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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El apóstol Santiago denuncia el pecado, nos referencia qué es lo bueno y lo malo y nos exhorta a llegar a las obras.

Homilía sfys012a, predicada en 20160504, con 5 min. y 32 seg.

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Transcripción:

En muchos lugares, especialmente de América. El día cuatro de mayo se celebra la fiesta de los Santos Apóstoles Felipe y Santiago. Este Santiago es Santiago, llamado el Menor. Es el autor de la Carta de Santiago que aparece en nuestras Biblias. Si miras en el Nuevo Testamento te vas a encontrar después de los Evangelios, los Hechos de los Apóstoles y después de los Hechos de los Apóstoles. Viene toda una serie de cartas. Fundamentalmente cartas de San Pablo en número de catorce. Y luego hay otras cartas. La carta a los Hebreos, dos cartas de Pedro, una carta de Judas, una carta de Santiago y tres cartas de San Juan. Después de todas esas cartas, tanto las de San Pablo como las de los demás apóstoles, entonces vamos a encontrar el libro del Apocalipsis. Esa es la distribución del Nuevo Testamento.

Así que una de las cartas que está entre los veintisiete libros del Nuevo Testamento es la carta de Santiago. Pero hay dos Santiagos. Bueno, este el de la Carta de Santiago, llamado el menor Santiago. El mayor es el hermano del apóstol San Juan, porque entre los discípulos de Cristo había dos parejas de hermanos. Simón y Andrés eran hermanos. Juan y Santiago eran hermanos. Santiago, hermano de Juan, que como él era pescador en el lago de Galilea. Ese Santiago es llamado Santiago el mayor es el gran apóstol y patrono de España, Santiago el mayor. Su fiesta es en otro momento. Por ahora estamos hoy recordando a Santiago el Menor y con toda la venia y respeto hacia el apóstol Felipe. Quisiera destacar unas dos o tres cosas sobre esa carta de Santiago. Lo primero que nos llama la atención, seguramente en la Carta de Santiago, que ya ha explicado Santiago el Menor, lo primero que nos llama la atención es que el lenguaje es sumamente duro.

Es un lenguaje rudo, especialmente cuando se trata de denunciar el pecado, cuando se trata de hablar de todo lo que nosotros cometemos, por ejemplo, con nuestra boca, con nuestra lengua. El peligro de las calumnias, el peligro de la murmuración. Cosas que el Papa Francisco nos ha recordado con su estilo propio. Esa clase de pecados los denuncia de una manera muy fuerte el apóstol Santiago, Santiago el menor. Luego, otra cosa que nos llama la atención es cómo nos habla sobre la necesidad de ser fieles a la ley de Dios. Esto puede ser nuevo porque parecía ya desde antiguo, ya desde los primeros tiempos de la Iglesia. A algunos les pareció que el tema de la ley ya había desaparecido. Es decir, como ya nosotros no somos judíos sino cristianos y la ley fue dada a los judíos, entonces ya no importa la ley.

Pero resulta que Santiago, el Menor, nos habla del camino de la ley perfecta y en ese sentido, esta carta de Santiago va muy de cerca en el estilo del Evangelio de San Mateo, donde Cristo dice: Yo no he venido a abolir la ley, sino a darle plenitud. Yo sé que ese no es el lenguaje más popular hoy. Yo sé que para muchas personas hoy el tema de la ley es un tema anticuado, pero es que resulta que sin una referencia clara, externa, comunitaria, sobre lo bueno y lo malo, simplemente quedamos en manos del capricho. Y el apóstol Santiago, Santiago el menor, lo digo por última vez, nos está recordando a través de su carta que necesitamos referencias claras sobre lo bueno y lo malo. Habrá circunstancias personales, habrá situaciones específicas, pero la gran referencia sobre el bien y el mal definitivamente la recibimos y la aprendemos a través de una predicación pública y eso es lo que nos ofrece la ley.

No quiere decir que tenemos que repetir los rituales de la ley de Moisés, porque había aspectos que eran temporales dentro de esa ley. Pero yo creo que este es un hecho bien importante. Y en tercer lugar, siempre en ese tono fuerte que tiene la Carta de Santiago, nos está recordando que hay que llegar a las obras, que no nos quedemos simplemente en los sentimientos, que no nos quedemos simplemente en la subjetividad de yo creo, yo tengo una gran fe. Yo vivo mi fe a mi manera. Nos dice claramente este apóstol en su carta: La fe sin obras está muerta. De modo que yo digo que la Carta de Santiago es como una especie de despertador. Es como un documento que nos está invitando a tomar en serio nuestra fe y que nos está diciendo si de verdad, de verdad eres lo que dices que eres, se te tiene que notar. Tiene que verse que eres de verdad cristiano.

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