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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Fiesta de los Apóstoles Felipe y Santiago, el Menor.

Homilía sfys004a, predicada en 20060504, con 12 min. y 54 seg.

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Transcripción:

Hermanos en esta fiesta de los Apóstoles Santiago y Felipe. Creo que lo menos que podemos hacer es aclarar un poco quiénes eran estos personajes y dónde aparecen en los evangelios. Como antes comenté al principio, en la Eucaristía hay dos Santiagos en el grupo de los doce. Uno es Santiago, llamado el mayor, que era hermano de Juan. Esos dos eran hermanos y eran pescadores. El papá de ellos se llamaba Zebedeo. Eran amigos, probablemente parientes, incluso de otros dos hermanos que eran Pedro y Andrés. Jesús llamó a esas dos parejas de hermanos, Pedro y Andrés, Juan y Santiago. Pero ese Santiago no es el de hoy. Ese Santiago el mayor. La fiesta litúrgica de Santiago, el mayor, es el veinticinco de julio. Santiago, el mayor, al que no estamos celebrando hoy, fue martirizado. Fue el primero de los apóstoles que murió mártir Herodes, el rey Herodes, hijo del otro Herodes, que trató de matar a Cristo cuando Cristo era niño. Ese nombre era muy común.

Hubo un Herodes que trató de matar a Jesús cuando este era niño, y el hijo de ese se llamaba Herodes, y fue también rey. Y era rey, en el tiempo en que Jesús fue burlado y fue crucificado y muerto. Entonces este otro Herodes, tratando de ganarse el apoyo de las autoridades judías, mandó a apresar a Santiago el mayor, y lo mató. Ese fue el final glorioso, el final de mártir que tuvo Santiago, el Mayor. Pero quedó este otro Santiago, el menor. Santiago, el menor, era pariente de nuestro Señor Jesucristo. Es llamado Santiago, el de Alfeo, y a él se atribuye una carta que aparece en el Nuevo Testamento. Cuando ustedes encuentren la carta del apóstol Santiago en la Biblia, esa carta se atribuye al apóstol que estamos celebrando hoy a Santiago el menor. Santiago el menor, tuvo una gran fama de santidad, incluso para los mismos judíos. Hay unas historias muy hermosas de la santidad que tenía este hombre. Algunos de la época decían que era el hombre más santo que vivía en la tierra en ese momento. Este Santiago era un hombre de muy profunda oración que empleaba la mayor parte de su tiempo haciendo plegarias, alabanzas, intercesiones en el templo. Era un hombre contemplativo, un hombre de oración. Y no solo los cristianos, sino incluso muchos de los judíos lo consideraban un hombre muy santo, un hombre santísimo. Pero tanta santidad no quiere decir que tuviera un lenguaje difícil de entender o un lenguaje alejado de la vida de la gente.

Muy al contrario, si uno lee la carta que se atribuye a él, la carta de Santiago está llena de consejos prácticos. Por ejemplo, que uno tiene que aprender a hablar y que si uno no domina la lengua, entonces ¿qué clase de religión es la que uno tiene? Y está llena también de acciones prácticas. Por ejemplo, dice que la religión verdadera consiste en adorar a Dios y en ayudar a las viudas, a los huérfanos, a la gente necesitada. Amar a Dios con fervor y servir a la gente que tiene problemas. Esa es la religión y no la compliquen más. Ese es como el estilo de la Carta de Santiago. Además, es una carta en la que se enfatiza como el nuevo nacimiento que tenemos por la fe, un nuevo nacimiento del que todos participamos y un nuevo nacimiento que impide que entre nosotros, los creyentes en Jesucristo, se establezcan odiosas discriminaciones. Porque siempre hay esa tentación. No.

Todos somos iguales, pero los cristianos que tienen más dinero a veces tienen como más acceso a privilegios. Entonces eso dice Santiago en su carta dice bueno, ¿pero cómo así? que si viene alguien a la oración y es de los ricachones es de los adinerados. A ese se le da un puesto de honor, porque cómo nos vamos a perder los diezmos o las limosnas del rico. En cambio, si llega un pobretón, dile: Tú quédate por ahí de pie o siéntate en el piso, eso no importa. Entonces Santiago en su carta hace denuncias muy específicas como esa. Cuidado con discriminar a los pobres. Cuidado con utilizar mal nuestra lengua. Cuidado con andar insultando a las otras personas. Es un tipo de recomendación sumamente práctica y es bien interesante ver que este hombre que era tan santo y tan espiritual al mismo tiempo, era tan concreto en sus recomendaciones. O como decimos en algunos lugares, tan aterrizado.

Él hablaba muy claramente las cosas y denunciaba los pecados por su nombre. Una tradición dice que este apóstol Santiago, del que estamos hablando, que fue una gran autoridad en la Iglesia de Jerusalén, murió también mártir y de una manera pues, espantosa. Él estuvo siempre muy relacionado con el templo, con la oración en el templo, y entonces las autoridades judías de la época llegaron a una conclusión: Si este hombre tan santo le dice a toda la gente que Jesús no era el Mesías, entonces ya acabamos con el desorden este de los cristianos. Y le dijeron a él Mira, a ti te va a poner cuidado toda la gente, porque tú tienes una gran autoridad y todo el mundo te respeta. Entonces tú vas a decirles que Jesús no era el Mesías, que el Mesías está todavía por venir, y ya con eso quedan tranquilos ellos. Y tú sigues en tus oraciones y quedamos contentos todos. Pero Santiago, el apóstol que celebramos hoy, dijo: Yo no voy a negar, yo no voy a negar a mi Señor. Entonces lo arrojaron de lo alto del templo, lo tiraron abajo y murió. De esa manera murió golpeando su cuerpo contra la tierra. Pocos años después vino la destrucción de Jerusalén hacia el año setenta de nuestra era. Los romanos invadieron Jerusalén y fue el final de la nación judía. Y algunos de los mismos judíos decían que ese había sido un castigo por haber asesinado al hombre más santo que vivía en esa época sobre toda la tierra. Ese fue el final.

Según esa tradición, ese fue el final de Santiago, el menor. Pero hay también otro apóstol que recordamos hoy que se llama Felipe. Felipe tenía nombre griego. Philippos, es un nombre griego, por lo menos un nombre macedonio. Hay un famoso philippos que fue el papá de Alejandro Magno y fue un hombre tan importante que le dio el nombre a una ciudad, la ciudad de Filipos. Ustedes han visto que en la Biblia existe una carta que se llama La carta a los Filipenses. Entonces, esa es la carta a los habitantes de Filipos y Filipos queda ahí, en Europa, a la pura derecha, al puro Oriente, Macedonia. Ahí queda Filipos. Y el nombre viene del Papá de Alejandro Magno. El norte de Palestina se llama Galilea. La Tierra Santa está dividida o estaba en tiempos de Cristo. Estaba dividida en tres secciones. Al sur estaba Judea. En la mitad estaba Samaria. A veces se pronuncia Samaria.

Yo nunca he sabido cuál de las dos es la correcta, pero la que más oigo es Samaria. Y luego, al norte estaba Galilea, Galilea, la región en donde se crió nuestro Señor Jesucristo, porque ahí quedaba Nazaret. Estaba en mucho contacto con el mundo griego y por eso ustedes ven que un hermano del apóstol Pedro tenía un nombre griego. Andrés no es un nombre hebreo, Andrés no es un nombre arameo. Andrés es un nombre griego, Aner andrós en griego, de donde viene el nombre Andreas quiere decir hombre, quiere decir varón y Andrés es el que es varonil. Eso significa Andrés. Filipos es otro nombre griego. Y este apóstol que era de Betsaida, ahí en Galilea, de ahí del norte, era un hombre que había recibido seguramente esa influencia griega A este Felipe o Filipos en griego se le recuerda por varias cosas. Yo solo les voy a contar una es la que aparece en el Evangelio de hoy. Filip Filipos. Felipe le dice a Jesús: Muéstranos al Padre y eso nos basta. Yo me pongo a meditar en esa frase y me parece tan profunda, me parece tan bella. Esa es la verdad. En ese momento Felipe dijo eso, tal vez como por ignorancia.

Pero ¿quién no es ignorante tratándose de estos misterios? Felipe le oía a Cristo que decía mi Padre y mi Padre, y que yo estoy en el Padre, y el Padre está en mí. Mi Padre no me abandona. Las obras de mi Padre, la voluntad de mi Padre. El Padre me envió. Entonces ya Felipe ya estaría un poco cansado, confundido en su cabecita y le dice Pero muéstranos al Padre. Entonces, y ya con eso quedamos tranquilos. Tal vez él estaba esperando que Jesús le mostrara como a otro ser humano. Desde luego, Jesús se refería a su Padre del cielo, el Padre celestial. Pero la frase que dijo Felipe. Felipe el apóstol es una frase, es una frase muy profunda: Muéstranos al Padre y eso nos basta. Amigos míos, eso va a ser el cielo. El cielo es eso, el cielo es que Jesús nos muestra al Padre y eso nos basta. Eso nos basta. Quiere decir que ahí descansa uno el descanso de todos nuestros esfuerzos, de todas nuestras luchas, de todas nuestras preguntas, el descanso de todos nuestros combates y la victoria definitiva, sobre todo mal.

Todo está ahí, en ver al Padre, Muéstranos al Padre. Hoy le repetimos a Jesús: Muéstranos al Padre, muéstranos al Padre, y eso nos basta. Esa es la pura verdad. Jesús, revélanos, muéstranos al Padre y eso nos basta. Jesús le respondió: Pues se hace tanto que estoy con ustedes, y no me conoces. El que me ve a mí ve al Padre. Efectivamente, Jesús es la plena revelación del Padre, y eso también nos da mucha esperanza, porque indica, entre otras cosas, que al recibir el evangelio de Jesucristo, al aceptar a Jesús en nuestras vidas, al adorarlo como nuestro Rey y Señor, estamos verdaderamente en comunión con el Padre. El Padre que no podemos ver, pero que se ha revelado en Jesús.

Hermanos míos, sigamos esta celebración. Siempre es hermoso celebrar estas fiestas de los Apóstoles, porque fíjate cómo nos llevan a la esencia de nuestra fe, nos llevan al corazón de todo lo que creemos, de todo lo que esperamos y todo lo que amamos.

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