Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Fue característica de los santos morir por Cristo porque no vivieron para sí mismos.

Homilía scat014a, predicada en 20200429, con 17 min. y 1 seg.

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Transcripción:

Queridos hermanos, desde los primeros tiempos de la Iglesia, los fieles cristianos han recordado con agradecimiento a los testigos de la fe, los primeros cristianos y cristianas, por supuesto, que fueron recordados en el aniversario de su muerte, fueron los mártires. Al cumplirse, por ejemplo, un número de años después del sacrificio de alguno de estos grandes héroes de la fe, los cristianos se reunían y tomaron la costumbre de incluir dentro de la Santa Misa el nombre de aquellos que habían estado unidos al sacrificio de Cristo. Fíjate el sentido tan bello que esto tiene, ya que los mártires se unieron a la muerte de Cristo y ya que la Santa Misa es presencia viva del sacrificio de Cristo, entonces tiene sentido que aquellos que han muerto con Cristo en Cristo y por Cristo, sean mencionados en la Santa Misa que hace presente el sacrificio del Señor. Por eso, se habla de introducirlos en el canon de la Misa, llámese canon a la norma establecida para decir la Misa. El canon es lo que marca la norma.

Entonces, ¿qué es canonizar a una persona? Es introducirla en el canon, es decir, considerar, asegurar que está tan unida a esa persona, a la vida de Cristo, a la Pascua de Cristo y ya en el cielo, al triunfo de Cristo, que es justo y necesario mencionarla en la Misa, allí donde precisamente se hace presente el sacrificio del Señor. Nosotros entonces, recordamos a los santos no para quitarle importancia a Cristo, sino más bien para mostrar y exaltar la gloria de Cristo. Porque si los santos pudieron ser santos, sólo hay una razón que lo explica, la fuerza de Dios obrando en ellos. Esa fuerza, en primer lugar, es evidente, es evidentísima en los mártires, pero no sólo en ellos, mis queridos hermanos, no sólo en ellos.

La fuerza de Dios se manifiesta también en otros que, aunque no murieron violentamente, sí se puede decir que murieron por Cristo. Y se puede decir por una razón muy sencilla, porque ellos fueron ofrenda para Cristo en los días de su vida. Dicho de otra manera, dado que sus vidas estuvieron entregadas a Cristo, no tiene otra explicación esa vida, sino la presencia del Señor. De modo que, si vivieron para Cristo, bien se puede decir, que han muerto para Cristo. Murieron, no el día en que, por ejemplo, fueron degollados, no, no solo ese día. Murieron cada día, porque cada día lo vivieron, no para sí mismos, sino para Cristo. Y cada día que uno de nosotros dice: Yo voy a vivir este día, no para mí, sino para Cristo, ese día tú estás muriendo por Cristo, ese día tú estás entregando la ofrenda de tu amor a Cristo. Por eso la Iglesia empezó a recordar también a otros santos que, aunque no habían muerto violentamente, sin embargo, sí habían muerto por Cristo, en el sentido de que sus días y sus vidas no las vivieron para sí mismos, sino para Jesucristo. Ese es el sentido de recordar a los santos.

Pero todavía hay otro aspecto que hay que mencionar. Los santos son las demostraciones palpables que tenemos de que el Evangelio es posible. Podemos ver fácilmente con pasar unas páginas del Evangelio, podemos ver que aquella santidad a la que nos llama el Señor es alta y es bella, pero es tan bella que está más allá de nuestras fuerzas y es tan alta que está más allá de nuestra capacidad. Por eso, fácilmente uno puede sentir frente al reto, llamémoslo así, frente al desafío del Evangelio, uno puede sentir: Eso es demasiado. Yo eso no lo puedo, yo no puedo con eso. Sí, uno puede llegar a esa conclusión, fácilmente puede llegar a esa conclusión. Pero ¿qué es lo que nos muestran los santos? Los santos nos muestran que, siendo hombres como nosotros, y muchos de ellos teniendo que luchar contra serias debilidades de su cuerpo, de su mente, de su corazón, de su alma, venciendo todos esos obstáculos, gracias a la presencia de Dios en ellos, venciendo esos obstáculos, han podido, para la gloria de Cristo, han podido manifestar que el Evangelio es posible.

Entonces, resumamos esta parte, los santos vivieron para Cristo y murieron por Cristo. Algunos murieron en medio de terribles tormentos. Otros, aunque no hayan sido de esa manera martirizados, sin embargo, podemos decir que murieron por Cristo, porque no vivieron para sí mismos, sino que día tras día entregaron su vida, gota a gota entregaron su vida y su sangre sirviendo al Señor, y por eso nosotros los asociamos al sacrificio de la Santa Misa, y por eso nosotros leemos sus vidas como una especie de eco de las páginas del Evangelio. Dice el final del Evangelio de San Juan: «Muchas otras cosas hizo Cristo. Creo que, si se escribieran todas, no cabrían los libros en el mundo». Es una expresión sumamente hiperbólica. Bueno, esa expresión cobra todavía más sentido cuando miramos a los santos, porque cada uno de ellos, ya lo he dicho, es obra de Cristo, extensión del Evangelio de Cristo. De modo que, los santos son libros vivientes que nos están presentando el Evangelio del Señor, libros vivientes.

Bueno, con esta claridad entendemos por qué es importante la vida de los santos, entendemos por qué nosotros, Iglesia Católica, los recordamos, lo celebramos, lo entendemos ahora, entendemos que es necesario celebrarlos, no en competencia con la santidad de Cristo, sino como una manera de aproximarnos a su Evangelio y ver que ese evangelio es posible. Pero todavía hay otro aspecto que debemos ver en los santos y que a mí personalmente me toca de lleno cuando llegamos a la fiesta de Santa Catalina. Recordemos que en un pasaje del Evangelio dice Cristo: «Para Dios todos están vivos».

Esto lo dice el Señor porque un grupo de saduceos, que eran los sumos sacerdotes de aquella época, se acercaron donde Nuestro Señor y trataron de hacerle burla, trataron de hacerlo quedar en ridículo y le presentaron una historia tonta inventada de cómo una mujer a lo largo de su vida estuvo casada con varios hombres, de hecho, con siete hermanos. Y entonces, con una sonrisa de sarcasmo en su cara, le dijeron a Cristo: Bueno, y entonces, en la resurrección, ¿con quién va a estar casada? Porque todos fueron maridos de ella. Y Cristo, respondiendo con firmeza a las palabras de estos burlones saduceos, les dice: Ustedes no conocen el poder de Dios, ni conocen las Escrituras. Y luego les recuerda que Dios se ha declarado Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Él no es un Dios de muertos, sino un Dios de vivos, porque para él todos están vivos. Esa expresión de Cristo referida, precisamente, a los patriarcas en la fe Abraham, Isaac y Jacob vale, sin duda, para nuestros santos.

¿En qué sentido podemos aplicarlo? Pues que cuando nosotros miramos, levantamos nuestros ojos a la santidad, por ejemplo, de una Catalina de Siena, nosotros no estamos simplemente leyendo el pasado, como diciendo, qué bonito lo que ella hizo, y de verdad que hay muchas cosas bellas que contar de Santa Catalina de Siena o de cada santo. Pero no, nosotros no nos quedamos simplemente mirando ese pasado y diciendo: Oh, qué bello ese pasado. No, para Dios todos están vivos. Y eso quiere decir que nosotros tenemos el derecho y, en cierto sentido, el deber de cultivar la amistad con estos santos, cultivar la amistad, porque son seres vivos y esa amistad que nosotros cultivamos con los santos, aunque a ellos no les puede hacer mayor bien, porque ya tienen todo bien, contemplando la gloria de Dios en su esencia, aunque nuestra amistad no puede hacerles bien a ellos, a nosotros sí que nos hace bien. Y por eso nosotros pedimos la intercesión de estos santos y por eso nosotros con cariño, les hablamos.

Curiosamente esto lo entendía de una manera como intuitiva Santa Catalina, razón por la cual ella hablaba con tanto amor a los santos, hasta incluso poniéndoles motes y palabras cariñosas. A veces, por ejemplo, se veía que invocaba a Pedro llamándolo el viejecito, el viejecito Pedro. Eso se parece a una forma de hablar que a veces tenemos en el norte de Colombia, el viejo Pedro. Pues así, con esa confianza le hablaba Catalina y le hablaba en presente. Y las palabras de tanta dulzura como sabiduría que ella tenía para la Virgen Santísima, son palabras de una persona que realmente vivía, vivía el misterio de la comunión con los bienaventurados. Entonces, es muy importante que cada uno de nosotros cultive la amistad con los santos, tanto con aquellos santos ya declarados por la Iglesia como con los santos ángeles de Dios, especialmente con nuestro ángel custodio.

Entonces, yo he tratado a lo largo de los años, he tratado de cultivar amistad con esta mujer que ciertamente no está muerta, vive y vive en la gloria del Padre, y me hace inmenso bien y me ha hecho inmenso bien. Y todavía hay muchas necesidades que tengo que encargarle para que interceda, porque esto de la intercesión de los santos en realidad es cosa muy sencilla. Mira, cuando vamos a la iglesia o en un grupo de oración, no es la cosa más natural del mundo decirle a un hermano en la fe, a una hermana en la fe, decirle por favor, tengo este problema, ruega por favor por mí, es lo más natural del mundo pedir oración a otra persona. Y en la Biblia hay incontables testimonios de esta oración de unos por otros.

Ahora yo hago una pregunta, si una persona sometida a tantas limitaciones del espacio, del tiempo, del conocimiento y de la voluntad, si una persona con todas esas limitaciones en esta tierra puede interceder por mí, si esa persona está en la gloria del cielo y, por consiguiente, tiene más vida de la que tenía sobre la tierra, y tiene una voluntad más pura de la que nunca pudo tener sobre la tierra, y tiene un conocimiento infinitamente más claro del que pudo tener sobre la tierra, esa persona que ahora está colmada, repleta de amor y que está más viva que nunca, esa persona, ahora que está en la gloria del cielo, ¿vamos a decir que no me puede ayudar? Esa persona que cuando estaba en esta tierra con tanta caridad, intercedió y ayudó cuanto pudo a muchos, ahora que está en la gloria del cielo, ahora ¿no va a poder ayudar?

Fíjate entonces la posición absurda a la que llegan algunos cristianos no católicos cuando niegan que nosotros podamos apelar a la intercesión de los santos. Es una idea absurda la de ellos, porque nos damos cuenta que precisamente ahora, en la gloria del cielo, ahora es cuando más pueden ayudarnos. Y por eso nosotros pedimos con confianza, especialmente en la Santa Misa, como lo han hecho los cristianos de todas las épocas. Con toda confianza pedimos la intercesión de los santos, empezando por supuesto, por la Santísima Virgen María y por San José. Bueno, dejemos esta reflexión aquí.

No hemos dicho demasiadas cosas de Catalina, solo que es una gran santa, que es una gran amiga, que está en la gloria del cielo y que es doctora de la Iglesia, lo cual, repito, indica que ella es a través de sus palabras, a través de sus escritos, una verdadera guía para nosotros los cristianos. En mi página web, en mi canal de YouTube y en muchas otras partes, ustedes pueden encontrar numerosas, y yo quisiera que fueran más y sobre todo mejores, numerosas predicaciones, conferencias, comentarios sobre la vida de ella, sobre lo que ella ha enseñado y sobre todas las luces que nos da para que seamos verdaderamente espejos del Evangelio en nuestras vidas.

Hoy solo puedo decir a Dios, gracias por haberme dado una amiga así, gracias por haber dado a la Iglesia una luz tan clara, gracias, gracias porque así como queremos caminar en esta tierra cercanos al Corazón de los santos, así también queremos en la eternidad junto con ellos, celebrar al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Amén.

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