Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La pobreza de Santa Clara de Asís es su modo de unirse al despojo de Cristo.

Homilía scla004a, predicada en 20120811, con 4 min. y 35 seg.

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Transcripción:

El once de agosto nuestra Iglesia Católica recuerda a Santa Clara, compañera en el camino del Evangelio del gran y muy amado San Francisco de Asís. Clara, que es llamada Clara de Asís, pertenecía a una familia acomodada de aquella misma región de donde nació el fundador de la Orden Franciscana. Clara y su hermana Inés, cautivadas por el testimonio de vida y por la palabra sencilla y enamorada de Dios de Francisco, decidieron entregarse al Señor. La decisión no gustó mucho, es decir, no gustó nada en la familia. Los papás tenían planes muy diferentes tanto para Clara como para Inés. Ellos querían que la fortuna de la familia y su buen nombre pasaran a los descendientes a través de un matrimonio que ya estaba prácticamente arreglado. Pero otros arreglos tenía el cielo para Clara.

En mil doscientos doce, ella decidió retirarse prácticamente huir de su casa para seguir el ejemplo de pobreza de Francisco y para unirse a Jesucristo como a su único esposo. Esta decisión exasperó a los papás que incluso por la fuerza trataron de retenerla. Ya para entonces, Clara se había cortado su hermosa cabellera. Señal inequívoca de que despreciaba la belleza que solo sirve para esta tierra y tenía, en cambio, inmenso aprecio por la belleza celestial. Finalmente, la familia tuvo que ceder y tanto Clara como Inés se consagraron a Dios. No por el mismo camino. Clara dio origen a estas hermanas que conocemos como Clarisas, mientras que Inés fundó una comunidad distinta en la vecina Nación de lo que hoy es República Checa en Praga.

Es importante, en el caso de Clara, destacar el valor que tiene la sencillez que tiene la pobreza, pero sobre todo el valor que tiene reconocer a Dios como el único necesario y como la única riqueza. Porque también en la pobreza puede llegar el veneno del orgullo, como de hecho sucedió lamentablemente a la familia franciscana en el siglo siguiente. En el siglo catorce encontramos una herejía, la herejía de los fraticelli, ellos se consideraban verdadera expresión del Evangelio, y despreciaban con enorme fuerza al resto de la Iglesia. O sea que se puede ser pobre de bienes materiales y sin embargo, estar lleno de enorme arrogancia. No fue el caso de Clara. Si ella escoge la pobreza es porque quiere unirse de modo más estrecho a Cristo que, como dice San Pablo: siendo rico por nosotros, se hizo pobre.

Y esa pobreza, que es perderlo todo para ganar a Cristo, va siempre cargada de sencillez, de gratitud, de alegría. Esta alegría contagiosa será una de las notas más características de las Clarisas a lo largo de su historia. Demos gracias a Dios por estos caminos inesperados de consagración. Demos gracias a Dios por tantas mujeres que han encontrado en la casa de Clara donde vivir su amor a Dios y cómo expresar su perfecta renuncia a todo lo que perece. Clara, enamorada de Dios, agradecida de su propia existencia, tiene la sensibilidad que tal vez nos falta para reconocer que todo, todo ha sido don. Interceda por nosotros esta hermosa santa y haga de su alegría el vestido de nuestra alma para salir a recibir a Cristo. Amén.

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