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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Los nombres mismos de los apóstoles, como sucede hoy con Felipe y Santiago (Jacobo, Jacob), indican una pluralidad querida por el mismo Cristo, como camino hacia la unidad.

Homilía sfys009a, predicada en 20130504, con 8 min. y 36 seg.

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Transcripción:

Queridos hermanos. Hay dos ocasiones en el año litúrgico en que celebramos simultáneamente a dos apóstoles. Hoy tenemos a Felipe y a Santiago. Este Santiago llamado el menor, porque Santiago, el Mayor, el hermano de Juan, se celebra en momento distinto. Es aquel que murió mártir, el que fue decapitado. Así que hoy tenemos a Felipe y Santiago, el menor. Y hay otra ocasión, allá en octubre, en que recordamos a dos apóstoles, también a Simón y a Judas Tadeo. Una cosa interesante que tiene la fiesta de hoy es que si uno examina los nombres de estos dos apóstoles de hoy, se da cuenta de la variedad de procedencia, no solo geográfica, sino sobre todo cultural, étnica, incluso que aparece en el grupo de los doce. El nombre de Felipe está asociado a la cultura macedonia. Felipe es un nombre que viene de ese reino de Macedonia porque Filipos. El papá de Alejandro Magno es como el que le dio el realce, le dio la grandeza a ese reino.

Entonces, en el caso del nombre de Felipe, lo mismo que en el caso del nombre de Andrés, se ve claramente una influencia extranjera, una influencia helénica o helenista bastante fuerte, que era sensible en algunos lugares de Galilea hacia el norte. En el otro extremo, en el extremo opuesto, se encuentra el otro nombre, el de Santiago. Sabemos que lo que nosotros tenemos en español con Santiago es en realidad una versión comprimida de San Jacob. El nombre verdadero de este apóstol es Jacobo, San Jacobo y Jacobo es una derivación de Jacob, que es el nombre israelita por excelencia Abraham, Isaac y Jacob. Así que los dos nombres que tenemos hoy son el nombre más Helenizado y el nombre más Hebraísta. El nombre que habla de una tremenda influencia extranjera es Felipe y el nombre que habla de una profunda identidad judía, y ese es Jacobo, al que nosotros en español, por lo menos los católicos, nos hemos acostumbrado a llamar Santiago.

Hay otros ejemplos que muestran de estas distintas procedencias ideológicas, culturales, tal vez étnicas, de los apóstoles, y es un tema interesante. Uno se da cuenta de que en el mismo grupo Jesús quiso que estuviera un hombre, o por lo menos dos de tendencias bastante revolucionarias. Lo que nosotros llamaríamos hoy la izquierda, incluso la izquierda agresiva, violenta, guerrillera. Ese es el caso de Simón el Zelote o el celoso, y muy probablemente el caso de Judas Iscariote. Se sabe que los zelotas eran los que estaban convencidos de que había que dar término a la dominación romana, fuera como fuera, y sobre todo utilizando las estrategias de los Macabeos estrategias guerrilleras. Es la extrema izquierda. Y en el otro extremo tenemos a un publicano que es Mateo y que por lo tanto es el gran colaboracionista, es el gran traidor a la causa hebrea, a la causa judía y es el gran ayudante de los que están dominando el país.

O sea que Jesús quiso dentro de su grupo que estuviera gente de lo que podríamos llamar la extrema izquierda y gente de la extrema derecha. Tenemos por un lado a Simón el Zelote y a Judas Iscariote, que es pura izquierda. Y tenemos por otro lado a Mateo, el publicano, que no ha hecho sino ayudar a el imperio, al Imperio Romano. Tenemos a personas de bastante cultura, de bastante formación, como Bartolomé, que tiene por otro nombre Natanael, y que no ha hecho sino estudiar toda la vida. A eso se ha dedicado y es maestro. Por eso Jesús le dice: Te vi bajo la higuera. Es un hombre de mucho estudio, es un hombre de letras. Pero en el otro extremo tenemos a unos pescadores, gente práctica, pero que probablemente no ha gastado mayor tiempo con los libros. Gente como Pedro o como Santiago, el Mayor.

Yo creo que estos ejemplos pueden ser suficientes para darnos cuenta que en verdad, en esa noche de oración de la que nos habla San Lucas, la noche que precedió a la elección de los doce, Jesús trató de estrechar la red, de lanzarla lo más ampliamente posible para cumplir aquello que Él mismo dijo una vez a los apóstoles: reunir a las ovejas dispersas de Israel. En esos doce hoy, como representantes de tendencias y de características, de educación y de pensamiento tan distintas que no cabe sino concluir que Jesús trató de alcanzar hasta los extremos mismos de lo que había en ese momento. También esto nos hace pensar o nos ayuda a entender de una manera más razonable por qué había tantas dificultades en el grupo y por qué una y otra vez ellos están preguntando Bueno, al fin, ¿quién es el primero entre nosotros? Al fin ¿quién es el que tiene el primer lugar? Tiene el primer lugar la izquierda o tiene el primer lugar. La derecha tiene el primer lugar el intelectual o tiene el primer lugar. El hombre práctico tiene el primer lugar, el que tiene una cultura cosmopolita y está abierto a lo internacional o tiene el primer lugar, el que es raizal y el que tiene convicciones profundas y está bien instalado en las tradiciones de su tierra.

Tenía que haber muchas tensiones y por eso yo considero que hay que despedirse pronto de esa idea de que los dos eran los amigos de Jesús, en el sentido pobre de la palabra, es decir, como una especie de pandilla que se la llevaba bien y la pasaba bien, ellos no la pasaban bien, no hay manera de que la pasaran bien con esas características. Y de hecho los evangelios nos hablan más de las tensiones y de las discusiones entre ellos. Pero Jesús los unifica, Jesús los congrega y Jesús los transforma. De modo que cuando llega, por ejemplo, Pentecostés, aún siendo tan distintos, ya están unidos y ya sienten que, por ejemplo, a través de la voz de Pedro, es el Espíritu el que está hablando lo que ellos mismos quisieran decir, que esta maravillosa diversidad y unidad de los apóstoles sirva también de testimonio y de ánimo para nosotros, porque también nosotros somos muy distintos y también nosotros tenemos la misma tentación de ellos de estar buscando quién es el primero y qué es lo que tiene primacía, si la contemplación o la acción, si tiene primacía la prudencia y la introversión que es propia de ciertos países o regiones, o es mejor el estilo espontáneo y abierto que tienen otras regiones. El ejemplo de los apóstoles, y sobre todo el ejemplo de Cristo, tiene que invitarnos a buscar la unidad sin renunciar a la hermosa riqueza de la diversidad.

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