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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Creyente y crítico no se oponen porque se vale ser crítico, si uno está dispuesto a someterse a la evidencia.
Homilía sbar004a, predicada en 20110824, con 18 min. y 12 seg. 
Transcripción:
Queridos hermanos. Según una antigua tradición, este apóstol Bartolomé es el mismo Natanael que aparece en el Evangelio de hoy. De hecho, el nombre Bartolomé parece que no es un nombre específico, un nombre propio de persona. Esa raíz Bar en arameo significa hijo. Así, por ejemplo, en alguna ocasión Jesús le dice a Pedro Simón Barjona. Es decir, Simón, el hijo de Jonás. Y lo mismo se habla de un ciego que es Bartimeo, y el mismo Evangelio explica el hijo de Timeo. O sea que es posible que Bartolomé no sea tanto el nombre de una persona, sino un modo de indicar o el Papa, o más probablemente el lugar, como cuando se dice de alguien que es hijo de tal región, de tal cultura o de tal país. Entonces existe la posibilidad de que el nombre de este apóstol fuera Natanael, y él era Natanael Bartolomeu. Es decir, el hijo o el descendiente de esa región, de alguna población o región. Tolomei o parecida. Eso explica por qué se utiliza este evangelio que hemos oído. Ahora miremos qué sabemos del apóstol. No es mucho, pero nos deja, como siempre sucede con la Palabra de Dios, nos deja preciosas enseñanzas. Se trata de un hombre más bien escéptico. No es una persona crédula, fácil de creer las cosas. Felipe, otro de los discípulos de Cristo, se acerca a Natanael y le dice evidentemente con gran júbilo, porque esa era la gran noticia que estaban esperando todos desde hacía siglos. Le dice Felipe hemos encontrado a aquel de quien escribió Moisés en la ley y también los profetas. Hemos encontrado. Se trata de un descubrimiento. Pero, ¡atención! Se trata del mayor descubrimiento que un judío podía decirle a otro judío. Si ustedes miran en el libro del Deuteronomio dice Moisés que Dios va a enviar a otro profeta, otro profeta que será como él. O sea que el punto de comparación era altísimo, porque imagínate lo que significa para un judío decir otro como Moisés, sabiendo que Moisés ha sido el mediador de la alianza, sabiendo que Moisés ha sido el instrumento para que Dios dé la ley. Sabiendo que Moisés ha sido el que ha vencido al gran poder de las tinieblas en cabeza del Faraón. Sabiendo que los milagros de Moisés no se comparan con nada, sabiendo que Moisés era aquel que hablaba con Dios como un hombre habla con su amigo Y el mismo Moisés dijo que vendría otro profeta semejante a él. Y ese es el descubrimiento que Felipe viene a contarle a Natanael. Le viene a decir: Hemos encontrado a ese que dice la Biblia, a ese que fue mencionado por Moisés. No se trataba simplemente de una figura prestigiosa o de un maestro notable. Se trataba de alguien absolutamente único, una persona que tenía que cambiar para siempre el destino de Israel. Una persona en la cual tenían que cumplirse oráculos antiquísimos. Natanael no salta de entusiasmo. Natanael no es un hombre crédulo. Toma su distancia y entonces lo primero que hace es criticar lo que se le dice. Jesús de Nazaret, el hijo de José, Natanael, conoce bien la Escritura. Es posible que fuera un rabino, un maestro de la ley. Ya vamos a comentar por qué es posible que Natanael fuera maestro de la ley. Él conocía muy bien los textos y cuando le dicen que se trata de Jesús, el de Nazaret, Nazaret es Galilea. Los oráculos decían que el Mesías tenía que venir de Judea. Eso no cuadra. Pero lo único que dice Natanael es: ¿Acaso puede salir de Nazaret algo bueno? En esto Natanael comparte el escepticismo o mejor, el desprecio que tenían los judíos con respecto a los galileos, para que nos entendamos, porque prejuicios ha habido en todas las épocas. Judea queda hacia el sur, encima de Judea, un poquito más al norte queda Samaria que otros pronuncian Samaria. Y encima de Samaria queda Galilea. Pero resulta que los de Samaria, los samaritanos, ya habían cambiado notablemente la ley, porque resulta que los samaritanos únicamente admitían los cinco libros de Moisés, pero, por ejemplo, no creían en ninguno de los profetas. Entonces los judíos sentían que los samaritanos eran gente que había perdido la fe, gente que ya no estaba con el Dios verdadero. Además, los samaritanos que tenían un origen más bien sucio, que no vamos a repetir ahora un problema que sucedió con el hijo de Salomón. Los samaritanos para separarse por completo de los judíos en tiempos de ese rey que se llamó Jeroboam, habían establecido un centro de culto ellos solos, ya no por mandato divino. Entonces los judíos sentían nuestro templo, fue mandado por Dios. Pero en cambio esos cultos, esos rezos que hacen los samaritanos, no tienen ningún valor. O sea que para los judíos la fe verdadera únicamente se conservaba en Judea y de ahí para arriba Samaria ya era corrupción de la fe. ¿Y sabe cómo llamaban a Galilea? Llamaban la Galilea de los gentiles. Era un insulto. Gentiles quiere decir naciones no judías, quiere decir naciones paganas. Así que para los judíos, Galilea era tierra de superstición, tierra de paganismo. Y por eso, cuando llega Felipe con la noticia de que Jesús de Nazaret es el Mesías, Natanael se siente escéptico y entonces dice: ¿Acaso puede salir de Nazaret algo bueno? Felipe le contesta Ven y lo verás. Felipe fue muy inteligente ahí. Es evidente que Natanael tenía mejor preparación intelectual, diríamos hoy, mejor preparación de estudios, mejor preparación académica que Felipe. Felipe hizo lo que uno tiene que hacer, cuando uno no tiene mucho estudio, uno no se pone a alegar con la gente porque lo van a confundir. Felipe no se enredó, sino que le dijo a Natanael Ven y lo verás. Eso es lo mismo que tiene que hacer uno. Si uno no tiene así mucho estudio y empiezan a confundirlo con otras religiones y que los evangélicos, los pentecostales, los musulmanes, los sikh, los mormones, los testigos de Jehová, uno no debe meterse en todas las discusiones. Felipe no se metió en esa discusión. Dejó que el problema lo resolviera Jesucristo mismo. Pero hay que abonarle a Natanael, que aunque era escéptico, no era incrédulo. Y este es el aspecto que yo quiero destacar más. Dios no le tiene fastidio a los escépticos. Dios tiene paciencia y hace un camino con todo aquel que quiere caminar hacia la verdad. Dios no espera de nosotros y a veces creo que ni siquiera le gusta tanto que nosotros seamos crédulos. ¿Que ser crédulos? Ser crédulo es estar dispuesto a creer cualquier cosa. Y hay algunos católicos que son así. Andan creyendo cualquier cosa, que hay milagros no sé dónde, a correr para allá. Qué hay mensajes, no sé dónde, a correr para allá. El verdadero católico no necesariamente tiene que ser crédulo. Es más, el ser crédulo puede ser hasta un error y hasta un problema. Natanael no tenía un pelo de crédulo, iba muy despacio, era parsimonioso, pero abierto a la verdad. Era crítico, pero buscaba ser objetivo. No se fiaba de cualquier cosa, pero estaba abierto a la evidencia. Es un buen ejemplo, San Bartolomé. Fíjese que eso es lo que hace la Iglesia. Cuando empezaron a llegar noticias hace más de ciento cincuenta años sobre una niñita a la que se le aparecía la Virgen, esa niñita se llamaba Bernardette. Que se le había aparecido la Virgen allá al sur de Francia, en un lugar llamado Lourdes. ¿Cuál fue la reacción de la Iglesia? No fue una reacción de credulidad, como quien dice, a la primera noticia. Ya, ya, ya, vamos a hacer ahí una iglesia, un santuario. No, Primero vamos a mirar despacio. ¿Qué fue lo que pasó? ¿Qué es lo que hay aquí? ¿Cuáles son los frutos que ha dado esa experiencia en esta niña y en las personas que han estado cerca? ¿Qué se supone que dijo la Virgen? Lo que quiero decir es que la Iglesia es como San Bartolomé. La Iglesia es como Natanael, va despacio y uno no tiene que disgustarse de que no le crean, porque la Iglesia tiene que ver frutos de vida cristiana. Y la Iglesia ¿significa que? significa la Congregación para la Doctrina de la Fe en el Vaticano. Significa el Papa, significa la congregación para el culto divino, significa el obispo significa en últimas hasta el párroco. Ustedes No esperen que los párrocos sean crédulos. Ustedes no esperen que el párroco les aplauda todo lo que ustedes se les ocurra. ¿Qué se nos ocurrió? Muy bien. Excelente. No. Un párroco no está para estar aplaudiendo a todas horas. El párroco está. ¿Para qué? El párroco está para hacer la parte de la iglesia. Y la iglesia ¿qué tiene que hacer? Tiene que examinar todo y quedarse con lo bueno. Como dice el capítulo quinto de la primera carta a los Tesalonicenses. Eso fue lo que hizo Bartolomé. Mostró su desconfianza. Dijo: Eso no cuadra que venga de Nazaret, siendo que los oráculos decían que de Judea no cuadra que sea de Galilea. Sabiendo cómo está Galilea, no cuadra. Pero de todas maneras voy a ir. Y fue. Jesús vio a Natanael que se acercaba y dijo: Este es un verdadero israelita en el que no cabe doblez. Ese es un elogio grandísimo. Espulgue usted, examine, escrute el Evangelio y busque cuantos elogios dice Jesús. Jesús no dice muchos elogios, elogios a gente de su propio pueblo. Menos Jesús elogió al buen samaritano de otro pueblo, al centurión romano que tenía mucha fe otro pueblo, a la sirofenicia que se humilló y tuvo fe otro pueblo. Jesús, elogiando gente de su propio pueblo. Yo creo que el elogio que hizo de la Virgen María cuando dijo que cumplía la voluntad del Padre. Y este elogio de Bartolomé y por ahí algún otro, no son muchos. Un elogio grande hizo Jesús aquí. No cabe doblez, en San Bartolomé es de una pieza. Es transparente. Vive lo que predica. Piensa como siente. Habla como piensa. ¡Qué hermoso elogio! Y así tiene que ser también la Iglesia. Así tienen que ser nuestros pastores para ser dignos de discernir la voz y el paso del Espíritu en su pueblo, en el pueblo de Dios. Natanael le preguntó ¿De dónde me conoces? Jesús le respondió: Antes de que Felipe te llamara, te vi cuando estabas debajo de la higuera. Era costumbre de los maestros judíos enseñar debajo de árboles. Y una de las posibles explicaciones de esa frase de Jesús es que Jesús estaba diciendo: Yo sé que tú eres maestro, maestro de los buenos maestros, de los que se le puede creer. Natanael se deja vencer por la evidencia. Fíjate, era escéptico, escéptico, pero no obstinado, crítico pero no cerrado. Viendo la evidencia, Natanael dice: Tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel. Jesús no se deja impresionar por el elogio. Crees porque te he dicho que te vi debajo de la higuera. Vas a ver cosas mayores y anuncia que los ángeles del cielo subirán y bajarán sobre el Hijo del Hombre. Una imagen bíblica que recoge varios pasajes del Antiguo Testamento y que no deja duda del carácter mesiánico de Cristo. Bueno, ¿qué nos quedó entonces de enseñanza? Que hay que ser como San Bartolomé. Transparentes, sinceros de una pieza, conocedores de la ley de Dios, lentos para creer pero no incrédulos, abiertos a la fe, pero no corriendo detrás de cualquier cosa. Buscadores de la verdad y dispuestos a adorar esa verdad y a someternos a ella cuando la encontramos.

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