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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Los creyentes debemos evitar dos extremos, el intelectualismo que idolatra al conocimiento creyendo que somos los únicos que entienden y la ignorancia que lleva a abandonar la fe al no valorarla.
Homilía sbar017a, predicada en 20230824, con 7 min. y 7 seg. 
Transcripción:
El Veinticuatro de Agosto, mis hermanos, recordamos al apóstol San Bartolomé. Como hemos mencionado muchas veces, la palabra Bartolomé es en realidad un apellido. Bartolomé significa el hijo de Ptolomeo, y todo indica que este Bartolomé es el mismo Natanael que aparece en el Capítulo Primero del Evangelio según San Juan, Natanael. O sea que en la terminología nuestra, el nombre de él sería Natanael y su apellido Bartolomé.
Observemos que Bartolomé o Natanael era uno de los apóstoles más instruidos, sino el más instruido de ese grupo, porque el grupo de apóstoles era sumamente diverso en sus procedencias, en sus opciones políticas y en sus niveles académicos. Te encuentras a un pescador como Pedro y te encuentras a un doctor en la Sagrada Escritura, como era Natanael. Este hombre había dedicado su vida al estudio de la Palabra de Dios, porque eso era lo que hacían los escribas. Pero una cosa muy interesante es darnos cuenta que los escribas, en general en los Evangelios, son adversarios de Cristo. Los escribas solían hacer grupo, hacer bando con los fariseos. Y escribas y fariseos, pues estaban usualmente en oposición con Cristo, en contra de Cristo.
Pero lo que encontramos en el caso de este apóstol es un escriba que llegó a Cristo, y pienso que esa es una gran lección. Ese es un mensaje muy profundo que nosotros debemos tomarlo en serio y debemos agradecerlo, porque así como es un peligro idolatrar el conocimiento. Y ya nos advierte San Pablo que el conocimiento produce vanidad, la ciencia hincha dice San Pablo. Aunque el mismo Pablo era supremamente instruido. Pues así como el exceso de ciencia puede producir la vanidad, la falta de conocimiento, pues también es un grave peligro. No se nos debe olvidar que ya en el Antiguo Testamento uno de los profetas advertía, mi pueblo perece por falta de conocimiento. Y tampoco se nos debe olvidar que, según aparece por ejemplo, en el libro de Esdras, el papel fundamental de los levitas es ayudar al pueblo para que conozca, ame, entienda y practique la Palabra de Dios. O sea que nosotros como creyentes debemos evitar dos extremos. Debemos evitar un extremo que se llama intelectualismo, que le da tanta importancia al conocimiento que termina creando una especie de élite, una especie de club de superinteligentes que son los únicos que entienden.
Y esa tendencia existe hoy también en la Iglesia. Algunas veces, por ejemplo, en facultades de teología. Lo digo porque lo he conocido. Yo he escuchado en salones de clase, yo mismo he tenido que hacer todo un camino de estudios, al que me ha puesto mi comunidad y uno se encuentra con que a veces se oye en un salón de clase de teología frases como éstas. Esto el pueblo no lo entiende, pero nosotros sabemos que es así. Por ejemplo, refiriéndose a la virginidad de María Santísima, refiriéndose a la multiplicación de los panes y los milagros del Señor, refiriéndose a la resurrección. Entonces se crea como una especie de club, como una especie de élite, con la idea de que nosotros somos los que sí entendemos, nosotros somos los que sí conocemos. Y nosotros los que sí entendemos y conocemos, pues poseemos este conocimiento que no puede llegar, que todavía no puede llegar al pueblo, porque el pueblo no entiende esto, porque el pueblo no está preparado. Esa es otra frase que se dice, el pueblo no está preparado todavía para recibir este mensaje. Esa manera de hablar, ese modo de hablar, es propio del intelectualismo, que es como una idolatría del conocimiento por el conocimiento.
Pero cuidado con la otra falla, cuidado con el otro error que es la ignorancia. Porque también hay un refrán que yo lo he comprobado muchas veces y ese refrán dice católico ignorante, seguro protestante y es real, es algo completamente cierto, es algo que se cumple por falta de apreciar, por falta de conocer y valorar lo que tiene nuestra fe. Muchas personas llegan, por ejemplo, a un lugar donde hay un pastor muy elocuente, donde hay unos cantos muy bonitos y abandona la Eucaristía, abandonan el Papa, abandonan la Virgen, abandonan la confesión, porque ahora sí encontraron la verdad. Católico ignorante, seguro protestante. O sea que cuidado con idolatrar el conocimiento. Pero todavía más cuidado con idolatrar la ignorancia.Me he encontrado con gente, incluso aparentemente de buena intención, que prácticamente idolatra la ignorancia, como quien dice yo no soy teólogo, yo no sé nada de nada, pero el Señor me ha mostrado esto. Tengo esta inspiración. Así han surgido muchas herejías. No se nos debe olvidar que muchos de los herejes eran personas, incluso piadosas. O sea que ten cuidado con eso.
Yo creo que el mensaje que nos deja este escriba santo. El mensaje que nos deja San Bartolomé es que no vamos a caer ni en la idolatría del conocimiento ni en la romántica idealización de la ignorancia, como si eso nos hiciera mejores cristianos. Cada uno fórmese con humildad y con sabiduría, cada uno conozca y aprecie su fe.
Y desde aquí le quiero enviar un saludo a un sacerdote que admiro mucho, el padre Pedro Núñez, que especialmente a través de DWTN con un programa que se llama Conozca primero su fe, lleva muchos años haciendo exactamente lo que aquí queremos decir. Es decir, ayudando a que la gente se forme, ayudando a que la gente valore lo suyo, no a que caiga en arrogancia, no a que caiga en vanidad, no a que caiga en pedantería, pero sí a que valore, valore lo que tiene. Porque si aprendemos a valorar lo que tenemos, no para humillar a nadie, no para ser vanidoso, sino para agradecer y para difundir la Buena noticia, entonces sin duda seremos mejores discípulos de Cristo, como lo fue San Bartolomé.

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