Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

De santa Catalina aprendemos su testimonio, su amor por la Iglesia, sus enseñanzas y su coherencia al no negociar con la mediocridad.

Homilía scat017a, predicada en 20230429, con 7 min. y 41 seg.

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Transcripción:

El 29 de abril, nuestra Iglesia Católica recuerda y celebra a Santa Catalina de Siena, virgen y doctora de la Iglesia. Permítanme hoy ser un poco autobiográfico y comentar a la altura de 37 años de haber conocido la vida de esta santa, contarles un poco las cuatro deudas que yo tengo con ella. Son cuatro las deudas mayores, porque si hay una persona que a mí me enseñó que es real esto de que tenemos santos amigos, esa persona para mí ha sido Santa Catalina de Siena, impresionante.

Bueno, ¿qué me ha enseñado Santa Catalina? Pues mucho, pero yo quiero hablar de las deudas. La primera deuda es el testimonio. Su testimonio me impactó, yo era novicio, tenía unos dos meses de novicio en esta comunidad donde estoy por mi bondad de Dios, los dominicos. Y me encontré con una biografía muy bien escrita sobre Santa Catalina, después he leído otras dos biografías, incluyendo algunas antiguas. Bueno, me encontré con esta biografía y lo que encontré fue un testimonio. Es decir, si yo le tuviera que poner un subtítulo a esa biografía, el autor se llamaba o se llama Giorgio Papasogli. Si yo le tuviera que poner un subtítulo, yo la llamaría: Lo que puede el amor. Lo que puede el amor. Porque realmente el amor, el amor de Dios, el amor al Evangelio, el amor a la Iglesia está en cada página de esa biografía, pero sobre todo está en cada día de la vida de Santa Catalina. Impresionante el amor, el amor es el autor de esta vida y eso es algo bellísimo.

Pero, la mayor parte de nosotros algo hemos conocido del amor, dice la primera carta de Juan: «Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él». Cuando yo llegué a mi noviciado, pues yo había conocido algo del amor de Dios, claro que sí. Pero la mayor parte de nosotros somos terriblemente incoherentes, terriblemente ingratos, terriblemente tibios, terriblemente indiferentes con el amor. Y para mí, encontrarme con una persona que fue tan fiel en su respuesta al amor, es un testimonio que me deja en deuda, se ha convertido para mí en una motivación, se ha convertido para mí en un motor realmente primera deuda.

Segunda deuda, el tiempo en el que vivimos es un tiempo en el que resulta fácil y barato burlarse de la Iglesia, atacar a la iglesia, denigrar de la iglesia, calumniar a la iglesia, mostrar solo lo puerco, lo sucio de la iglesia. Y resulta que esta mujer entrega su vida por la Iglesia, es decir, su manera de amar al Papa, su manera de amar a la Iglesia, que no es una manera ingenua, porque ella se da cuenta de las fragilidades y las incoherencias del Papa y ella se da cuenta, por supuesto, se da cuenta de los problemas de la Iglesia, pero ama a la Iglesia y la ama fundamentalmente porque es cuerpo de Cristo, porque es la novia de Cristo, porque es la esposa de Cristo, porque es la casa del Espíritu, porque es la presencia palpitante del Evangelio íntegro en esta tierra, a pesar de todo. Catalina me enseñó a amar a la Iglesia con un amor que no he podido, ni quiero, por supuesto, arrancar de mi pecho. Entonces, primero el testimonio de vida de ella. Segundo, el amor a la Iglesia.

Tercero, indudablemente la enseñanza, esas enseñanzas que ustedes muchas veces, especialmente los amigos del canal de YouTube, se han dado cuenta que cada rato estoy mencionando, como dice Catalina de Siena, como aparece en el diálogo de Catalina, es que he bebido abundantemente. Y si la Iglesia me dice que ella es doctora de la Iglesia, doctora quiere decir eso, maestra, una que sabe enseñar, eso es lo que significa, doctora, una que sabe enseñar un camino cierto y seguro para vivir el Evangelio. Y la enseñanza de ella es preciosa, aquello de conocerse uno en sus miserias, pero también en todo lo que Dios ha hecho en uno para vivir en gratitud, con generosidad y con esperanza. Esa doctrina del conocimiento de sí mismo, de uno mismo en Dios y de Dios en uno mismo, por mencionar entre decenas de doctrinas preciosas, soy un deudor de ella en eso, no tengo problema en declararme discípulo de esta doctora de la Iglesia. Entonces tengo una deuda porque es maestra.

Y mi última deuda con ella tiene que ver con esa coherencia que le lleva a no negociar frente a la mediocridad, concretamente frente al pésimo estado que tenían las comunidades religiosas y los sacerdotes en aquel tiempo. Catalina no contemporiza con la mediocridad, su palabra está llena de luz y de misericordia, pero ella no contemporiza, ella no negocia, lo que es de Cristo, no lo negocia. Y eso de aprender a no negociar lo que es de Cristo es tan necesario hoy, porque hay gente que está entregando pedazos del Evangelio a los perros, para ver si así creen. Entonces, quitémosle al Evangelio esta exigencia. Como decía un arzobispo por allá en Europa: No, no, no, es que eso es muy duro, la gente se nos va a desanimar. A ver cercenemos, mutilemos esa parte del Evangelio. Echémosle eso a los perros para ver si así, para ver si así cuela, como dicen en España, para ver si así, si nos reciben el Evangelio. Esa mediocridad rampante, esa canonización del pecado, ustedes conocen ese Padre que anda por todas partes diciendo que sí, que sí, que sí, que seguimos con los LGBT y no sé cuántas cosas vendiendo a pedazos, revendiendo a pedazos el Evangelio.

No, la misericordia no es eso, el amor de Cristo no es eso, no negociar con la mediocridad. Eso también lo enseña Santa Catalina de Siena, bendita su memoria. Y donde estés, que sé que estás en el cielo, Catalina, desde aquí te digo: Gracias, gracias. Has hecho inmenso bien en mi vida, Catalina.

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