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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Señor, muéstranos al Padre.
Homilía sfys003a, predicada en 20010504, con 37 min. y 38 seg. 
Transcripción:
Hoy tenemos muchas cosas muy hermosas que decir de nuestro Señor Jesucristo. Esta lectura que acabamos de escuchar. Nos va a servir para mirar a Cristo, para admirar a Cristo, para adorar a Cristo. Vamos a ir tomando de a poquitos algunos elementos de estas lecturas con el deseo de mirar a Cristo, admirar a Cristo y adorar a Cristo, porque Él es nuestro camino, nuestra verdad y nuestra vida. Lo primero que quiero contarles es la ternura, la ternura del Señor Jesús. En esto me ayuda un gran santo de la Iglesia, Santo Tomás de Aquino. Santo Tomás era una gran inteligencia, pero era también un gran corazón, un corazón sensible que sabía descubrir mejor que nadie las delicadezas del amor de Dios. Dice Santo Tomás que en esa cena de despedida, cuando fueron pronunciadas estas palabras que oímos hoy, y muchas otras. En la cena de despedida Jesús, más que sufrir por lo que le iba a pasar a él, sufría pensando que dejaba desprotegidos, que dejaba solos, que dejaba indefensos a sus discípulos. Y esta es una señal del amor tan grande que Jesús nos tiene. Porque si hay algo grande en el amor es la capacidad de olvidarse de sí mismo y de pensar en el otro. Todos recordamos cómo en la hora de la cruz, aunque Jesús estaba padeciendo más que nadie porque esa tortura era una injusticia. En esta hora Jesús tuvo ojos y corazón para preocuparse de otro condenado y para darle esperanza a ese otro hombre y decirle: Hoy estarás conmigo en el paraíso. Jesús, llegando a este momento culminante de su vida, no está metido en sí mismo, sino que está haciendo lo único que Él sabe hacer: amar. Amar con fuerza, con ternura, con cercanía. Jesús enseña a Santo Tomás de Aquino. En ese momento en que se iba. Veía la tristeza de los discípulos. Por ejemplo, en uno de estos pasajes del Evangelio de Juan, nos dice que Jesús, habló de esta manera; por el solo hecho de decirles que me voy, el corazón se les ha llenado de tristeza. Y por eso Jesús quiso buscar alguna manera de irte y quedarse. ¡Qué finura de amor! Y Santo Tomás de Aquino, que tiene ese corazón tan sensible, dice que Jesús, se inventó, creó, hizo posible el milagro de la Eucaristía como una manera de irte y quedarte. En ese pan eucarístico, Jesús es al mismo tiempo la vida que necesitamos. La verdad que anhelamos y el camino que nos hacía falta para encontrar esa verdad y esa vida. La Eucaristía fue la creación del amor infinito del Corazón de Cristo para poder irte y quedarte, porque si se iba, no era para abandonarnos. La lectura de hoy, nos ayuda a encontrar esta ternura de Cristo. Dice Jesús: Yo me voy al Padre, y lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré. Vamos a tomar esa frase, una frase de ese corazón amoroso de Cristo. Mira lo que dice: Yo me voy al Padre, y lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré. Es lo mismo que nos ha dicho Santo Tomás. Cristo dice: Me voy, esto causa tristeza, pero Cristo dice: Me voy a hacerles los mandados a todos ustedes. Me voy a responder a las llamadas de todos ustedes. Me voy como embajador de todos. De manera que si da tristeza ver que Cristo se aleja, da mucha alegría saber que Cristo responde a nuestras necesidades. Cristo mientras estuvo en esta tierra podía ser tocado, abrazado como aquella mujer pecadora. Todos nosotros queremos besar los pies de Jesús. Pero se fue. Ya no podemos así abrazar y besar a Jesús. Pero hay otro lugar donde Jesús se va a hacer presente. Dice Jesús: Me voy para responder a las necesidades de ustedes, dice Jesús: El lugar donde vas a sentir que yo te toco, que yo te abrazo, que yo te acaricio, es tu necesidad. En lugar de la caricia de Cristo es la necesidad. Donde vas a sentir cercano a Cristo, esa es la necesidad. La necesidad, la pobreza que te hace rogar, es también el lugar donde puedes tocar a Jesús, o mejor, el lugar donde puedes sentir que Jesús te toca. La necesidad. Por eso cuando dice Cristo: Pobres tendréis siempre con vosotros. No está simplemente diciendo que todos los sistemas económicos van a fracasar y todos van a engendrar pobres. Está diciendo que su carne, su presencia, su cercanía, está ahí, ahí, en la necesidad. O sea que el corazón tierno de Cristo. Por una parte, se quedó con nosotros en la Eucaristía, se fue y se quedó, y por otra parte se fue y se quedó porque se fue como embajador, como intercesor nuestro. De modo que ahora, en cada una de nuestras miserias y necesidades, también podemos palpar a Jesús. No solo la Eucaristía es presencia de Jesús. Desde luego que es la presencia más perfecta en esta tierra. Pero no es la única en la necesidad, en la súplica, en el despojo que me hace semejante a su cruz, ahí puedo tocar a Cristo. Hay un himno muy bonito que está en la liturgia de las horas y que se reza en la Semana Santa un himno de alabanza a la cruz de Cristo. Y dice que es el leño de la cruz. Pudo tocar la carne desnuda de Cristo. El leño de la cruz pudo tocar a Cristo. Cristo abrazó el misterio. Cristo abrazó el leño de la cruz. La cruz sí pudo tocarlo. La cruz pudo abrazarse a él. Pues bien, cuando yo participo de la cruz, estoy en contacto con la desnudez de Cristo. La cruz me junta a Jesús. Así como la Eucaristía es regalo que me une a Él. Si yo participo de la cruz, de él puedo tocar, puedo sentir su carne, su presencia, su misterio. El cristiano recién convertido no quiere saber mucho de la cruz. El cristiano que ha caminado un poco le tiene miedo a la cruz. El cristiano que ha caminado más se enamora de la cruz porque sabe que solo la cruz tocó a Cristo. Solo la cruz abrazó a Cristo. Bendita la cruz del Señor Jesús. De modo que Cristo. De modo que Cristo dice: Me voy; pero lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré. Se va, pero a través de la necesidad, a través de la indigencia, a través de la pobreza que experimentamos todos, de una o de otra forma se queda con nosotros. Es la ternura de Cristo. Es la delicadeza del amor de Cristo. Otra manera de encontrar a Jesús en esta lectura. Porque mi propósito es que miremos a Cristo, que admiremos a Cristo y que adoremos a Cristo. Otra manera es, fascinarnos con eso que dice el Señor. Felipe, el apóstol que estamos recordando el día de hoy. Yo tengo un sobrino que se llama así además Felipe le dice a Jesús: Señor, muéstranos al Padre. Esa palabra de Felipe, es como un deseo tan profundo, tan profundo del corazón humano, que es como si este apóstol Felipe nos hubiera representado a todos nosotros Muéstranos al Padre. Se puede decir en español con solo tres palabras, Muéstranos al Padre. ¿Pero cuánto dicen esas tres palabras? Muéstranos al Padre. Por favor, amigo, calibremos, saquemos lo que decía Felipe con esa súplica. Y descubramos lo que es esa oración en el corazón humano. ¿Qué había hecho Jesús durante su vida? Dos cosas; predicar el Reino de Dios y predicar que nosotros estamos llamados a ser hijos de Dios. Dios viene a reinar, Dios es nuestro Padre. Estas son las dos enseñanzas grandes de Jesús en el Evangelio. Dios viene a reinar, Dios es nuestro Padre. La unión con el Padre, la unión con Papá. Dios es todo el secreto de Cristo, la unión con Él. Y Felipe le dice: Muéstranos al Padre. ¿Sabe qué quiere decir eso? Danos tu secreto. Abre la puerta más íntima de tu alma. El Padre, es el secreto más profundo de Jesús. La unión de Jesús con su Padre es el misterio mismo de la vida de Cristo. Por eso dice en este pasaje: Creedme, yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Felipe le dice a Jesús: Muéstranos al Padre. ¿Cómo se traduce eso hoy? Vamos a traducirlo de varias maneras. Jesús. Usted ¿Cómo lo hace, hermano? Eso es lo que le está diciendo Felipe. ¿Cuál es su secreto? Usted ¿Cómo lo logra? ¿Usted qué tiene que nadie más tiene? ¿Dónde aprendió eso? Hay una gente. Hay gente que se porta como enemiga de Cristo. Porque quieren presentar como secreto de Cristo otras cosas. Por ejemplo, hay un autor que ha hecho un daño terrible a la humanidad. Oramos y oraremos por él. Se llama JJ Benitez. Le ha hecho un daño espantoso a la especie humana JJ Benítez. Ha ganado mucho dinero, ha vendido muchos libros y ha hecho un daño terrible. No sé si sabiéndolo o sin saber. Seguramente mucha gente le ha hablado. El señor Benítez ha hecho un daño terrible a la especie humana porque JJ Benítez ha presentado el misterio de Cristo como si se pudiera explicar en términos de las sectas de la época, por ejemplo, diciendo que Cristo sabía lo que sabía y podía, lo que podía, porque había estado con la secta de los esenios, unos señores que habían nacido del judaísmo. Una secta que tenía unas cosas ahí medio buenas, unas y medio raras otras. Benítez le ha hecho mucho daño a la gente. Mucho, porque las personas que se meten en esos libros esotéricos sobre Cristo empiezan a pensar que el misterio de Cristo se puede explicar en términos de fuerzas mentales, en términos de doctrinas orientales, en términos de prácticas raras. Y por eso la gente que se mete en ese juego mental deja de mirar a Cristo y se pierde la revelación que trae Cristo. Y eso es un daño salvaje. Es terrible el daño que hace eso. Porque eso es hacer que la gente no conozca a Cristo, si no se queden mirando una maraña de ideas. El misterio de Cristo no está en las sectas orientales. El misterio de Cristo no está en las instrucciones recibidas en ningún grupo raro. El misterio de Cristo. El secreto de Cristo se llama el Padre. Claro que alguien podrá decir. Bueno, y usted, ¿por qué está tan seguro de eso? ¿No será que de pronto las largas investigaciones del señor Benítez tienen algo de lógica? Lo que pasa es que esas largas investigaciones contradicen lo que nos cuenta la Biblia misma. Le doy solo un ejemplo, porque una homilía no es para discutir esas cosas. Un ejemplo. Cuando Jesús fue a predicar al pueblo de él. Donde se había criado, es decir, Nazaret. La Biblia nos cuenta que Jesús se puso allá a predicar y la gente del pueblo de él decía: ¿Y este de dónde saca todo eso? Mira ahora por lo que le dio qué dizque profeta, qué ¡dizque sabio! ¿y todos esos milagros? Sí, este es el hijo de José y tenemos a sus hermanos y a sus hermanas entre nosotros. Ese es el otro tema. Ya hemos explicado eso muchas veces de los hermanos y las hermanas. Eso ya lo tenemos ahí, porque este señor por qué sale con esas cosas. Pregunta cuando estos nazarenos. Cuando estos paisanos de Jesús decían eso. ¿Por qué lo decían? Porque lo conocían. Porque había vivido y estaba con ellos. Porque era el que ayudaba en las reparaciones locativas de las casitas de Nazareth. Por eso les extrañaba. Si Jesús se hubiera ido a hacer todos los viajes esotéricos y raros que cuentan estos señores como Benítez. Entonces no hubiera sido un personaje conocido para ellos y no se hubieran extrañado de eso. Pero ellos se extrañaron precisamente porque Jesús había crecido junto a ellos, porque había estado con ellos, porque era uno como ellos. Esto es solamente para mostrarte que todas esas teorías de un Cristo energético, mental, orientalista. En primer lugar son mentira, y en segundo lugar, son una desgracia para la humanidad. Porque cuando una persona se pone a jugar con esas ideas, deja de conocer a Jesucristo, deja de saber quién es Jesucristo. Terminemos ahí la polémica y preguntémonos ¿qué es esa maravilla que está pidiendo Felipe? Dice Felipe, muéstranos al Padre. Si Felipe hubiera leído los libros de Benítez, hubiera dicho: Llévanos a tu secta. Si Felipe hubiera estudiado en los libros de JJ Benítez hubiera dicho: Llévame a la India, o a la China, o a la vietnamita, o a la Mongolia, o a la que sea. Pero Benítez en eso nos ha engañado. Qué pesar que se venda tanto eso y que tantos pierdan la fe. Felipe le dice a Cristo: Muéstranos al Padre, dinos tu secreto. ¿Tú cómo lo haces? ¿Quién eres? ¿Cómo es posible que tú vivas? Es que lo habían conocido. Habían vivido con él. Y ¿qué dice la Escritura? La Escritura dice que Jesucristo, cuando llegaba en las once de la noche, se ponía en flor de loto y concentraba sus energías para el día siguiente. ¿Eso dice la Escritura? no. Además, si hubiera que sentarse en flor de loto para ser cristiano, los gordos no podríamos ser cristianos. Estaríamos condenados a vivir las piernas dormidas. La Escritura lo que dice es que Cristo, después de sanar a muchos enfermos, después de expulsar muchos demonios, Cristo oraba, se unía en oración a Papá Dios. Y cuando le dijeron: Enséñanos a orar, Cristo, ¿que dijo? Cristo dijo: No se pierdan el próximo mantra. Cristo no dijo eso. Cristo enseñó que lo básico para la oración era unirse en humilde y sincero corazón con Papá Dios. Por eso lo que le dice Felipe: Muéstranos al Padre. Muéstranos al Padre. Se parece tanto a lo que dijo una vez. Moisés. Moisés es tan bello. Moisés se subía a la montaña. Hacer retiros espirituales. Así son todos los Moisés. Se subía allá, hacer ayuno y a pasar de un retiro a otro. Así era Moisés. Y Dios en esos retiros espirituales le decía cosas a Moisés. Y Moisés sentía la luz de Dios. Hasta que un día Moisés. Chiquitico, pequeñito ante Dios, le dijo: Yo quiero verte. Yo quiero verte, quiero mirarte. Algo parecido es lo que le dice Felipe a Jesús. Tantas cosas que tú dices del Padre y el Padre y el Padre. Muéstranos al Padre. Muéstranos al Padre. Este es el anhelo más profundo del alma humana. Muéstranos al Padre. Porque en el secreto de Jesús está el rostro de Dios. Y Jesús respondió y le dijo: Hace tanto que estoy con vosotros, y no me conoces, Felipe. Qué respuesta. Yo creo que esa pregunta también nos la puede hacer Jesús a nosotros. ¿Cuántos años de vida? ¿Cuántos años de bautismo tienes? ¿Conoces a Jesús? ¿Conoces al Padre? No te estoy pidiendo que me digas. El Catecismo Te pido que tomes lo que significa la palabra conocer en la Biblia, que incluso se utiliza para ese conocimiento único que el esposo y la esposa tienen en la intimidad. Conocer es así. Así total. ¿Conoces a Jesús? Conocer a Jesús es conocer todo lo que Jesús puede. Y yo pregunto, si conocemos a Jesús ¿por qué vivimos tan asustados de tantas cosas? Una santa monja, como dije, monja no es Catalina de Siena, pero Catalina de Siena es una santa muy grande, en todo caso. El hecho es que una santa monja llamada Teresa de Jesús. Fue un instrumento de Dios para renovar la Orden del Carmelo, empezando por España y luego para todo el mundo. En una época entre las monjas del Carmelo, las llamadas carmelitas descalzas. Empezaron los miedos que el demonio por aquí, el demonio por allá. Otro demonio, otro demonio, ¡Demonios! ¡Demonios! ¡Demonios! ¿Qué es esto? Había una especie de infierno. Teresa de Jesús predicando a las monjas, les dijo: Sabed, hermanos, que el demonio no es sino un pobre diablo. Y luego les dijo: Tened cuidado, no sea que de tanto pensar en lo que puede el demonio, se os olvide pensar lo que puede Jesucristo. Eso es, sabio. De tanto pensar y temer en el demonio, en la tentación, en lo difícil que es ser cristiano. Se nos olvida todo lo que puede Cristo. Cristo puede muchísimo. ¿Conoces a Cristo? ¿Conoces lo que Cristo puede? Entonces, ¿qué es de esta manera tan asustada de vivir? Felipe le dice: Muéstranos al Padre. Y Jesús le responde: Hace tanto que estoy con vosotros y no me conoces. En Jesús se muestra Dios Padre. En Jesús se muestra Dios Padre. Terminemos con este razonamiento. Antes de que este razonamiento termine con nosotros. Terminemos con este razonamiento. Mire, si todo lo que anhela el corazón humano es Papá Dios. Y si en Jesús se manifiesta Papá Dios, ¿será que hay alegría más grande que conocer a Jesús? ¿Será que hay descanso más grande que conocer a Jesús? ¿Hay dulzura más grande que encontrarse con Jesús? Por eso esa devoción tan bonita al nombre de Jesús. De dónde proviene aquello de los mil Jesuses, que luego a veces se hace de una manera como rutinaria, pero bien hecho, dice tanto en Jesús se muestra en Jesús, aparece todo lo que mi corazón anhela. Jesús. Jesús. Jesús. Jesús. Es tan dulce el nombre de Jesús. Cantaban los monjes de la Edad Media. Jesús, nombre dulce de recordar. Jesús, Jesús. Por eso, mis amigos, no olvidemos las enseñanzas de hoy. Primero la ternura. Jesús que se fue pero que se fue como embajador nuestro para darnos vida, para hacerse presente en nuestra necesidad. Y segundo Jesús, aquel que manifiesta el rostro de Dios Padre. Y que así sea.

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