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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Jesucristo formó a los apóstoles con: la convivencia, el ejemplo, la palabra sabia, el padecimiento de sus imperfecciones y la oración para que llegue a sus vidas el Espíritu Santo.
Homilía sbar013a, predicada en 20200824, con 6 min. y 12 seg. 
Transcripción:
El Veinticuatro de Agosto celebramos al apóstol Bartolomé. Bartolomé significa el hijo de Ptolomeo, es decir, que propiamente este es el apellido de este apóstol. Todo indica que su nombre era Natanael y de él se habla en el Capítulo Primero del Evangelio de Juan. Natanael Bartolomé era uno de los apóstoles más cultos, más formados en el grupo. Natanael era maestro de la ley, conocedor de la Escritura. Hombre de gran capacidad de pensamiento y temperamento, más bien escéptico, como también lo tenía el apóstol Tomás.
Hoy vamos a referirnos a la manera como Cristo formó a sus apóstoles. ¿No es cosa maravillosa mis hermanos, que Dios haya elegido seres humanos frágiles? Sin duda con sus defectos, con sus pecados. Con sus propias historias. Y que haya conducido a estos hombres a la plenitud de testimonio que encontramos después en sus vidas santas. ¿Qué hizo Cristo por ellos? Eso es lo que vamos a reflexionar en esta oportunidad. Porque si Cristo pudo hacer semejante obra con ellos, Cristo también puede hacer grandes obras con nosotros.
Lo primero que debemos tener en cuenta es que la manera como Cristo los formó fue ante todo estando con ellos y ellos con Él. Es decir, la convivencia con el Maestro hace la diferencia. Podemos decir que el fuego que ardía en el corazón de Cristo requiere contacto para poder hacer su obra. Si tengo un trozo de hierro frío y oxidado y sucio en mi mano y el fuego se encuentra a no sé cuántos metros de mí. Ese fuego no hará nada por este hierro, pero si ese hierro entra en el crisol, entonces el fuego puede hacer su obra. Puede purificar, puede depurar. Y entonces ese hierro así renovado, podrá ser una obra maravillosa. Eso, mis hermanos, exactamente eso es lo que nosotros vemos entre Cristo y los apóstoles. La gran estrategia de formación de Cristo. Si vamos a hablar de estrategia fue que ellos vivieran con Él. Expresamente lo dice el Capítulo Tercero de San Marcos escogió a doce para que estuvieran con Él. Es ese estar con Cristo lo que nos forma. No es un gran secreto, no es una maravillosa idea. Es el estar con Jesús. Y si nosotros queremos el camino de la santidad. Lo que necesitamos no son ideas maravillosas, en primer lugar, esas también. Pero lo primero que necesitamos es estar con Jesús una y otra y otra vez, estar con Él, estar con Él. Y Él va modelando lo que en nosotros debe cambiar. Luego Cristo les dio permanentemente ejemplo de generosidad, de santidad, de pureza de verdad y de todas las virtudes.
Entonces, primero la convivencia, luego el ejemplo. Esto también es muy necesario para nosotros, porque también somos formadores, de alguna manera. Al sacerdote le corresponde, al catequista le corresponde, a los papás, a las mamás les corresponde ser formadores. Y entonces es el ejemplo el que va ahí. Luego la palabra sabia. Cristo les daba explicaciones, Cristo les instruía en privado nos dice el Evangelio. Otro elemento fundamental en la formación que Cristo hizo de sus apóstoles es el sufrimiento. Evidentemente escogió personas imperfectas, más o menos imperfectas comparadas con otros, no es lo importante. Eran personas seriamente imperfectas y Cristo escogió a estas personas. Es evidente que el primer día de convivencia con cada uno de ellos tuvo que haber sido un día difícil y no se puede corregir todo al tiempo. Por algo le dijo Dios a Catalina de Siena Piense yo que el alma es imperfecta y sólo después perfecta. Y mientras el alma es tan imperfecta, como indudablemente somos muchos, hay un factor de padecimiento. Hay que padecer la imperfección del otro. No se puede corregir todo a la vez.
Pero el gran formador, después de la convivencia y de lo que hemos dicho, el gran formador, es la oración. Lucas nos dice que cuando Cristo eligió a los apóstoles. Pasó la noche orando y estoy seguro que en esas oraciones que Cristo hizo, por ejemplo, después de la multiplicación de los panes, no estaba Cristo solamente pensando en sí mismo, por supuesto. Ni solamente pensando en la multitud que acababa de recibir la bendición del milagro. Cristo seguía orando por ellos. Cristo seguía intercediendo por ellos. Y el gran fruto de esa oración de Cristo es la efusión del Espíritu Santo que vendrá a completar la obra en cada uno.
Así que, elementos de la escuela de Jesucristo formando a los apóstoles. La convivencia, el estar siempre con Él. El ejemplo. La Palabra sabia. El padecer muchos de sus defectos e imperfecciones, pero de un modo pedagógico para irlos llevando. Y en quinto lugar, abundante oración para que llegue el Espíritu Santo a cada uno de ellos.

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