Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El profundo amor a Cristo y al Evangelio hizo de Santa Catalina instrumento precioso del Espíritu Santo para renovar la Iglesia interior y exteriormente.

Homilía scat009a, predicada en 20150429, con 6 min. y 49 seg.

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Transcripción:

El 29 de abril nuestra madre la Iglesia recuerda a Santa Catalina de Siena. Se trata de una mujer que, llena del Espíritu Santo, realizó una obra única en términos de la historia de la Iglesia, en términos de la teología cristiana y en términos de la vida espiritual. Vivió en el siglo XIV entre los años 1347 a 1380, una época difícil, una época compleja. El siglo XIV fue el siglo de grandes, de terribles plagas en Europa, muchos conventos, muchos monasterios quedaron desolados y una grave imprudencia se cometió en muchos lugares para tratar de cubrir esos espacios y cubrir las necesidades de servicio de la Iglesia. Se empezó a recibir, especialmente, en la vida religiosa, casi cualquier candidato, casi cualquier candidata, fue una mala idea, muy mala. La experiencia, por el contrario, ha mostrado que cuanto mayor sea la necesidad de la Iglesia, más cualificados, más preparados, más valientes, más fortalecidos tienen que ser los candidatos a la vida sacerdotal y a la vida religiosa. Pero ese criterio no se siguió en el siglo XIV, la formación sacerdotal, que ya era deficiente, como consta por numerosos documentos históricos, cayó realmente en un mínimo. Y los que tenían que ser pastores celosos, sabios, amorosos, que cuidaran el rebaño de Cristo, muy a menudo obraron más bien como enemigos, enemigos de la causa del Evangelio.

En esas circunstancias, la vida de Catalina es un regalo del Espíritu Santo. Tenemos aquí una persona absolutamente apasionada por Dios, una persona fascinada por el amor de Dios, una persona llena del Espíritu Santo, una persona con una conciencia profunda de lo que vale a Cristo, de lo que le costó a Cristo nuestra redención. Algo que ella expresó muchas veces en su predicación y algo que pronunció hasta el último momento de su vida en esta tierra, la sangre del Señor. Catalina se convierte así en uno de los más preciosos testigos de lo que quiere decir servir a Dios y tomar a Dios en serio. Su corazón transformado, su corazón renovado por la gracia del Espíritu, es un corazón que se convierte en instrumento de predicación y de enseñanza, y por eso, fluyen palabras de una elocuencia absolutamente sobrenatural y de una sabiduría que deja asombrados, incluso a los más doctos de su tiempo y de nuestro tiempo. Por eso, Catalina ha sido declarada, en su momento, por el Papa Pablo VI como doctora de la Iglesia.

Esta enseñanza espiritual no significa una renuncia, no significa un descuido de las realidades tan concretas y a veces tan dolorosas que sufre la Iglesia. No, se trata de una persona que tiene su corazón apegado al Cristo del cielo, pero apegado también al sufrimiento de Cristo en los más pequeños, los enfermos, los pobres, los indigentes, los pecadores, los desplazados, decimos hoy, los que encuentran dificultad para creer. Y por eso, en momentos en que la soberbia, porque no es otra la causa, en momentos en que la soberbia se adueña de tantos corazones y finalmente estalla en una división, que se llama un cisma en 1378, hay un Papa en Aviñón y hay otro Papa en Roma, en momentos de tanta arrogancia, en momentos de tanto endurecimiento, Catalina concentra su corazón, su oración y su palabra en lo que es esencial, en lo que es central, en lo que es único e irreversible del Evangelio de Cristo.

Ella no alcanzó a ver la sanación de ese terrible cisma, porque el cisma empezó en 1378 y ella murió en 1380, pero sus discípulos, y entre ellos, señaladamente su confesor y director espiritual, el beato Raimundo de Capua, ciertamente fueron instrumentos de la Providencia. Y por eso digo, Catalina dio un paso en la espiritualidad, pero dio un paso también en la historia de la Iglesia. No es exagerado decir que, gracias a su generosidad, que gracias a su amor, que gracias a su plegaria, gracias a su testimonio, unido por supuesto al de muchas más personas, la Iglesia logró superar esa etapa tan turbia y de hecho, pudo ponerse en la ruta de una profunda reforma de la cual nos beneficiamos muchos, especialmente quienes recibimos la primera evangelización aquí en América. Datos maravillosos de la historia de la Iglesia, datos maravillosos de una vida entregada al extremo por amor a Jesús. Catalina de Siena, ruega por nosotros.

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