Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El diálogo entre los apóstoles Felipe y Bartolomé, y luego el encuentro con Jesucristo, nos enseñan sobre el camino hacia el Señor: Dios no es enemigo del que cuestiona y pregunta. Es enemigo de Dios quien no pregunta y asegura, no cuestiona y se distancia.

Homilía sbar014a, predicada en 20200824, con 17 min. y 1 seg.

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Transcripción:

Mis hermanos. Volvamos sobre este hermoso texto que muestra el comienzo de la vocación de Natanael, a quien nosotros llamamos Bartolomé. Me gusta aclarar que Bartolomé era un apellido. Los judíos formaban los apellidos de esa forma. Bar indica hijo. Bartolomé es el hijo de Tolomé o de Ptolomeo. Así que el nombre de él era Natanael y su apellido era el hijo de Tolomeo. Este Natanael llegó a Jesús y cada persona que llega a Jesús alguna enseñanza trae para nosotros. Porque aunque los caminos son distintos, Jesús es el mismo y lo que Dios ha hecho para acercarte a ti a la persona de Cristo. Eso me puede servir a mí, aunque mi camino sea diferente y lo que Dios ha hecho conmigo te puede servir a ti. Aunque repito, Dios obra con cada persona según su propio camino.

Entonces, miremos un poco lo que sucedió con Natanael. Se menciona aquí que Natanael estaba bajo la higuera. ¿Qué indica eso? Natanael era un estudioso de la ley. Natanael era un maestro judío, conocía muy bien las Escrituras. Esto explica también el saludo que Felipe, que ya era discípulo de Cristo, le da a Natanael. Felipe para hablarle de Jesús a Natanael dice hemos encontrado a aquél de quien hablaron la ley y los profetas. La expresión la ley y los profetas era el modo usual de expresarse, de referirse a aquellos judíos, a las Escrituras, al conjunto de las Escrituras. Lo que nosotros llamaríamos hoy el Antiguo Testamento, por supuesto. Entonces Felipe le habla a Natanael tú que eres estudioso de las Escrituras, tú que sabes que hay un Mesías esperado, tú que has empeñado tu vida enseñando ese misterio y cultivando esa esperanza en los demás y en tu propio corazón. Ahora escucha lo que te voy a decir esa esperanza no cae en el vacío. Hay un hombre que se llama Jesús, el hijo de José de Nazaret, y en él se cumple todo lo que tú has estudiado toda la vida.

No era entonces, ya cuando lo miramos así expuesto, no era un anuncio cualquiera el que le decía a Felipe, le estaba hablando de la noticia más grande, la más bella que podía esperar Natanael. Mira lo que tú has enseñado, lo que tú has esperado toda tu vida, lo que tú quieres con lo más profundo de tu corazón. Por fin lo hemos hallado. Jesús de Nazaret. Tenemos que aprender de Felipe. Aquí uno aprende de todo el mundo. Tenemos que aprender de Felipe. Felipe le habló a Natanael en el lenguaje que Natanael podía entender. Si Natanael vivía con su cabeza metida entre las Escrituras. Si Natanael estaba de lleno en el tema de las Escrituras. Así le habla Felipe de lo que Natanael conocía. Y si el anhelo más profundo de Natanael era ese Mesías del que ahí se habla, de ese Mesías le habla Felipe. Realmente Felipe hizo aquí una magnífica labor. Pero no termina ahí su tarea, veamos qué sigue.

Cuando Felipe le presenta semejante anuncio a Natanael. La razón de tu vida, el centro de tu esperanza, lo más querido de tu corazón. Lo hemos hallado. Hemos hallado al Mesías. La primera reacción de Natanael. Natanael Bartolomé. La primera reacción es de escepticismo. Empieza a poner reparos. ¿Nazaret? Él conocía muy bien las Escrituras y él sabía que las Escrituras hablaban de Belén como origen del Mesías. Nosotros sabemos, por supuesto, que Jesús nació en Belén, pero eso no lo sabía Natanael. Y como Jesús se había criado en Nazaret. Por eso Felipe lo llamó Jesús, el de Nazaret. Así que Natanael pone reparo en cuanto al nacimiento. Pero casi más que reparo ante el nacimiento es reparo ante la nada de Nazaret. De Nazaret puede salir algo bueno. Realmente es un obstáculo muy firme el que pone Natanael. Pero Felipe no se rinde, ni tampoco nosotros debemos rendirnos cuando hablamos de Jesús, cuando presentamos a Jesús. En vez de entrar en una discusión que seguramente hubiera sido estéril o una discusión que Felipe hubiera perdido, porque ya dije que Natanael era el experto. Felipe toma una, una senda, toma un camino mucho más simple, humilde y directo. Ven y verás. Esa invitación de Felipe es importante porque en el fondo, si lo piensas bien, son las palabras que sirven para vencer los prejuicios.

Me acuerdo de un encuentro vocacional que se hizo precisamente aquí en la Arquidiócesis de Bogotá. Y luego pues a partir de ahí se produjo como una especie de video y comentaba uno de los muchachos que estaba por entrar al Seminario Mayor aquí de la Arquidiócesis de Bogotá. Comentaba, yo tenía otra idea. Yo me imaginaba que la vida de los sacerdotes era otra cosa. Sabemos que en la época en la que vivimos con mucha frecuencia hay una cantidad de prejuicios y de insultos y de calumnias con respecto a la Iglesia. Aunque también sabemos que hay fallas graves, muy dolorosas, que han causado heridas en las personas y que por eso se distancian de la Iglesia. Eso también lo sabemos. Pero lo que quiero destacar es cómo este hombre en ese encuentro vocacional dice yo me imaginaba otra cosa. Y la imaginación no siempre es aliada de la verdad. Muchas veces la imaginación es un obstáculo para la verdad. Lo que tú te imaginas sobre la Iglesia, sobre la vida religiosa, sobre el sacerdocio, lo que tú te imaginas. Muchas veces no corresponde a la realidad. A veces idealizas demasiado. A veces te dejas llevar por los prejuicios contra la Iglesia.

De manera que es grandioso lo que hace Felipe. Felipe le dice deja a un lado tus prejuicios, verifica por ti mismo, lo lleva. Lleva a Natanael a la experiencia del encuentro con Jesucristo, palabra tan profundamente amada por el Papa Benedicto Décimosexto, nuestro Papa emérito. El encuentro con Cristo. Yo no puedo resolverte todas tus dudas, Él sí. Y fíjate que eso es lo que nos corresponde a nosotros como evangelizadores. Nos corresponde llevar a la gente ante Jesús. Y por eso muchas veces la gran tarea del evangelizador es la oración. ¿Por qué? Porque al hacer nuestra intercesión estamos apresurando el momento en el que Cristo se manifieste a esa persona que tanto queremos.

Se cuenta, se dice, de varios santos, pero entre otros se dice de San Ambrosio, cuando Santa Mónica, la mamá del que después fue San Agustín, cuando Santa Mónica fue a hablar con Ambrosio porque estaba desconsolada y frustrada de ver que su hijo no se acercaba de verdad a Dios. Entonces Ambrosio le dijo según cuenta esta historia, le has hablado mucho a Agustín sobre Dios. Háblale más a Dios sobre Agustín y nosotros tenemos que orar mucho. Tenemos que orar mucho, porque en un instante Jesús resuelve todas las dudas, en un instante. Y es muy importante ese momento en el que la persona está delante de Jesucristo. Ese momento es muy importante. Ese momento significa también que nosotros no podremos aclarar todo. Hay muchas cosas, hay muchas heridas, hay muchos porqués que no podremos aclarar.

Una de las clases que estoy ofreciendo en la universidad en la Facultad de Teología este semestre se llama Misterio de Dios. Y hablando sobre la existencia de Dios, comentábamos que muchas personas no tienen argumentos contra la existencia de Dios, sino tienen rechazos. ¿Por qué si hay un Dios se me murió mi papá? ¿Por qué si hay un Dios, hay tanto mal en el mundo? Esas son las preguntas que ellos tienen. Entonces esto significa ¿qué? Esto significa que nosotros no podremos aclarar eso. Si tengo aquí a mi lado un papá que dice ¿Por qué se murió mi hijo? ¿Por qué mi hijo? ¿Por qué? ¿Tú crees que si yo le presento ochocientas páginas de argumentos lo voy a convencer? Tal vez no es ese el camino. Tal vez el camino estará más en el acompañamiento, la caridad, la paciencia, pero el único que podrá darle paz a ese corazón es el Señor.

Entonces eso fue lo que hizo Felipe. Felipe llevó a Natanael ante Cristo. Él te aclarará todo. Ese es el problema. El problema está en que a veces uno quiere suplantar a Cristo. Pero Felipe no cayó en esa tentación. Y cuando Natanael llega donde Cristo, resulta que Cristo ya lo conocía. Esta es una de las cosas más bellas en el comienzo de nuestra fe en el desarrollo. Darnos cuenta que Él ya nos conoce. Eso es grandioso. Por eso dice la canción que utilizamos como canto de entrada. Sonriendo has dicho mi nombre. Es el Señor el que conoce nuestro misterio. Y cuando Natanael se siente conocido, reconoce al Mesías. Y cuando Natanael se siente conocido y reconoce al Mesías, hace un acto profundo de honestidad. El mismo que había tenido ese escepticismo y esa distancia. Ahora proclama con confianza, con certeza Tú eres el Mesías, Tú eres el Hijo de Dios. O sea que este mismo hombre que antes tenía esa resistencia, ahora tiene esta convicción. ¿Cómo pudo pasar? Pues pudo pasar del escepticismo a la convicción, porque había un motivo profundo para su escepticismo. Natanael era un gran amador de la verdad. Él no negó. No dijo, es imposible, cuestionó.

Y esta es una norma muy importante en estos programas que he desarrollado por Internet que se llaman De camino. Alguien preguntó, porque tenemos un día para preguntas y respuestas. Alguien preguntó pero ¿La fe se puede cuestionar? ¿La Iglesia se puede cuestionar? Y yo creo que la respuesta está en la lectura de hoy, si, de un modo respetuoso, porque no se trata de insultar ni de imponer el imperio del prejuicio, de un modo respetuoso y buscando la verdad, claro que se puede cuestionar, por supuesto. Y eso fue lo que hizo Bartolomé. Bartolomé no negó, cuestionó. Y a Cristo no le molestan los que cuestionan. Tiene respuestas para los que cuestionan. Varias veces he recordado que hay dos apóstoles de Cristo que eran particularmente escépticos. Este, el de hoy Natanael Bartolomé y otro el apóstol Tomás. Si no veo el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado. Y Cristo no rechaza al que cuestiona. Tener dificultades en la fe, tener preguntas profundas, tener cuestionamientos que nos ponen así como en balanza. Eso nos puede pasar a muchos, Pero lo importante ¿Qué es? lo importante, es que nosotros no nos quedemos ahí. Dios no es enemigo de los que cuestionan. Dios no es enemigo de los que preguntan. Por el contrario, son enemigos de Dios los que en vez de preguntar, aseguran. Y los que en vez de cuestionar, simplemente se distancian. Esos tratan a Dios como un enemigo.

Bartolomé, gracias a Dios no fue de ese grupo. Tenía su temperamento, tenía su afán de búsqueda y a partir de ahí no se quedó quieto. Cuando Felipe le dijo ven y verás, Bartolomé hubiera podido tomar una actitud de niño caprichoso, niño grosero. ¡Qué voy a ir por allá! Pero fue y vio y creyó y se convenció, y más tarde entregó su vida por Cristo. Preguntar no es pecado. Cuestionar no es pecado, siempre que se haga con sinceridad y con afán sincero. También buscar la verdad no es pecado. Se avanza en la fe. De hecho, en buena parte, la teología, incluyendo la gran teología de Tomás de Aquino, se hace a partir de preguntas. ¡Cuántas lecciones nos deja este pasaje del Evangelio! ¡Cuántas lecciones! Solo terminó con una pregunta ¿Con cuál de los dos te identificas más, con Felipe o con Bartolomé? ¿Y qué te dice el Señor a partir del ejemplo de estos dos grandes hombres? Ahí te dejo esa inquietud.

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