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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
¡Toma tu fe cristiana en serio y vívela en profundidad!
Homilía sfys014a, predicada en 20180504, con 5 min. y 53 seg. 
Transcripción:
En muchos lugares, celebramos el día cuatro de mayo la fiesta de los Santos Apóstoles Felipe y Santiago. Sabemos bien que hay dos apóstoles que llevan el nombre de Santiago y también sabemos que la palabra Santiago es una contracción contracción entre Santo y Jacobo Santiago. De ahí viene Santiago. Pero hay dos Santiagos. Se le suele llamar Santiago el Mayor y Santiago el menor. Santiago el mayor es el hermano del evangelista Juan. Ese Santiago, el mayor, es el que predicó en España. Es aquel que se venera en el santuario de Santiago de Compostela. Compostela quiere decir el campo de las estrellas. Santiago, el mayor, es el hermano de Juan Evangelista. Es el del Santuario de Santiago de Compostela en España y es el que dio primero que los demás apóstoles su sangre por Cristo. Fue decapitado por Herodes. Ese Santiago, el mayor, pero el que recordamos hoy es Santiago el menor. Santiago el menor, también llamado Santiago, el de Alfeo. Es el autor de la carta que lleva su nombre en el Nuevo Testamento. Y yo creo que esta es una buena ocasión para recordar cuáles son los temas centrales de esa carta. Una carta que es dura de leer porque el lenguaje que utiliza es más bien fuerte. Podríamos decir que es rudo y con alguna frecuencia uno se siente como frente a alguien que a toda costa quiere arrancarle las mentiras en las que uno ha vivido. Es como si todo el tiempo Santiago nos estuviera diciendo Quítate las máscaras, quítate los engaños y toma en serio tu fe. De hecho, a mí me pidieran que sintetizara la carta de Santiago. La frase que yo diría sería ésa: Toma en serio tu fe, aprópiate de la fe y vívela con profundidad. Vívela con radicalidad. Eso es lo propio de esta carta. Y los distintos temas tienen que ver con esa realidad maravillosa que llamamos la vida nueva en Cristo, la vida cristiana. La dedicatoria de esta carta va a las doce tribus de Israel en la diáspora, que es un modo de decir que este apóstol está escribiendo a todos los cristianos al nuevo Israel dondequiera que se encuentre. Por eso es una carta que repito cada uno de nosotros tiene que hacer suya y luego nos habla de muchos temas. Nos habla, por ejemplo, de tener mucho cuidado con el uso de la palabra tener cuidado con eso, porque muchas veces con nuestras palabras podemos causar un gran daño, no solamente porque demos un mal consejo, no solamente porque insultemos, sino porque a través de nuestras palabras nosotros formamos también conceptos sobre cómo son las personas y así también las tratamos, lo cual es otro tema muy importante en esta carta. Cómo tratamos a las personas. Nos pone en guardia la Carta de Santiago en contra de lo que se llama acepción de personas. Acepción de personas es una expresión relativamente técnica que aparece en la Biblia y que quiere decir el tratar a las personas de modo distinto, pero basándonos en criterios puramente humanos o mundanos. El ejemplo que nos da la carta de Santiago es Mira lo que sucede cuando llega una persona rica y una persona pobre a la asamblea cristiana y dice al rico ustedes le dan un puesto de honor, ven, siéntate aquí, por favor, acompáñanos. Lugar de honor al pobre, quédate por ahí, no estorbes. Entonces quiere decir que un criterio que no es de Dios, que no tiene que ver con la fe ni con la respuesta a la gracia. Un criterio que es puramente mundano, que es el criterio del dinero, lo estamos poniendo por encima de la obra de Dios. Eso es lo que se llama acepción de personas. Y la Carta de Santiago nos pone en guardia contra ese comportamiento. Por la misma razón también nos pone en guardia contra tantas codicias que tenemos, porque muchas veces en lo secreto de nuestro corazón medimos la obra de Dios en nosotros con cosas como la prosperidad. Hay muchos grupos protestantes y quizás algunos católicos también. En donde se mira la obra de Dios en términos de prosperidad, como quien dice si las cosas me van bien, si todo está saliendo en orden, entonces quiere decir que Dios me está bendiciendo. Pero si llega la persecución, si llega la contradicción, si llega la ruina, si llega el fracaso económico, entonces quiere decir que Dios no me está bendiciendo. Esa manera simplista e irresponsable de medir la fe cristiana es criticada en esta Carta de Santiago. Repito, la síntesis es muy sencilla y es muy profunda y es siempre actual. Ten cuidado, no vaya a suceder que tomes tu fe cristiana únicamente como un parche para ciertos momentos de tu vida. Toma tu fe en serio y vívela en profundidad. Mensaje de la carta del Apóstol Santiago. Santiago el menor.

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