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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Feliz el que encuentre toda su alegría en Jesús, porque en él ve al Padre.
Homilía sfys006a, predicada en 20120504, con 4 min. y 40 seg. 
Transcripción:
En muchos lugares de América celebramos a los apóstoles Felipe y Santiago el día de hoy. En muchos lugares de Europa esa fiesta fue el día de ayer. Explicábamos ayer, porque se da esa diferencia. Es porque en la mayor parte de Europa la fiesta de la Santa Cruz se tiene el catorce de septiembre, de modo que los apóstoles Felipe y Santiago quedan el tres de mayo. En América. En cambio, en la mayor parte la fiesta de la Santa Cruz está para el tres de mayo, y entonces el día cuatro es el día para los Apóstoles, Felipe y Santiago el menor. Y hay que decir Santiago el menor, porque hay otro Santiago, el mayor. Pero, ante todo, ¿de dónde viene este nombre? Santiago, es la versión comprimida de Sant Jacob. Es decir, ha habido toda una evolución que empieza con el nombre de Jacob o Jacobo o Jacob. Y ese nombre, Jacob, es el que unido al San produce Sant Jacob por asonancia. Esto se ha convertido en Santiago. Esa también es la razón por la que no decimos el apóstol San Santiago. Ahora bien, hay un Santiago, el mayor, que es el hermano de Juan Evangelista. Esos dos eran hermanos, lo mismo que Pedro y Andrés eran hermanos de sangre. Este otro, el de hoy, es Santiago, el menor. Santiago el mayor, sufrió el martirio. Él tiene su fiesta propia, es patrono de España, su fiesta es en julio. Santiago, el menor, vivió mucho más tiempo, pero no fue menos heroico. Fue él quien presidió la comunidad cristiana en la ciudad de Jerusalén. De modo que debemos a Santiago, a Santiago, el menor. Debemos el crecimiento de esa comunidad en circunstancias verdaderamente de martirio. Bueno, ese Santiago el Menor y el otro Felipe el Santo que recordamos hoy. Este era natural de Galilea, que es la parte norte de la Tierra Santa. Felipe tenía un nombre que no era típicamente judío, muy al contrario de Santiago, o sea, de Jacobo, Jacobo o Jacob, es un nombre profundamente hebreo, como se sabe, por la genealogía del pueblo de Dios Abraham, Isaac y Jacob. En cambio, Felipe tiene un nombre que es más bien de origen griego, o si vamos a ser estrictos, de origen macedónico. También allá en Macedonia se recuerda a ese gran conquistador, Felipe o Filipo, que fue el que vino a constituir ese imperio macedónico. El hijo suyo es todavía más conocido, es el famoso Alejandro Magno. El evangelio de hoy trae una pequeña escena de diálogo entre Felipe, este Felipe, el Apóstol y nuestro Señor Jesucristo. Y lo que le dice Jesús es una gran revelación para Felipe, pero también una gran revelación para nosotros. Tanto tiempo hace que estoy contigo y no me conoces, Felipe: No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí, y el que me ve a mí ve al Padre. Con estas palabras Jesús estaba mostrándole a este apóstol tan querido por Dios el gran misterio de la unión y mediación que Cristo tiene con nosotros. Y eso que le reveló Cristo a Felipe. Es importante que también lo recibamos nosotros como revelación. El que ve a Cristo ve todo lo que se puede conocer de Dios. Feliz entonces, el que se siente satisfecho, el que encuentra toda su alegría en Jesús, como la encontraron Felipe y Santiago.

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