Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

San Bartolomé nos enseña con su ejemplo, su humildad, su silencio y su anonimato. Dejémonos enseñar de un verdadero maestro.

Homilía sbar011a, predicada en 20190824, con 5 min. y 37 seg.

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Transcripción:

El Veinticuatro de Agosto nuestra Iglesia Católica recuerda al apóstol San Bartolomé. La lectura del Evangelio está tomada de San Juan en el Capítulo Primero y nos presenta el llamado de un hombre llamado Natanael. Seguramente te preguntas por qué se habla de Natanael en la fiesta de San Bartolomé. Lo que sucede es que Bartolomé es, o mejor dicho, era lo que corresponde a los apellidos, lo que son los apellidos en nuestro tiempo. Nosotros utilizamos apellidos como qué sé yo, González, Gómez, Pérez y tenemos tantos apellidos. En el caso mío, yo soy Medina, hay muchos apellidos. Bueno, en la antigüedad las personas eran llamadas algunas veces por los lugares, pero sobre todo por la familia. Y la expresión Bartolomé quiere decir el hijo de Tolomé. El hijo de Ptolomeo. O sea que ese es el apellido San Bartolomé. Es como si dijéramos San Rodríguez o como si dijéramos San Martínez. El nombre de él parece que era Natanael. Es lo que parece más seguro.

Pero la historia que quiero contar con respecto a este apóstol es que es una especie de antihéroe. ¿Qué quiere decir un antihéroe? A ver, en nuestro tiempo se aprecia mucho a las personas que surgieron de la nada y que lograron surgir mucho. Hay una especie de fascinación por ese tipo de personajes. Por ejemplo, aquello de que una mujer era plebeya pero fue casada o fue dada en matrimonio, se casó finalmente con el gran Príncipe. Es decir, de la nada al palacio, de muy abajo a muy arriba. Eso tiene una gran fascinación. Lo mismo en el mundo de las empresas. Aquello de que una persona no era nadie, tuvo que pasar hambre, tuvo que dormir en la calle, pero luego montó un imperio y llegó a ser uno de los hombres más ricos del país. Esas historias nos fascinan y creo que hay una razón muy fácil de explicar por la que esas historias nos fascinan. Nos gustan esas historias, creo que fundamentalmente porque quisiéramos ser como esas personas, porque muchos de nosotros tal vez sentimos que deseamos una vida mucho mejor. No es la vida que tenemos. Y entonces estas especies de relatos se convierten como en una mitología moderna que nos invita a tener como una esperanza, una secreta esperanza de también nosotros dar el brinco, el gran brinco y llegar a ser alguien en la vida.

Pero el caso de Bartolomé es lo contrario. Este hombre era alguien y luego desapareció en el anonimato. Según nos cuenta, la lectura del Evangelio de hoy, era un hombre de mucho estudio. Él era maestro. Él enseñaba a otros. Jesús le dice: Cuando te vi bajo la higuera, ¿Qué significa esa expresión? Todos los comentaristas, todos los exégetas, coinciden en decir que bajo la higuera es donde solían darse las instrucciones, las clases. Es decir, que era un profesor y lo que más enseñaba en aquellos tiempos, incluso más que simplemente aprender a leer o escribir, lo que se enseñaba era la interpretación de la Biblia. Los que hacían esta interpretación eran los escribas. O sea que con toda probabilidad, Natanael Bartolomé era un escriba, un hombre docto, un hombre ilustrado. Sabemos también por otras fuentes que los escribas dedicaban la mayor parte de su vida exactamente a eso, a estudiar y a enseñar. Y también sabemos que lo común era que un escriba no empezaba a enseñar antes de los cuarenta años de edad o cosa parecida. Eso significa un nivel de estudios que correspondería en nuestro tiempo, más o menos a lo que tiene una persona con doctorado o con un postdoctorado. Ese era Natanael, un hombre de mucho estudio, un hombre de elevado nivel intelectual.

Pero si tú miras los Evangelios por ninguna parte aparece otra vez Natanael. No vuelve a aparecer. Se le menciona en las listas de los apóstoles, pero no vuelve a aparecer. Lo que sabemos de él, que además es muy impresionante, porque parece que tuvo un martirio horroroso, su piel fue arrancada, le arrancaron vivo la piel. Fue algo terrible. Pero eso lo sabemos por relatos extrabíblicos. En la Biblia no aparece eso. En la Biblia lo que aparece es que él desaparece. Alguien que era y que lo mismo que Juan Bautista decreció para que Cristo creciera. Con su ejemplo, con su humildad, con su silencio, con su anonimato Bartolomé está enseñándonos muchísimo. Dejémonos enseñar de un verdadero maestro.

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