Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Enseñanzas centrales de la vida de Santa Catalina de Siena en relación con la vida cristiana en medio del mundo.

Homilía scat010a, predicada en 20150429, con 56 min. y 39 seg.

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Transcripción:

Quiero compartir con ustedes qué significa Catalina de Siena en el ámbito de la vida de los laicos. Como las imágenes de Catalina, incluyendo esta muy hermosa que tenemos aquí, la presentan siempre con una especie de hábito, de inmediato la asociación que muchas personas hacen es, una religiosa, una monja. Había monjas, efectivamente, en el tiempo de Catalina, no lejos de su ciudad natal, en Montepulciano, por ejemplo, había un monasterio que remontaba sus orígenes al siglo anterior. Pero Catalina no fue monja, Catalina no fue religiosa, ella fue seglar, una persona que vivió su vocación en el contexto de su familia, en el contexto del servicio a los enfermos, en el contexto de los viajes y el trabajo por la paz. Una persona que, podemos decir, vivió su camino de santificación no solo ante los ojos de Dios, por supuesto, sino también ante los ojos del mundo.

Y por eso, ya podemos presentir que hay una gran enseñanza de esta mujer para tantos que tienen que vivir así, su vocación. De hecho, en esta asamblea todos ustedes están en esa condición, vida de hogar, vida laboral, vida de estudio, de trabajo, con todos los inconvenientes, con todas las posibilidades, con todas las tentaciones y también, con todas las gracias particulares que Dios tiene para la vocación laical. Así que es bueno, es bueno tener presente este detalle, y es lo que quiero subrayar con la ayuda del Espíritu Santo, es lo que quiero subrayar el día de hoy, lo que significa la santidad de Catalina, especialmente para los laicos. Cada una de las afirmaciones del que he llamado Decálogo de Santa Catalina de Siena, tiene que ver, precisamente, con el desarrollo de la vida cristiana en todo contexto, incluyendo entonces la vida de los laicos.

Primer punto, no existe paz fuera de la verdad, no existe paz fuera de la verdad. En la reseña biográfica que leímos al principio de la Santa Misa, ya se menciona su trabajo por la paz. Pero ese trabajo por la paz, como lo vimos en uno de los estudios con las vírgenes seglares, es muy particular porque estamos acostumbrados a que la labor diplomática es el mundo de la hipocresía, del disimulo, es una especie de juego de intereses donde tienen un papel muy importante las máscaras. Catalina la diplomática, la que tiene que representar a los Estados Pontificios frente a la ciudad de Estado de Florencia, es, en cierto sentido, lo opuesto a la diplomacia que nosotros conocemos. Esta es una mujer diplomática que va por delante con la verdad y que por eso le interesa tanto el acuerdo entre las regiones o países, como le interesa la conversión de los corazones. Creo que es algo muy interesante porque cuando nosotros empezamos a fundamentar nuestra vida en la verdad, empezamos a encontrar verdadero cimiento, sin esa roca fuerte estamos edificando sobre arena.

Pero viene el segundo punto, la vida cristiana empieza su camino en serio a partir del conocimiento de sí mismo en Dios. Es decir, no es cualquier verdad, es la verdad de lo que es mi vida, como quien dice, aquella verdad de la que uno suele huir, aquella verdad que uno rechaza. Y hay tantos modos de esconderse de esa verdad, que es la verdad personal, nosotros disfrazamos nuestras heridas, enterramos nuestros malos recuerdos, reprimimos nuestros miedos, tratamos de encerrar en un cuarto nuestros fantasmas. Pero todo eso un día se sale, se sale de su prisión el fantasma, se desentierra ese miedo y entonces nos sentimos más impotentes que nunca. Y por eso, estamos encontrando personas jóvenes y también adultas que de repente un día se sienten completamente perplejas: ¿Yo qué es lo que estoy haciendo finalmente en la vida? Por eso, para Catalina esta expresión, el conocimiento de sí mismo, es absolutamente vital.

Y fíjate un detalle, que ese conocimiento de sí mismo, es el que le va a servir al cristiano como base y referencia de lo que ella llama celda interior, es decir, la certeza de lo que yo soy, más allá de opiniones, presiones, expectativas, seducciones externas, la conciencia clara de lo que yo soy, eso yo lo puedo llevar a todas partes. Ella misma tuvo esa experiencia, la experiencia de que, en medio de circunstancias y ambientes tan distintos, gente muy adinerada y gente muy pobre, gente con grandes capacidades intelectuales y gente con ningún estudio y ningún talento aparentemente, en ese rango de trato de personas, uno no puede estar al vaivén de las circunstancias.

No puede ser posible que, si voy a trabajar, por ejemplo, a una empresa, sea la empresa la que modele qué es lo bueno, qué es lo malo en mi mente, eso no puede ser. No es posible que, porque una persona entra en una relación de noviazgo, entonces todo lo que aprendió en la infancia ya no vale y ahora vale solo lo que diga el novio. No es posible que, porque yo entré a una universidad, entonces mi colegio ya no cuenta, mi sacramento de la confirmación ya no vale. Esa fragmentación, esa ruptura duele y ese dolor apaga las fuerzas, desgasta lo mejor de nosotros, ese tratar de ser una cosa en el grupo de oración, otra cosa con los amigos, otra cosa con las amigas, es estar tratando de complacer a todos, es falta de este segundo punto, de este conocimiento de uno mismo. Entonces, si yo soy lo que soy, a mí no me cambia ni un novio, ni un amigo, ni una amiga, ni un trabajo, eso no me cambia, porque Dios no cambia, porque Dios es el que es. Esto lo afirma vigorosamente Catalina.

Si es verdad que todos necesitamos estas enseñanzas, este punto de la celda interior es simplemente crucial, crucial para el laico, porque sin esto vas a ser un juguete de las circunstancias. Y esos refranes asquerosos, demoníacos que lamentablemente existen en todas las lenguas, se van a cumplir en ti. Refranes como, por ejemplo, usted tiene su precio, todo el mundo tiene su precio. Tú no sientes, pregunto yo, tú no sientes repulsión de que alguien diga: Su conciencia también tiene precio, sus principios también tienen precio. No será que lo que estamos necesitando hoy en el mundo esa gente que no se venda a ningún precio, cuerpos que no se vendan a ningún precio, principios claros que no se negocien a ningún precio. Pero ¿de dónde va a sacar la gente esa firmeza, si no tiene fundamento en Aquel que es el único que es?

Este conocimiento de sí mismo, del que habla Catalina, no es un puro conocimiento psicológico. La psicología tiene su lugar y tiene su importancia, pero no es un puro conocimiento psicológico. La conclusión a la que ella llega se parece mucho más a la filosofía que a la psicología. Tú eres el que es, le dice a Dios, yo soy la que no soy. Eso no es mucha psicología, yo creo que la tendencia de los psicólogos más bien es: Afirme usted lo que usted es, así como usted, es decir, lo que usted ha conocido de usted. Pero si uno tiene una pizca de filosofía o de sentido crítico, uno se da cuenta que eso es amarrar el futuro al pasado, porque entonces sí he sido una persona que tradicionalmente ha dicho muchas mentiras, entonces un psicólogo de esos me va a decir: Pues convénzase de que usted es un mentiroso. Ah, pues bien, entonces ya sé que soy un mentiroso y ahí queda todo. Eso es demasiado pobre, pero lamentablemente eso es lo que hacen muchos psicólogos: Usted ha tenido experiencias homosexuales, convénzase de que usted es homosexual, acéptese como homosexual. Hasta ahí llega la psicología, hasta ahí llega. Catalina va mucho más allá. La psicología no explica por qué existo yo, eso no lo explica la psicología.

Entonces, el descenso, el buceo de Catalina, es mucho más que psicología. El buceo de Catalina, como me gusta expresarlo y me conmueve, es hasta tocar con mi mano, la mano del Dios que me ha creado. Esa es la fuente de la alegría, porque antes de que existiera ese psicólogo, existía Dios y antes de que existiera el primer abuso que sufrí de niño o la primera experiencia que tuve de decir una mentira, o de robar, o de aplastar a alguien, o de que me violaran, antes de cualquier experiencia, el primero, el primero en mi vida, fue Dios. Si a alguien le tengo que preguntar quién soy, se lo tengo que preguntar a Dios.

Entonces ahí está el tema del conocimiento y, por supuesto, en ese conocimiento profundo me voy a encontrar con una realidad que se llama pecado. Cualquier conocimiento de sí mismo que no llegue a la declaración del propio pecado, no te ha quitado la última máscara. Y resulta que si no te quitas la última máscara, vas a seguir justificándote y, como diría San Pablo, el desastre de que intentes justificarte es que te pierdes de que Dios te justifique. Dios se ha pronunciado a favor tuyo, pero no puedes oír la voz del Dios que se ha pronunciado a favor tuyo, si tú sigues hablando, defendiéndote o escondiéndote, esa es la densidad que tiene. Y por eso este segundo punto es absolutamente vital, muy, muy original de esta santa, o si digo mejor, don original que el Espíritu le regaló a ella, se lo regaló en su tiempo de ermitaña.

Cuando yo llego a esa profundidad y reconozco que, como decía una amiga mía, fallecida prematuramente, una señora amiga, tenía esta frase: Yo no soy pecador porque cometa pecados, yo cometo pecados porque soy pecador, no es un trabalenguas. Yo no soy pecador porque cometa pecados, cuando uno dice esa frase, como yo cometo pecados, pues habrá que decir que yo soy pecador, ahí uno no ha llegado a este nivel. Pero, cuando uno empieza a descubrir, que es lo mismo que dice el Salmo 51: «Pecador me concibió mi madre», cuando uno llega a esa, a ese reconocimiento de que hay algo seriamente descoyuntado en la raíz de mi alma, cuando uno llega a esa convicción, entonces ahí es donde uno descubre ese verbo, que es el verbo clamar. Ahí es cuando uno clama al Señor y ese es el clamor de Catalina, es el clamor de Santo Domingo, es el clamor de Francisco, porque eso sí es descubrir lo profundo.

En mi experiencia, en los años que Dios me ha concedido de vida y, sobre todo, de ministerio sacerdotal, yo cada vez veo con mayor claridad esto, la persona que no ha llegado al clamor, esa persona, la que no ha llegado al clamor, no llega a descubrir la plena necesidad de Cristo. En la liturgia de la Iglesia, en la Liturgia de las Horas, aparece ese clamor expresado algunas veces, sobre todo con esta frase: «Sáname Señor, porque he pecado contra ti». Es una frase que estaba meditando, precisamente, en un retiro que tuve este fin de semana, fíjate cómo se une sanación y pecado ahí, sáname. Pero no es únicamente sáname de lo que otros me hicieron, sáname porque he pecado. Entonces, llegar a ese descubrimiento último es lo más duro, pero es lo más liberador. Y ahí es donde viene el clamor y en ese clamor es donde está la libertad. Ese es el clamor de la persona que siente que se asfixia, que necesita aire. Ese es el clamor del que se está hundiendo en el río, según la imagen de Catalina, y descubre el puente y se agarra del puente y el puente es Cristo.

Yo me pregunto si tú has sentido eso, me lo pregunto y le pido a Jesús que si no lo has sentido, te regale esa experiencia, es una experiencia que está más allá de los temperamentos. Esto no es porque uno sea muy sensible, poco sensible, muy flemático, poco flemático, más bien melancólico, sanguíneo. No, esto es el ser humano que se enfrenta, que descubre que no puede negar su límite. Cada uno lo vivirá a su manera, pero ese clamor profundo, esa súplica que sale de lo más íntimo del alma: «Señor, sálvanos, que perecemos», le gritaron a Cristo los de la barca. «Sálvanos, que perecemos». Ese clamor es el que hace que por primera vez Cristo llegue a ser Señor de la propia vida. Ese clamor es el que abre la inteligencia de la Escritura, sin ese clamor no hay entendimiento de la Biblia. La Biblia es una colección interesante de documentos antiguos que muestran una cosmovisión, una filosofía, una ética. Ay, qué pobreza, qué pobreza de descripción.

Este clamor, esta necesidad íntima y profunda de Cristo es la única que hace posible que te abras a la inteligencia de esta frase, dice Jesús: «Sin mí nada podéis hacer». La vida se divide en dos, antes del clamor, antes de esa necesidad radical, uno dice: Hombre, como exagerada esa frase, yo puedo hacer muchas cosas por mi cuenta. Yo realmente soy una persona inteligente, soy una persona sensata. Yo no le hago mal a nadie, yo estoy más o menos bien. Sí, tengo tal o cual problema, okey, okey, paciencia. Años después, ahí es donde la película se acelera, años después, uno llega al clamor y llega el momento en el que uno se da cuenta que lo que uno oye esta frase, Catalina, ayúdame, ayúdame, intercede en este momento, esta frase: Es verdad que sin Cristo yo puedo hacer algunas cosas, pero mi hacer es patinar en el mismo puesto, tropezar con la misma piedra, repetir la misma historia, perder otra vez, fracasar otra vez, seguir contabilizando maridos como la samaritana de Juan, capítulo cuarto. Y en ese momento se derrumba, se derrumba cualquier otro señorío, se derrumba cualquier otro ídolo y, en ese momento, Jesús pasa a ser el Señor, el Señor.

No un señor, una opción, un maestro interesante: Sí, sí, es verdad, Cristo. Sí, esos grupitos son buenos, esos grupitos son buenos. Eso la gente se reúne, conoce, socializa. Así habla la gente de los grupos de oración, así habla la gente de las comunidades de fe, así habla la gente del servicio social: Esas son actividades buenas. Sí, sí, es bueno ver unos cuantos niños mocosos y eso es bueno, eso le despierta a uno cierta sensibilidad, estar en un grupito, socializar, ver caras, recibir abrazos, todo eso es bueno, todo eso ayuda. Pero en el fondo lo que está pensando la persona que te dice eso es: Si estuvieras contándome de un grupo budista me daría lo mismo. Y si me estuvieras contando que el I Ching te sirvió para eso, me daría lo mismo. Porque en el fondo no me importa lo que hagas con tu vida, porque yo tampoco sé qué hacer con la mía.

El clamor es lo que divide el antes y el después. Ese clamor, el Espíritu Santo se lo regaló a esta niña, porque era una niña. Ese descubrimiento de que Dios es el que es y que de verdad sin Él no soy, sin Él solo patino en mi propio vómito, sin él solo recaigo en la misma historia. Y tú sabes muy bien que la vida humana tiene una equivalencia biunívoca entre el cuerpo, el tiempo y la vida misma. Es decir, lo que acabe con tu cuerpo, lo que acabe con tu tiempo, acaba con tu vida, esos tres son equivalentes, biunívocamente, como dicen los matemáticos. Entonces es muy fácil el trabajo del demonio, es mantenerte con la idea de que sí estás haciendo algo, sí estás haciendo algo, porque él sabe que cada día perdido es un triunfo, es un triunfo más. Y por eso, esta bendita mujer, como tantos otros, descubren que no se puede perder un día, perder un día es perder demasiado.

En esa búsqueda no estoy solo, lo básico está en ese tercer punto, descubrir el puente. Pero en esa búsqueda no estoy solo, entonces descubro que estoy con otros. Entonces, la razón por la que yo estoy con otros, esos otros, puede ser mi grupo de fe, mi grupo de vírgenes seglares, mi grupo comunidad religiosa. La razón por la que estoy con otros, no es porque me caen bien, porque me tratan bien, porque tiene ventajas, porque estaba muy harto viviendo solo yo, todo solo yo con yo, ya estaba como muy aburrido eso. El prójimo no es una solución a mi aburrimiento, el prójimo no es una solución, mi prójimo es otro caminante. Qué hermosura descubrir esto, qué hermosura, sobre todo, para ustedes, amados, qué hermosura para ustedes descubrir esto, el prójimo es otro guerrero.

Yo digo, por ejemplo, pensando en el crecimiento y la madurez de estas queridas vírgenes, ¿qué es lo que se necesita para ser virgen seglar? Reconocer eso, que por supuesto hay límites en todas las personas y errores y problemas. Pero, por Dios, qué importa eso si finalmente somos todos peregrinos del mismo cuento, todo el que haya viajado en bus debería poder entender lo que estoy diciendo, vamos finalmente caminando, vamos finalmente avanzando. Entonces, yo no puedo sino sentir amor por esos otros que son los rescatados por la sangre, que son los guerreros del Señor. Entonces, ¿cuál es la mirada para tener uno en un grupo de oración? No es tanto si me quieren, si me caen bien, no me caen bien, si me simpatizan o, como le pasaba a Quico, no les simpatizan. No, la idea no es esa. Lo importante es, este es un caminante, es aprender a tener aliados.

Cuando yo descubro que mi caminante de al lado vale precio de la sangre de Cristo y está, como dicen los españoles, dejando el pellejo en su lucha por Cristo, yo empiezo a querer la gente de otra manera, ese es el amor cristiano. El amor cristiano es el amor entre caminantes, es el amor del que descubre: A este le tiene que costar mucho trabajo eso, mucho trabajo, porque no puede ser fácil. Yo he sentido que hay gente que me ama así, tengo esa alegría. Yo siento que hay gente que me ama así, le doy gracias a Dios por esas personas que lo miran a uno y se dan cuenta: Mire, esto de andar en la predicación, el sacerdocio, eso no le puede resultar fácil a este señor. Este tipo tiene que estar en una pelea, tiene que estar en un combate. Yo agradezco a la gente que me mira así, me quiere así, les quiero decir que están bien retribuidos.

Yo miro, por ejemplo, una pareja de novios y yo digo, si quieren ser fieles a Cristo, es decir, si no quieren escupir más a Cristo, si no quieren torturar más a Cristo, si no quieren profanar más sus cuerpos, vivir un noviazgo es heroico. Ser papá tiene que ser heroico, ser honrado tiene que ser heroico. Cualquier virtud que tú la tomes en serio, hoy por hoy es heroica. Entonces, para mí, que una persona me diga soy casado, soy casada. Yo le digo merece todo mi respeto, permiso, me inclino ante usted porque hoy, hoy, estar en esa batalla es de gigantes, es de gigantes. Entonces, el amor que yo tengo por mis hermanos laicos, como son ustedes, el amor que yo tengo por los laicos, no es simplemente porque qué rico, y estamos, y qué bueno y compartimos. No, es que yo sé que a ti te cuesta, porque hay un problema si no te está costando, es que no eres.

Si yo veo una persona que está agitada batallando, yo digo, este está tratando de salir del río. El que se deja ir por el río: chao. El que se está dejando llevar por el río de inmundicia, en la comparación famosa de Catalina, el río y el puente, el que se está dejando llevar por el río tiene todo el tiempo para sacarse selfies, ¿no? Entonces: Este soy yo llegando a las cloacas de Nueva York. Este soy yo saliendo de las alcantarillas de París, este soy yo entrando. Y la gente se pasea en la inmundicia y vive tranquila. Yo no le creo a los tranquilos, yo necesito ver a la gente en combate. Cuando yo veo un papá que tiene en su cara el rostro de, como dicen los mexicanos, ¿cómo le hago? Cuando yo veo un papá que tiene esa cara, yo digo esto es un verdadero papá, está peleando, este es de los míos, venga esa mano. Cuando yo veo una religiosa, tantas que he visto, y también ellas tienen el peligro de dejarse llevar por el río. Pero uno ve unas cuantas religiosas que están peleando, están dando la lucha por su fidelidad. Yo digo: Es de los míos y, seguramente, soy también de los suyos, eso es ser Iglesia.

Ser Iglesia no es simpatía, ni siquiera es una comunión de trabajo, no es una relación de conveniencia o de funcionalidad, es que yo sé lo que a ti te cuesta creer. Yo sé, yo sé, yo sé que tú lloras y luchas contra una tentación, y yo sé que si caes, te agarras la cabeza y dices: ¿Por qué no estoy pudiendo? Eso, mi campeón por ahí es, o como dicen ahora, esa es la actitud, esa es la actitud, por ahí, es el cuento es así, es con llanto. Y si no estás llorando y si no estás peleando, te estás sacando selfies en las cloacas del río del mundo. No me interesa, no me interesa eso, para lo único que nos interesa esa cloaca es para pedirle a Dios: Despierta la conciencia de esas personas. Entonces, ahí es donde está el combate y eso es amar a la Iglesia. Y ahí entiende uno la frase de Catalina: El que no arde de amor por la Iglesia, no piense que está amando mucho a Cristo.

Y de ahí viene la manera de ella amar a los sacerdotes, ¿el amor al sacerdote cuál es? Primero, ver que al tipo le toca ser un guerrero. Y segundo, entender que Cristo, a pesar de todo, ha querido utilizar a los sacerdotes para que sean ministros de la sangre. Entonces, ya de inmediato, uno dice: Si este es el acueducto de la sangre de Cristo, pues este es el Caño Limón, ¿no? Ese es el Caño Limón, Coveñas. Y usted sabe que el guerrillero quiere poner la bomba ahí, en el punto neurálgico, en el oleoducto neurálgico, aquí en Colombia es Caño Limón, Coveñas, creo. Entonces, el guerrillero sabe que ahí es donde tiene que poner la bomba. Entonces, todo el que entienda estas cosas, se da cuenta que las bombas, las más sutiles, las bombas lapa, las más destructivas, las va a buscar el demonio para los sacerdotes. Entonces, uno se da cuenta que uno tiene que rodear de oración a los sacerdotes, que uno tiene que querer a los sacerdotes, más allá de que muchas veces como personas sean tan incompletos, seamos tan incompletos, tan rotos, tan incoherentes. Pero, uno se da cuenta que ese es el Caño Limón, ese es el oleoducto que hay que proteger.

Todos han de tener inmenso aprecio por la celebración cotidiana, digna y fervorosa de la Eucaristía. Cuéntenme una cosa por favor, levanten la mano aquellos que, en la medida de sus posibilidades, van a misa cada día. Levanten la manito, levanten la manito, muchas gracias. Los que levantaron la manito por favor quieran mucho más a Catalina a partir de hoy, porque si en la Iglesia Católica se celebra misa todos los días, una de las personas que influyó en toda la Iglesia para que eso sucediera fue Catalina. Es decir, antes de ella, era raro que un sacerdote celebrara misa todos los días y era muy extraño que un laico quisiera asistir a misa todos los días. Santo Domingo en el siglo XIII, y nuestra amada de hoy, Catalina, fueron dos titanes, el uno como sacerdote y ella como laica, que influyeron en la Iglesia, no los únicos, pero influyeron en la Iglesia para que hubiera misa todos los días.

Durante mucho tiempo, una de las razones por las que Catalina pareció sospechosa es porque ella quería la Santa Misa todos los días y eso se miraba como una exageración, en el siglo XIV. Poco a poco, la santidad de ella, la santidad de los que fueron discípulos de ella, es decir, los de su familia espiritual, dejó tan impactada a la Iglesia que realmente el mundo cambió. Este es uno de los casos en los que se puede ver la influencia de una persona que tuvo repercusión en casi toda la Iglesia, así que ese es un buen motivo para querer más a Catalina, le debemos a ella y a otros cuantos, pero a ella, muy particularmente, le debemos este tema. ¿Por qué? Porque ella se da cuenta de que, si mi necesidad de Cristo es tan radical, acuérdate lo que dijimos del clamor, tengo que poner una ley que diga: Vayan a misa todos los días, creo que no. Usualmente, por lo menos la gente que yo conozco, no hay que poner una ley que diga: Desayune todos los días. ¿Por qué no hay que ponerla? Porque hay un recordatorio que se ubica en la zona gástrica, ese recordatorio que se dispara con su propio reloj biológico, ese recordatorio le está diciendo a usted: Bueno y qué, se va a hacer el loco, o ¿qué pasa?

Bueno, uno de los efectos benditos de amar a Jesús es que se despiertan los tejidos del corazón, se despierta, si puedo hablar así en una metáfora forzada, se despiertan los tejidos de nuestra alma y piden: Jesús, y piden: Jesús. Entonces, quienes no van a la misa, pudiendo, pudiendo, quienes no van a misa cada ocho días, están gravísimos, pero quienes no sienten necesidad de ir a misa cada día, pregúntense seriamente qué está pasando. O sea, ¿qué está pasando con tu amor a Jesús? No es porque yo te lo diga, no es porque en un grupo de oración o en una asociación te digan: Y recuerden que hay que asistir a misa. No, estoy preguntando ¿qué pasa con tu hambre? Te aseguro que los que han pasado por el clamor, que los que han pasado por esa necesidad, sienten: Me hace falta, me hace falta.

Esa hambre se puede pedir, ¿cómo así pedir hambre? Así como se oye, es bueno pedir hambre. Cuando una mamá ve que el hijo está completamente inapetente, decaído, llega un momento en el que la mamá siente pedirle a Dios que el niño vuelva a tener hambre. Y cuando el niño dice: Mamá, ¿no habrá algo de comer? La mamá se alegra, ya está mejor, ya siente hambre. Eso es lo que nuestra madre la Iglesia quiere de nosotros, eso es lo que la Virgen Santísima quiere de nosotros, eso es lo que Catalina quiere de nosotros. Que nosotros sintamos esa hambre, hambre. No que nadie me lo diga, es que mi día está incompleto, es que mi vida está incompleta, si pudiendo asistir a la misa, no estoy asistiendo, ¿qué pasa? ¿Qué pasa conmigo? ¿Qué hay dentro de mí Señor?, dame hambre porque veo que no estoy bien. No es forzado, no es una apariencia, no es porque me manden, es porque me hace falta.

Y ¿cómo aprendemos a orar?, esto es maravilloso, la doctrina de ella sobre oración mental y oración vocal. Pero yo lo traduzco aquí en un lenguaje más breve, quizás se puede entender. Aprendemos a orar como aprendimos a hablar, oyendo a otros y repitiendo. Para Catalina, el proceso de la oración es como aprender un lenguaje y de lo que se trata finalmente es de, es de repetir. ¿Cómo así? No me haga esa cara, lo mismo que dice de Deuteronomio capítulo 6: «Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es solamente uno. Amarás al Señor tu Dios. Hablarás, repetirás, dirás esto en casa y yendo de camino, acostado y levantado». Lo mismo los Salmos, el Salmo 135-136, que tiene esa repetición: «Porque es eterna su misericordia, porque es eterna su misericordia». Ya lo hemos comentado otras veces, Cristo en la cruz ¿qué hacía? Oraba, estaba repitiendo salmos. Entonces, para Catalina es clave que el principio de la oración, se lo voy a poner de esta manera, porque hay algunos que están aprovechando esta hoja para tomar sus apuntes, eso es buena idea, esa es la actitud.

Mire, en sus apuntes que pueden escribir en la hojita respectiva, fíjese que para Catalina es clara una cosa, la oración no empieza en la espontaneidad, la oración empieza en la repetición. Pero ella es lo suficientemente pedagoga para darse cuenta que las repeticiones pueden cambiar de una persona a otra y por eso, le da un margen muy amplio. Dice que la persona tiene que estar atenta a qué es aquello que le mueve el corazón, que le despierta el corazón.

Esto se parece muchísimo al lenguaje de amor que tienen especialmente los esposos y, con alguna prudencia, también los novios. Porque fíjate que hay todo un lenguaje corporal bellísimo que se da entre los esposos. Y ese lenguaje lleva a reconocer cuál es el besito, cuál es la caricia, cuál es el tono, cuál es el estilo que realmente le gusta a la otra persona. Porque somos distintos, los seres humanos somos distintos. Entonces, en el camino del noviazgo y mucho más en el camino del matrimonio, tienen que aprender a reconocer eso. Cuál es la manera de hablar, cuál es la sonrisita, cuál es el perfume, todo ese lenguaje de amor bellísimo, porque Dios ha querido también eso, cuál es ese lenguaje de amor que realmente toca los corazones de ambos. La oración es lo mismo.

Entonces la oración no tiene el «one size fits all», eso no es una sola cosa para todo el mundo. Y Catalina, siglo XIV, plena Edad Media, es totalmente consciente de eso, que la persona tiene que empezar a explorar los caminos de la oración, descubriendo qué es aquello que realmente le mueve, le eleva y, al mismo tiempo, le humilla, le disuelve suavemente, qué es aquello que te derrite, qué es aquello que te enamora, por ahí va la oración. En ese sentido, hay mucho que aprender de los benedictinos, San Benito y los benedictinos son claves en esto.

Yo me acuerdo en un retiro que hicimos con un grupo de oración en un monasterio de benedictinos y una señora, creo que se llamaba Intensa Pérez o algo así. Esta señora, entonces ella tenía que entrevistar a todo el mundo, saberlo todo, meterse con todo, opinar de todo, porque ella es así, tenía ese gen. Entonces, por allá le pregunta a uno de los monjes: Hermano, ese no era sacerdote, hermano, pero ustedes rezan el rosario, claro, todos los días. Y el monje le dice: No, realmente no, hay algunos monjes que sí, otros no. No, así, con ojos bien abiertos, no, ¿cómo así? Se supone que son monjes, se supone que, como monjes, deben rezar.

Bueno, hace unos años no existía la Coronilla de la Misericordia, hay muchas personas que rezan la Coronilla de la Misericordia. Personalmente me parece bellísima, el rosario me parece bellísimo, el viacrucis me parece bellísimo. Pero qué tal que cada vez que salga una devoción, entonces los monjes tienen que rezar Coronilla, Rosario, viacrucis, el Triduo a San Cayetano, San Judas Tadeo, patrono de los imposibles, San José. Por eso, una de las cosas que optamos, desde hace muchos años, en el rezo del Rosario con las vírgenes seglares fue: Tenemos que mantener el Rosario en su hermosa simplicidad, porque muy pronto nos dimos cuenta que siendo personas que venían de distintos lugares, entonces cada uno agregaba alguna cosa. Entonces, después del primer misterio, entonces algunas personas dicen las dos oraciones de Fátima, otras personas rezan por la paz de Colombia, otras personas por los niños abortados, otras personas por las vocaciones sacerdotales, otras personas. Y llega un momento en el que ya nadie sabía en qué misterio íbamos.

Entonces, mire, Catalina es tan pedagoga, es tan bella, tan sabia en esto, ella dice que la oración, la oración es un aprender a hablar realmente, es un aprender a hablar y dentro de ese aprender a hablar, cada persona tiene que apoyarse en el punto número dos, conocimiento de sí mismo. Si yo me doy cuenta, por ejemplo, que el viacrucis me enfrenta con la realidad de mi pecado, pero no para hundirme en desesperación, sino en humildad y en dulce confianza en el amor de Dios, bendito el viacrucis, seguramente hacer más el viacrucis, me sirve mucho. Para muchas personas, ciertas melodías, ciertas músicas, tienen una influencia muy grande, muy, muy grande, soy una de esas personas. Para mí la liturgia de las horas, con ciertos cantos, como lo que ofrezco ahí en Internet, a mí eso me llega profundamente al corazón, tal vez, otras personas tengan otro parecer.

Entonces hay una necesaria diversidad en esto, pero lo importante ¿qué es? Lo importante es que no te detengas y que sigas creciendo, como la parejita que está aprendiendo a amarse. Entonces, ¿cuáles son los besos que nos gustan? ¿Cuáles son los abrazos que nos gustan? ¿Cuál es el perfume que nos gusta? Es ir descubriendo eso, esa es la relación que se establece con Dios. Entonces el asunto no parte, ojo esto para la oración, el asunto no parte de la pura espontaneidad, pero tampoco parte de la rigidez. No es la rigidez de decir: Este es el camino de oración y usted tiene que cumplir con esto, esto, esto y esto otro. Pero tampoco es la pura espontaneidad, que es en lo que a veces caen mis queridos amigos, con los que siempre estaré en deuda, amigos de la Renovación Carismática.

Es muy mala idea quedarse uno solo con la oración espontánea. La oración espontánea muy pronto se vuelve una espiral cada vez más chiquita, en la que uno empieza a repetir las mismas cosas, cada vez encuentra menos sentido, así no es. Es una combinación porque siempre estoy aprendiendo ese lenguaje. Obviamente llegamos a unas alturas de santidad también, entonces tenemos a una Santa Narcisa, por ejemplo, o una santa Mariana de Jesús, por ejemplo, o una Santa Rosa de Lima, o por supuesto, esta santa que tiene unos trances contemplativos absolutamente asombrosos. Si Dios quiere darlo, muy bueno, pero el papel de cada uno de nosotros es ir creciendo de esa manera, con una guía.

Punto número siete, necesitamos obediencia. Una cosa que se ha demostrado exhaustivamente es que en el siglo XIV no existía cusumbo, eso de que cusumbo solo, yo solito, yo con yo en la jungla. No, necesitamos guía, necesitamos obediencia y en la obediencia necesitamos claridad. Las obediencias a medias, las confesiones a medias, los secreticos son solamente aplazamientos. Varias veces hemos recordado frases de otra doctora de la Iglesia, Teresa de Jesús, para estar atado da lo mismo una cadena que un hilo de seda. Si el hilo de seda no te deja mover, estás tan atado como si fuera una cadena. Entonces, necesitas obediencia, necesitas una luz exterior. ¿Por qué? Porque lo que Dios está construyendo no es aquí un hijo, aquí otro hijo, aquí una hija, aquí otro hijo, aquí otra hija, aquí otra hija y otro hijo. No, Dios está construyendo familia, entonces necesitamos obediencia. Porque no hay unidad sin obediencia.

Necesitamos obediencia, probablemente para esa obediencia, también necesitaremos hacer nuestro propio camino de discernimiento. Un camino que hay que llevar con cuidado porque existe el peligro de lo que dice la carta de Tito, es decir, que uno empiece a buscar aquellos maestros que le aprueben lo que uno hace y que no se metan en lo que uno no quiere que se metan. La búsqueda de una cierta dirección espiritual, la búsqueda de una cierta obediencia, es una búsqueda que hay que pedir a Dios verdaderamente, con lágrimas en los ojos. Hay que pedirle al Señor esa luz y esa guía, porque es muy fácil decirse mentiras, porque es muy fácil buscar la comodidad, porque es muy fácil buscar a aquel que no me saque de mi zona de confort, y eso lo queremos todos. Sin embargo, cuando yo reviso mi vida, soy plenamente consciente de que si hay gente que me haya hecho bien a mí en esta tierra, son los que me han sacado de mi zona de confort. Formadores, priores provinciales que me han sacado de mi zona de confort, han sido particulares expresiones de la voluntad de Dios.

Entonces, no busquemos al acercarnos al sacerdote, al acercarnos a una consejería, al acercarnos a una dirección espiritual, no busquemos la persona que me haga más pasito, haga pero pasito. Tenemos que buscar aquella persona que nos lleve con la unción de Dios, que nos lleve a donde tiene que llevarnos y eso, más de una vez, requiere contradicción, penitencia, búsqueda, sacrificio, inmolación. Decía un filósofo alemán, cuyo nombre no recuerdo, nada más grande en el ser humano que la capacidad de decir sé. No, eso no lo tiene ningún animal, ningún animal tiene eso. No se ha documentado el primer caso de una foca que haga dieta, por ejemplo: No, ya comí suficiente. Ahora tengo que hacer dieta. No, los gimnasios para tigres o para ruiseñores no existen. Por qué el ser humano es capaz de decir yo quisiera esto, me apetece esto, pero no.

¿Por qué eso? Porque en nosotros brilla una luz superior y es muy importante ver la importancia, es muy importante reconocer el lugar único que tiene el «no», el «no» es el que te hace crecer y quienes tienen hijos saben que los hijos nunca llegarán a ninguna parte sin la palabra «no». Esa es la palabra maravillosa. A veces se puede decir con cariño: No, no, no, no, no, otras veces será con más fuerza: ¿Qué parte de «no», no entiende? Otras partes, otras veces será todavía más agresivo: Cuando esté en su casa, hará lo que a usted le parezca. Pero en esta, que es mi casa, usted se atiene a mis reglas, ¿entendió? Eso también es decir «no», y a eso también toca. Y si hay papás a los que no les ha tocado eso, rezaré fervientemente esta noche para que les toque. Eso es crecer, eso es crecer.

Entonces uno necesita contradicción, lágrimas, penitencia, ayuno. Fíjate lo que leímos al principio, ella es hermana de la penitencia y eso le llamó la atención a ella, porque sin experiencia del morir, esa no fue la canción de entrada, sin la experiencia del morir, no hay la experiencia del vivir. Por eso necesitamos el camino de la obediencia, porque el del capricho lleva a la muerte.

Últimos puntos brevemente. La vida de los consagrados es el avance de un bote. La persona que no tiene comunidad está nadando sola. ¿Puede una persona sobrevivir nadando sola? Sí, claro que sí. Yo desde que supe que había gente que había atravesado el canal ese, que va de Francia a Inglaterra, que había gente que había atravesado ese canal nadando, yo veo que hay gente que puede nadar, hay gente que nada y nada bastante. Otros no nadan nada, pero hay gente que nada bastante. Pero como norma general, no es buena idea suponer uno que uno es la excepción, esa no es buena idea. No es buena idea esa, así que aquí hay una advertencia. Ella decía esto refiriéndose a las comunidades de su tiempo, apliquémoslo a las comunidades de nuestro tiempo, si tú no tienes una comunidad donde estás creciendo, si tú no tienes un lugar donde exista esto, esto que hemos dicho aquí: oración, obediencia, Eucaristía, amor a la Iglesia y, sobre todo, clamor, si tú no tienes eso, estás en grave peligro, pero uno no sabe el grave peligro en el que está.

Hace poco leí una entrevista que le hacían a un astronauta de estos que pasó más de un año en la Estación Espacial Internacional. Por supuesto, está en un ambiente de ingravidez y resulta que los músculos se empiezan a atrofiar y los huesos se descalcifican seriamente. Entonces, si un astronauta de esos no se prepara para su reingreso a la Tierra, luego resulta que no puede caminar. Pero lo chistoso es que cuando la persona llega a la Tierra, se siente divinamente, no siente que haya ningún problema. Solo cuando intenta pararse ve que las piernas no le responden, no le funcionan. Y muchos tienen que empezar a hacer largas fisioterapias para volver a caminar. Lo que quiero destacar de ese ejemplo es, uno no sabe lo débil que es hasta que llega al problema.

Entonces, probablemente cuando usted escucha estas cosas de que hay que tener obediencia, tener comunidad, tratar de asistir a misa cada día: Está como fanático el padrecito, el padrecito está intenso, quién sabe qué le dieron al almuerzo al padrecito, como mucha cosa, muy complicado ese cristianismo. Claro, claro, muy complicado, porque es que yo estoy entrenando soldados, porque yo estoy entrenando combatientes. Cuando uno va al combate, entonces dice: Ah, sí, tenían que entrenarme. Ahora sí entendí, ahora sí, no había entendido, porque uno siempre cree que todo es exagerado: No, y con misa diaria y rece y ¿qué más tengo que visitar? También tengo que hacer visita al Santísimo. Ay, caramba, esta vida cristiana tan pesada. Pero ahora pregúntele a un soldado en el combate qué es lo que más agradece y qué es lo que más critica y probablemente lo que más critica es por qué no me entrenaron más para esto. Ustedes y yo hemos visto esos videos en los que ponen a los soldados a andar en cuclillas y arrastrarse por el barro, debajo de alambres de púas. ¿Por qué hacen eso? Porque el combate en la vida real va a ser peor que eso. Entonces, para que por lo menos tenga alguna idea de lo que es el cuento.

Entonces lo mismo pasa aquí. Cuando uno le dice: Mire, si usted no está en comunidad, se lo come el tigre, bueno, el tigre no, primera de Pedro dice: León, el león ronda buscando a quien devorar. Y uno dice: Ay, sí, sí, el león, el rey león me va a comer, el rey León, hasta el día en que se siente el mordisco y dice: Ay ¿por qué el padre no predicaba? ¿Por qué no le dicen a uno esto? Pero resulta que sí lo decían, pero usted se distraía en la misa. Claro que sí se dice, que usted tiene que estar atento, que usted tiene que entrenarse. Y ¿el mordisco cómo llega? El mordisco llega en el momento menos esperado. Usted está felizmente casado, todo está en orden y de repente aparece por ahí: Oiga, yo no había visto esas curvas tan aerodinámicas. Usted no se había dado cuenta de ese pequeño detalle. ¿Con qué alimentarían a esa criatura? Esa criatura, si se tomaba su Duryea, ni sé si existe el Duryea ahora.

Entonces uno necesita comunidad, y el que no tiene comunidad, el que pretende ser cusumbo. ¿Qué pasa? Le pasa lo de la lo del rebaño de gacelas, ustedes conocen esa historia muy bien. ¿A quién atacan los leones? Está el poco de gacelas, la horda, o como se llame, de gacelas, no sé si eso tiene otro nombre. Ahí va el rebaño, el grupo de gacelas. ¿A quién atacan los leones? Al grupo no se le meten porque, entre otras cosas, pegan durísimo esas cosas. ¿A quien se le meten? A la que está por ahí solita, solita, solita, solita. Entonces van allá y le establecen conversación: ¿Usted qué ha pensado de almuerzo? Le dice el león.

Punto nueve, nuestra voluntad, porque de inmediato la gente dice: No, padre, lo que pasa es que yo, yo realmente no tengo mucha voluntad. Yo no sé, yo he sido como muy débil, como muy frágil. Nuestra voluntad es tan débil como la distancia que nos separa de la voluntad de Dios. A mayor distancia, mayor debilidad. O sea, la única manera de fortalecerse es buscando activamente la voluntad de Dios, deseando activamente la voluntad de Dios, invocando activamente la voluntad de Dios. Sin eso, no hay fortaleza de la propia voluntad. Uno solo es fuerte en la voluntad de Dios. Y esta fortaleza tuvo ella, esa manera de escribirle a condes, reyes, obispos, cardenales y Papas, con una fortaleza interior, ¿de dónde viene? De su adhesión impresionante a la voluntad de Dios.

Por último, que nos sirve de resumen, la santidad es el fruto natural del bautismo. Es la meta propia de todo bautizado, no es un asunto para sacerdotes únicamente, no es un asunto para misioneros. El problema de no ser santo usted, es que usted no va a ser el papa que sus hijos necesitaban. El egoísmo suyo, el pecado suyo, no le sirve de nada a sus hijos, de nada. El pecado que usted cometa, señora, no le sirve de nada a sus hijos. Su pecado no le sirve absolutamente de nada, sino de desastre a sus amigas, de nada. De nada le sirve, porque solo una cualidad social tiene el demonio que, por otro lado, quiere separarnos completamente unos de otros. Pero solo hay una cualidad que él tiene en cuanto lo social y es tejer, tejer complicidades, que tu adicción se pegue con la mía, que tu pecado enlace con el mío, que lo que tú busques concuerde con lo mío. Para eso es excelente el demonio. Entonces, atención, por eso, necesitamos descubrir que la santidad es el camino nuestro. Y descubrir que lo que perdemos de santidad, lo perdemos en todos los campos. Eres profeso, el pecado no te está haciendo mejor profesor, de ninguna manera. Eres papá, eres mamá, ya lo dijimos, el pecado, el pecado es desastre que llevas.

Una de las cosas bellísimas, bellísimas de la vida de esta Santa Señora, María, la Madre de Cristo, es descubrir en ella, la santidad de los papás. La Iglesia entendió muy pronto que los papás de ella tenían que ser santos, pero muy santos, porque es que no hay otra manera de frenar el pecado en los hijos, sino esa. Y ustedes saben que la Virgen fue concebida por relación sexual entre Joaquín y Ana, yo por eso tengo una campaña, desde hace años, de que se declare a San Joaquín y Santa Ana patronos de la sexualidad humana. Porque la sexualidad ha de ser santa, la sexualidad no es el pedacito de demonio que nos queda ahí, ahí tenemos entre este cojín y esta sábana, está nuestro. No, no hay espacio para la oscuridad, no hay espacio para las tinieblas. Dice, de hecho, explícitamente la carta a los Hebreos: «Que la cama de los esposos sea santa», más claro no se puede decir, la cama de los esposos santa. Eso es muy bello y tenemos que pensar que ese es el camino. Decía la primera lectura que se escogió para hoy: «Dios es luz y no tiene resquicio, ni asomo de oscuridad». Que así sea también nuestra vida por la potente y bellísima intercesión de Santa Catalina. Amén.

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