nosotros, que hemos nacido en una época en la que ya todos estos acontecimientos se han consumado. Ya el Señor murió en la cruz, ya resucitó y ascendió a los cielos. ¿Qué queda para nosotros? Entonces la pregunta cambia ¿Cómo ver a Cristo en nuestros días?. Y sí que podemos verlo, porque Él está vivo y presente. Lo encontramos vivo y presente en las Escrituras. Lo encontramos vivo y presente en la comunidad cristiana. Donde dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí estoy yo, dice el Señor. Lo encontramos vivo y presente en los sacramentos, sobre todo en la Eucaristía. Aquellas grandes almas eucarísticas han visto el misterio de Cristo, y en el misterio de Cristo han sentido toda la proximidad del Padre. Podemos encontrarnos con Cristo en la persona de los necesitados, porque Él mismo dijo lo que hicisteis a uno de estos mis humildes hermanos, a mí me lo hicisteis. Si podemos ver a Cristo, podemos ver a Cristo y encontrarnos con Cristo a través de la oración sincera.

Por eso el mismo Cristo dice: El que cree en mí, permanece en mí, y yo en él. Podemos ver a Cristo, y viendo a Cristo, podemos encontrar en él la revelación de Dios Padre como lo deseo, como lo pidió el apóstol Felipe.

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