|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La honestidad intelectual consiste en buscar la verdad por encima de todo y reconocer humildemente cuando estamos equivocados. Pidamos la gracia de dejarnos corregir y rendirnos ante la verdad.
Homilía sbar019a, predicada en 20260824, con 7 min. y 23 seg. 
Transcripción:
El veinticuatro de agosto nuestra Iglesia recuerda al apóstol San Bartolomé, que tenía también por otro nombre Natanael. De hecho, su nombre propio más bien sería Natanael, porque Bartolomé es una forma de apellido de aquellas que se utilizaban en tiempos de Jesús. ¿Por qué decimos que es un apellido? Porque Bartolomé significa el hijo de Tolomeo, de Tolomeo, Bartolomé. Si hubiera que decir que cada apóstol es como patrono de alguna realidad humana, yo pienso que tendríamos que asignarle a San Bartolomé, patrono de la honestidad intelectual. ¿Qué queremos decir con esto? Bartolomé era un hombre de estudio, un hombre que conocía muy bien la Palabra de Dios. Un hombre que en cierto sentido se había consagrado a ese conocimiento de la Palabra divina, es decir, correspondía a lo que la Biblia llama un escriba. Él era un escriba. Y si recordamos algo de los evangelios, sabemos que en su gran mayoría los escribas que eran muy amigos de los fariseos, más bien fueron opuestos, fueron adversos, prácticamente diríamos enemigos de la predicación de Cristo. Pero Bartolomé no solamente se vuelve discípulo de Cristo, sino que llega a ser uno de sus apóstoles. Y esto es algo que debe llamar nuestra atención. ¿Cómo llega a ser apóstol un hombre que compartía oficio con los enemigos de Cristo, es decir, con los escribas? La respuesta está en aquella expresión que he utilizado antes: Es un hombre de una profunda y fina honestidad intelectual. Honestidad intelectual es la capacidad de rendirse ante la verdad, de rendirse frente a aquello que es en el fondo, la tarea de todo, de toda labor académica o intelectual. Rendirse y rendirse es reconocer que si yo estaba equivocado, pues me voy a corregir. Fíjate lo que aparece en el Evangelio de hoy. Felipe, que llegó a ser también apóstol de Cristo, Felipe, le dice a Natanael o sea, este apóstol que estamos celebrando hoy le dice: Hemos encontrado el Mesías, es Jesús el de Nazaret. Y entonces Natanael responde: De Nazaret. ¿Acaso de Nazaret puede salir algo bueno? Su postura es distante, su postura es escéptica y esto no nos debe extrañar. Las personas que están acostumbradas a la investigación y al estudio, pues son personas que muchas veces toman una postura al principio más bien distante, más bien escéptica, porque necesitan precisamente llegar a comprobar aquello que se les dice o con otro lenguaje. No están corriendo detrás de la última opinión o de lo que todo el mundo aplaude y cree. Tienen su propio criterio. Ese es Natanael, el patrono de la honestidad intelectual. Y entonces, pues Felipe no se enreda en una discusión con él, sino que lo pone en contacto con Cristo. Y es Cristo el que convence a Natanael, el que convence a Bartolomé porque Cristo le dice: que lo conoce desde que estaba bajo la higuera. Natanael se siente conocido por Cristo. Natanael se siente iluminado por esa presencia de aquel que ha visto la sinceridad y la generosidad con la que él enseña la Palabra de Dios. Y entonces, ¿qué hace Natanael? El mismo que antes había dicho. ¿Acaso de Nazaret puede salir algo bueno? Ese mismo. Ese mismo. Ahora dice algo diferente: Tú eres el Maestro. Reconoce a Jesús. Reconoce al Mesías. Es decir, se corrige. Eso es honestidad intelectual. Es buscar con tanta intensidad, la verdad que si me doy cuenta de que yo estaba equivocado, pues me corrijo. Eso es honestidad intelectual. Y quiero terminar esta breve reflexión dejándote esta pregunta ¿Cuántas cosas cambiarían en nuestra vida si empezara a difundirse la honestidad intelectual? A mí me aterra ver cómo muchas veces se le exige a la Iglesia. Y bueno, digamos que no está mal que se le exija, que reconozca sus errores, que reconozca sus actos de corrupción y de abuso, que reconozca lo que estuvo mal. Y la Iglesia muchas veces ha reconocido. Es casi una rutina que cuando el Papa va a distintos lugares, casi lo primero que siempre tiene que hacer o de sus primeros actos, es encontrarse con las víctimas de abuso por parte de sacerdotes. O sea, la Iglesia se le exige que reconozca sus errores. El problema es que solo se le exige a la Iglesia. El problema es que no se le exige a otras personas ni a otras fuerzas. Entonces nos encontramos con mucha frecuencia que hay una cantidad de políticos absolutamente corruptos y nunca reconocen nada. Hay gobiernos desastrosos y nunca reconocen nada. Siempre la culpa estuvo afuera. La disculpa típica es no me dejaron gobernar, no me dejaron gobernar. No hizo nada o hizo muy poco. Se le admite lo que ha hecho bueno. Pero hay muchas cosas que hizo mal. No admite nada. Encontramos actrices con una vida absolutamente corrupta, especialmente en el plano afectivo y sexual. Y luego dan declaraciones: No me arrepiento de nada. No tienen nada de qué corregirse. Nada. La verdad es que es excepción. Que haya gente como Bartolomé es excepción que haya personas que tengan tanta honestidad intelectual. Pero ya que son tan poquitas, te invito a que tú y yo seamos también de ese grupo de los que son capaces de buscar la verdad por encima de todo, de aquellos que queremos ser capaces de admitir, incluso cuando nos hemos equivocado. La gloria sea para Dios. Y tú, San Bartolomé, intercede por nosotros. Amén.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|