Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Necesitamos a Santa Clara para comprender que el corazón humano no vive de la abundancia exterior, sino que es necesario desprenderse de lo material para encontrar la verdadera riqueza interior.

Homilía scla010a, predicada en 20250811, con 5 min. y 54 seg.

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Transcripción:

Con motivo de la fiesta de Santa Clara de Asís, fundadora de la rama femenina principal de la familia franciscana. Yo quisiera que hoy nos preguntáramos ¿Qué es atractivo para los jóvenes? Y esta pregunta, por supuesto, tiene que ver con la historia de Clara, porque Clara tenía unos dieciocho años de edad cuando escuchó la predicación de San Francisco, que ya en ese momento era conocido como el Poverello, el pobrecillo. Un hombre que vivía con ropas y aspecto de mendigo, pero que anunciaba las inmensas riquezas del Evangelio y del amor de Dios.

La alegría, la elocuencia sobrenatural de Francisco cautivó el corazón de Clara, que provenía de una familia muy acomodada y que tenía todas las condiciones para lo que podríamos llamar disfrutar de la vida. Lo tenía todo. Las condiciones estaban dadas para un gran matrimonio. Una boda espectacular. Grandes recepciones, grandes banquetes, una vida desahogada. Amistades como las que puede dar el mundo. Pero lo interesante es que el corazón de Clara. No estaba lleno con la abundancia y en cambio se fascinó con la indigencia. Esto es lo que me parece fantástico. La abundancia de este mundo que ella conoció de cerca y que tenía al alcance de su mano. Esa abundancia no fue capaz de enamorarla. En cambio, la enamoró la indigencia, la pobreza. Y esto contradice lo que muchas veces nosotros pensamos.

Pero si miramos a nuestros jóvenes a veces podemos encontrarlos rodeados de muchas cosas, sobre todo de cosas materiales, rodeados de tecnología, rodeados de placeres, rodeados de oportunidades, rodeados de experiencias excitantes de todo tipo y sin embargo vacíos. Parece que la abundancia exterior tiene como una correspondencia en el vacío interior. Pero, por el contrario, esa especie de carencia voluntaria, esa pobreza voluntaria que han abrazado algunos. Y entre las mujeres hay que mencionar indudablemente a la Santa de hoy, Santa Clara de Asís, esa pobreza voluntaria, que es como una especie de vacío exterior, porque esas primeras clarisas dormían en el suelo, comían pobremente, ayunaban con frecuencia, vivían toda la rudeza de las estaciones europeas y sin embargo, todo ese vacío exterior se compensaba, por así decirlo, con una abundancia, con una riqueza interior y esa riqueza interior, pues no quería cambiarla por nada. Y tan convencida estaba de esa riqueza interior que cualquier palabra, cualquier promesa, incluso cualquier amenaza de la familia, resultaba poca cosa para moverla de la decisión que tenía.

Y esto nos lleva a cuestionar lo que a veces pensamos que es como una especie de dogma. Los jóvenes quieren cosas que sean divertidas. Los jóvenes quieren cosas que sean fáciles. Los jóvenes quieren cosas que sean excitantes. Preséntale a una jovencita, una tristísima y pobrísima habitación de monasterio. Preséntale esa habitación donde va a tener que dormir en el suelo y donde va a comer. No lo que su paladar prefiere, sino las más humildes viandas que se puedan imaginar. Cualquiera de nosotros diría oye, esa vida no le interesa a ninguna muchacha. ¿A ninguna, estás seguro? Pues es que no solo le interesó, a Clara, sino que a partir de la conversión de Clara y a partir de su estilo radical de vida, otras jóvenes se fueron uniendo a ese camino y muy pronto empezó a existir monasterios de damas pobres, que fue el primer nombre que ellas tuvieron. Empezaron a existir estos monasterios en distintos lugares, de tal manera que partiendo de Italia, monasterios de Clarisas fueron sembrando de luz todo el mapa europeo y después numerosos países, incluyendo, por supuesto, mi querida Colombia.

Así que yo creo que Clara, con su sonrisa, con su libertad, con su amor a la pobreza, con su fascinación absoluta por Jesucristo, especialmente por Cristo en la Eucaristía. Yo creo que Clara está aquí para cuestionar lo que a veces nos parece tan obvio. A veces estamos tan convencidos, pero tan convencidos de que eso es lo que quieren los jóvenes. Esa es la única manera de atraer a los jóvenes. Eso es lo único que les interesa a los jóvenes que necesitamos dosis de franciscanismo. Y necesitamos dosis de Clara de Asís para entender que el corazón humano no vive de la abundancia exterior, sino que muchas veces es necesario prescindir de muchas cosas de fuera para encontrar las riquezas de adentro. Clara lo logró, Clara pudo vivirlo, Clara lo vivió con intensidad y la sonrisa dulce, serena y casta de Clara sigue teniendo un encanto en nuestros días. Santa Clara de Asís ruega por nosotros.

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