Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Amemos como los santos, de forma realista a Cristo al amarlo sin merecerlo a Él; a la Iglesia aun sabiendo que me va a decepcionar alguna vez; al prójimo, aunque el otro me contradiga o persiga; a mí mismo sabiendo que soy una historia incompleta.

Homilía scat015a, predicada en 20210429, con 7 min. y 2 seg.

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Transcripción:

El 29 de abril nuestra Iglesia Católica recuerda a Santa Catalina de Siena, esta virgen y doctora de la Iglesia que murió muy joven, de solo 33 años en el año 1380, dejó marcada la historia de la Iglesia por su doctrina, por su testimonio y también por el impacto que tuvo en las vidas de aquel tiempo, empezando por el hecho de que el Papa, en tiempos de Catalina, ni siquiera vivía en Roma y el retorno del papado a Roma, en buena parte, se debe al ministerio, la palabra, el testimonio, la oración de Santa Catalina de Siena.

Ahora bien, ¿qué hay en una persona que logra impactar tanto? Uno podría pensar mucha inteligencia, mucha astucia, mucho poder, mucha riqueza. Pero desde el punto de vista cristiano, según nos enseñó San Juan Pablo II, sólo hay una razón por la que los santos y las santas tienen un impacto real en la historia de la humanidad, y esa razón es la fuerza del amor de Dios en ellos y a través de ellos. Las obras de los santos duran, permanecen, decía San Juan Pablo II. Yo creo que eso se cumple de manera muy eminente en el caso de Santa Catalina de Siena, y por eso quiero referirme al amor como protagonista de la vida de Catalina de Siena. Su vida nos puede parecer extrema, nos puede parecer una persona exagerada o, como hoy se dice, a veces demasiado intensa. Sí, podemos decir muchas cosas sobre ella, pero no nos quedemos en la superficie. Vayamos al centro y encontraremos que, en el centro de la vida de ella, lo que había era amor. Y yo le voy a añadir un adjetivo, un amor realista, no un amor de puro sentimiento, no un amor de pura fantasía, no un amor idealizado o puramente romántico.

El amor bíblico, el amor que brota de la Palabra de Dios, el amor que han vivido los santos, es siempre un amor realista, y eso lo quiero destacar en el caso de Catalina, un amor realista a Cristo. Tener amor realista a Cristo quiere decir saber que Él conoce mis miserias, mis heridas, saber que yo no le merezco. Amar con realismo a Cristo es saber que Él me amó primero y que yo no merezco ese amor. ¿Por qué esto es importante recordarlo? Porque solo así nos podemos asomar a esa dimensión preciosa del Amor Divino que es la Gracia. El amor que Él me da es puro regalo, es puro regalo. Y así vivió Catalina con esa convicción. Entonces amor realista a Cristo quiere decir, lo amo y no lo merezco.

Amor a la Iglesia, amor a la Iglesia es algo que destaca mucho en Catalina, como en otros santos, pero en el caso de ella, tiene la fuerza de aquella expresión que dijo alguna vez: Sabed que si muero, muero de amor por la Iglesia. Ella tenía muy claro que no puedo andar diciendo que amo a Cristo si no amo a la esposa de Cristo, al cuerpo de Cristo, a la obra de Cristo, al rebaño de Cristo, a la ciudad de Cristo que es la Iglesia. Entonces, amar a la Iglesia, pero sabiendo que me va a decepcionar algunas veces. Me llenará de admiración y de luz y de enseñanza y de ejemplo y de ánimo muchas veces, pero de desánimo también unas cuantas. De manera que, amar a la Iglesia es saber que es de Cristo, que es el proyecto de Cristo, si quieres utilizar esa terminología, pero que me va a decepcionar alguna vez, amor realista a la Iglesia.

El amor realista al prójimo ¿en qué consiste? Consiste en saber que ese prójimo, ese prójimo, va a tomar sus propias decisiones. Amar, aunque la persona tome la decisión que a mí no me gustaría, amar aunque la persona me contradiga o me persiga, amar así a mi prójimo. Eso es muy valioso y es muy valioso porque es empezar a amar, como antes dijimos, del amor de Cristo. Dijimos que el amor de Cristo es amor en gratuidad. A medida que vamos madurando como cristianos, nuestro amor se va asemejando en algo al amor de Dios. Le decía a Dios, a Santa Catalina de Siena: Todo ese amor con el que tú quieres responder a mi amor, dáselo al prójimo, yo lo tomo como recibido por mí, qué hermosura. Ese amor dáselo al prójimo, lo tomo como recibido por mí. De modo que estamos llamados a responder en clave de amor. Y esa respuesta en clave de amor, implica entrar en dimensión de gratuidad, no condicionar nuestro amor únicamente a la respuesta que la otra persona nos dé.

Y, por último, amarme a mí mismo también, amarme a mí mismo sabiendo que soy una historia incompleta, un libro cuyo desenlace todavía no se ha escrito. Por supuesto, los que ya pasaron a la eternidad, ya terminaron de escribir el libro, bien o mal. Pero yo no y tú que me estás escuchando, tampoco. Saber que somos historias incompletas y esto quiere decir que lo que más interesa, que lo que más importa, que lo que más preocupa, lo que más debe llamar nuestra atención y nuestro esfuerzo es el desenlace, el desenlace de este amor que Dios ha sembrado en nosotros. Entonces, ámate junto con los otros amores a Cristo, a la Iglesia, al prójimo. Ámate, pero ámate sabiendo que eres una historia incompleta y que depende de tus decisiones, de tus opciones, depende cómo termina tu libro. Amén.

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