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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Los bienes preciosos que trae la pobreza son la unión con Cristo sin ataduras, la experiencia profunda de la providencia de Dios y una gran libertad.
Homilía scla007a, predicada en 20200811, con 7 min. y 41 seg. 
Transcripción:
El Once de Agosto, nuestra Iglesia Católica recuerda y celebra a Santa Clara de Asís. Es posible que en tu vida como cristiano y católico hayas conocido monasterios de monjas Clarisas, pero el nombre oficial de ellas es Damas pobres. Ese es el nombre oficial que ellas tienen. Las llamamos Clarisas precisamente por la fundadora Santa Clara de Asís. Y Clara de Asís, pues ya por la población te puedes imaginar. Fue discípula y amiga entrañable de nuestro muy querido San Francisco de Asís. De hecho, Clara encontró su vocación por la predicación de San Francisco. En una Cuaresma Francisco predicó y Clara era una jovencita, tenía dieciocho años de edad y quedó absolutamente prendada de ese ideal de vida, de Evangelio que presentaba Francisco.
Francisco la animó para que ella diera un paso valiente, entregándose completamente al servicio de Dios. Y aunque hubo terrible oposición de la familia de ella, finalmente ya ves que toda una familia de consagradas nació en la Iglesia. Ellas son las Clarisas.
Para asomarnos un poco al carisma de Santa Clara de Asís, hay que recordar la importancia que tuvo para ella, como primero la había tenido para Francisco, el tema de la pobreza no es algo tan fácil de entender, porque hay muchas razones por las que una persona puede ser pobre. Una persona puede ser pobre por obligación, por ejemplo, allí donde hay injusticia. En muchas sociedades hay terrible desigualdad y la desigualdad produce pobres. Es una máquina que produce pobres. Son personas que no quisieran eso, pero porque se les paga de una manera injusta, porque hay un maltrato social o una discriminación racial o cualquier otro tipo de causa resultan en la pobreza. Esta la podemos llamar una pobreza obligada, forzada.
Luego también está el caso de las personas que han llegado a la pobreza por un fracaso, un fracaso en una inversión, un fracaso en un negocio. Es muy triste ver que, por ejemplo, una de las consecuencias de esta pandemia es que muchas personas que habían luchado y que están luchando y que quisieran luchar por sus sueños, sus emprendimientos, sus empresas, de repente se ven en la pobreza. Es decir, se trata de un fracaso. No es algo que la persona haya querido. Hizo lo que podía, pero como se dice a veces en mi país no se le dieron las cosas. No es fácil. Hay otro tipo de pobreza. Es la pobreza de aquella persona que ha sido irresponsable. Incluso tenemos el caso, no es lo más frecuente, pero tenemos el caso de personas que en cierto momento llegaron a gozar de una cierta fortuna, pero la perdieron. Es el caso de la pobreza irresponsable. Entonces, fíjate, hay pobreza por marginación o por injusticia, vamos a llamarla por injusticia, pobreza por injusticia, hay pobreza por fracaso, hay pobreza por irresponsabilidad.
Pero la pobreza de la que habla Clara cuando escogió ese nombre de Damas pobres, cuando hablo de pobres, esa pobreza que es la característica hermosa de este carisma franciscano vivido por las Clarisas, no consiste ni en una pobreza por injusticia, ni pobreza por fracaso, ni pobreza, mucho menos por irresponsabilidad. Es una pobreza por elección y esto sorprende mucho. Esto sorprende muchísimo porque una persona, sobre todo en el caso de Clara, que tenía una vida, podríamos decir bastante cómoda. Dados los estándares de la época, estamos hablando de la primera mitad del Siglo trece, más o menos, es el centro norte de Italia. La posición de ella era una posición buena. Ella tenía una familia bastante acomodada. ¿Qué puede hacer que una persona en esas condiciones busque la máxima sencillez? No morir de hambre, pero sí la máxima, máxima sencillez, la máxima sobriedad. ¿Cuál es el secreto de ese despojo? ¿Cuál es el secreto? ¿Cuál es la alegría que está ahí? Porque una de las características de la pobreza verdaderamente elegida es la alegría. Y una segunda característica es que cuando la persona realmente toma este camino inspirado por Dios, esta persona tiene una gran misericordia. Misericordia, alegría y pobreza van muy unidas en Clara, como estuvieron siempre muy unidas en Francisco.
¿Cuál es el secreto que puede hacer que una persona viva eso? Pues ese secreto consiste en tres cosas. Primero, en unirse al misterio de Cristo. Acuérdate que Cristo dijo a aquel joven rico, pero él no le hizo caso. Vende todo, dáselo a los pobres y ven conmigo. Es decir, tener como único tesoro a Jesucristo y en Él tenerlo todo. Ahí está el secreto de pobreza, alegría y misericordia. Acuérdate que ese triángulo tiene que ir siempre junto. Si la persona vive pobreza, pero una pobreza con amargura, una pobreza que siempre está acusando, esa no es, esa no es de verdad, esa no es, esa no es la de Francisco, esa no es la de Clara. Entonces, la primera parte de este secreto es ese seguir el camino de Cristo.
Lo segundo, una experiencia constante, intensa, de la providencia de Dios, es decir, ver a Dios obrando. Podríamos decir en tu vida cotidiana, en tu realidad cotidiana sentir a Dios sosteniéndote es algo absolutamente precioso. La providencia, una experiencia profunda de la providencia.
Y tercero, la pobreza da una tremenda libertad, porque efectivamente, cuanto más depende una persona de su posición o de su prestigio, o de sus amistades, o de sus ganancias, en el fondo más esclavo es. Acuérdate de Juan Bautista, que no tenía nada y por eso su voz era libre, libre. El mismo Cristo, precisamente porque no le debía a nada, ni a los sumos sacerdotes, ni a los fariseos, ni a los escribas, como no le debía nada a ninguno de esos grupos y a ninguna de esas personas podía hablar con libertad. Trae libertad.
Entonces, estos son bienes preciosos de la pobreza. La unión con Cristo, sin ataduras, sin obstáculos. Luego, la experiencia profunda de la Providencia. Y luego una gran libertad. Bendita sea Santa Clara de Asís.

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