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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Los verdaderos discípulos son los que para comunicar la Verdad necesitan primero recibirla y antes de conquistar mentes de otros les interesa que su mente sea conquistada por el poder de la Verdad.

Homilía sbar015a, predicada en 20210824, con 3 min. y 57 seg.

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Transcripción:

El Veinticuatro de Agosto nuestra Iglesia recuerda y celebra a San Bartolomé. Hemos explicado varias veces que Bartolomé es más bien un apellido. Significa el hijo de Ptolomeo. El nombre, porque este es el apellido. El nombre de él, según indicación de la misma liturgia, es Natanael. Natanael Bartolomé. Nombre y apellido. Y de Natanael nos habla la primera lectura de hoy. Nos presenta a Natanael como un maestro, un maestro de la ley judía, un maestro sincero, un hombre, digamos crítico, escéptico. Él es el que dice Acaso de Nazaret va a salir algo bueno. O sea Nazaret, una aldea perdida en el norte, donde hay tanto paganismo. De ahí puede salir algo bueno. Es decir, el escéptico es más bien racional, pero es un maestro que tiene corazón de discípulo. Así miro a San Bartolomé, un maestro con corazón de discípulo.

Y quiero explicarte por qué esa expresión es tan importante para mí. Porque existe la tentación cuando uno tiene un cierto cargo, cuando uno ha recibido una cierta responsabilidad. Existe siempre el peligro, como se dice popularmente en mi país, de que el cargo se le suba a la cabeza. Existe siempre el peligro de que usted, por ejemplo, si es el gobernador, a usted se le olvide que usted tiene que estar bajo el gobierno de Dios. Y si usted es el presidente, no se le puede olvidar que hay alguien que preside su vida y que es Dios. O si usted es el rey, aunque usted sea el rey de mucha gente, no se le olvide que usted sigue siendo discípulo, usted es súbdito. Entonces usted es rey de unas personas pero usted es súbdito del rey de Reyes. Usted es maestro de algunas personas, pero usted es discípulo del verdadero Maestro. Usted es gobernador de algunas personas, pero usted está bajo el gobierno del que verdaderamente merece todo honor y todo poder.

Y efectivamente, la manera como Bartolomé nos muestra su corazón de discípulo es que aparte del pequeño diálogo que encontramos en el texto de hoy, Bartolomé prácticamente desaparece. Es decir, es un hombre de silencio. Yo lo asocio mucho con San José, por ejemplo. Claro que de San José ni siquiera aparecen palabras como las que tenemos de Bartolomé. Es como un San José. Es un hombre de silencio. Es un hombre dispuesto a aprender. Es un hombre dispuesto a recibir. Es un hombre que si quiere comunicar la verdad, sabe que en primer lugar necesita recibirla. Y antes de conquistar las mentes de otros, le interesa que su mente sea conquistada, sea ganada por el poder de la verdad. Estos son los verdaderos discípulos. Estos son los verdaderos maestros. ¡Qué felicidad! Un maestro que esté siempre más dispuesto a aprender. ¡Qué felicidad! Un rey que esté siempre más dispuesto a obedecer al Rey de Reyes. ¡Qué felicidad! Un papá al que no se le olvide que es hijo de Dios. Esos son los caminos. Esas son las claves que nos deja esta humilde pero bellísima fiesta de San Bartolomé.

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