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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Oremos para que los alejados de Dios y enemigos de su causa, sean atraídos como Bartolomé por la Palabra de Jesús, vivan como sus discípulos y den testimonio de su amor que redime.
Homilía sbar008a, predicada en 20160824, con 4 min. y 59 seg. 
Transcripción:
El veinticuatro de agosto nuestra Iglesia Católica celebra la fiesta de San Bartolomé y lo primero que hay que decir sobre el nombre de este santo es que en realidad no es un hombre, sino su apellido. La manera como se formaban los apellidos en tiempos antiguos tenía que ver con el lugar o sobre todo con la familia de la que provenía la persona. Así, por ejemplo, encontramos un pasaje del Evangelio en el que Jesucristo le habla a Pedro. Sabemos que el nombre original de Pedro era Simón y le dice Simón Barjona, Simón, hijo de Jonás, o hijo de Juan. Claramente ese Jonás o ese Juan, ambas traducciones son posibles. Era el nombre del papá de Simón, a quien Cristo llamó Pedro, el apóstol Pedro. De manera que cuando nosotros decimos Bartolomé, lo que estamos diciendo es el hijo de Tolomé, el hijo de Tolomeo. Así que eso corresponde más bien al apellido, como cuando decimos barjona, pues lo que estamos diciendo es el hijo de Jonás, el hijo de Juan. Entonces, al decir la fiesta de San Bartolomé, realmente lo que estamos mencionando es su apellido. No estamos mencionando su nombre, pero el texto del Evangelio nos recuerda cuál era el nombre de él. El nombre de él era Natanael. O sea que a este apóstol, a quien popularmente conocemos como Bartolomé, deberíamos llamarlo Natanael. San Natanael, ese sería el nombre de esta fiesta. Natanael descuella entre los apóstoles de Cristo por la formación que tenía. Natanael era profesor, era maestro de las Escrituras rabínicas. Dice Cristo en el Evangelio: Te vi bajo la higuera. Porque los rabinos tenían costumbre de enseñar a la gente, no en salones de clases, las condiciones de vida no lo permitían sino a la sombra de árboles frondosos, entre los cuales se prefería con frecuencia a la higuera. O sea que Bartolomé era un hombre capaz de enseñar a otros. Esa es una característica. Era un maestro de la ley, o podríamos decir un escriba, cosa que es muy interesante, porque si nosotros recordamos muchas veces en los evangelios, Cristo habla durisimamente en contra de los fariseos y los escribas. Es que los fariseos creían que el reino de Dios solo iba a llegar cuando todo el mundo cumpliera estrictamente la ley de Moisés. Y por eso los fariseos tenían una especie de alianza natural con los escribas porque los escribas eran los grandes estudiosos de la ley. De manera que aquellos que conocían muchísimo la ley les daban como ese material y como esas interpretaciones muchas veces exageradas, muchas veces puras tradiciones humanas que luego los fariseos difundían y en las cuales se enorgullecían. Por eso estaban muy unidos fariseos y escribas. Pues fíjate la sorpresa que nos trae el evangelio de hoy. Uno de los escribas, es decir, perteneciente a este grupo social que fue tan adverso a Cristo que fue tan contrario a Cristo. Uno de ellos llegó a ser apóstol, fue llamado por Cristo para ser apóstol, y esto tiene que llamarnos la atención. Así como nos llama la atención que un publicano como era Mateo, fuera llamado a predicar junto a Cristo, acuérdate que los publicanos eran los que cobraban impuestos para el Imperio Romano. Y resulta que un publicano, es decir, enemigo declarado de la casa de Dios, fue llamado por Cristo para predicar el Evangelio. Lo mismo tenemos que decir aquí de Natanael Bartolomé nombre y apellido. Aunque parecía adversario de Cristo, fue llamado por el Señor. Pidamos al Señor que incluso aquellas personas que a veces nosotros decimos están retirados, son enemigos de Dios, son sacrílegos, son profanadores, son paganos, son ateos, son masones. Que esos que muchas veces sentimos y son enemigos de la casa de Dios se sientan como Bartolomé, atraídos por la palabra del Nazareno. Lleguen a ser sus discípulos y den testimonio en medio de la asamblea de la grandeza del amor de Dios que redime. Amén.

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