|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
San Miguel nos enseña que nadie se compara con Dios y que la humildad nos mantiene fieles a Él. Cuando una tentación nos agobie, arrojémosla a los pies de Jesús, porque es Dios mismo que vence esa tentación.
Homilía sarc023a, predicada en 20260929, con 9 min. y 46 seg. 
Transcripción:
El veintinueve de septiembre en nuestra Iglesia Católica, recuerda a los santos arcángeles, Miguel, Gabriel y Rafael. Pero debo decir que la fiesta más tradicional, la que viene de mucho tiempo atrás para el veintinueve de septiembre, es para San Miguel, San Miguel Arcángel y en esta oportunidad quisiera centrar nuestra pequeña reflexión sobre este santo. El motivo por el que nosotros veneramos con tanto amor a San Miguel es particularmente por la victoria de este Santo Arcángel sobre el demonio ¿Y en qué consiste esa victoria? ¿Y por qué hablamos de esa victoria? Dios creó a los ángeles. Dios es el único creador de todo lo que existe. Decimos en el Credo que creó lo visible y lo invisible. Dios es el único Creador, el universo visible, pues es esta tierra, los océanos, las estrellas, las galaxias, los animalitos, los peces. Ese es el universo visible y nosotros también. Pero existe también un universo que podemos llamar invisible, en el sentido de que no requiere de materia para existir. Y ese es el caso precisamente de los santos ángeles. Bueno, nosotros hablamos de santos ángeles, pero resulta que no todos los ángeles son santos. ¿Por qué? Pues porque Dios creó con una voluntad libre tanto a los ángeles como a nosotros. Nosotros no somos ángeles ni nos vamos a volver ángeles. Sirva, por favor, ese paréntesis, porque hay gente que cuando se le muere una persona muy querida y con más frecuencia sucede si se trata de un niño. La gente dice un angelito, un ángel más en el cielo. No, los seres humanos no nos volvemos ángeles. Nosotros tenemos nuestra naturaleza que es visible porque tenemos materia, tenemos cuerpo. También tiene su dimensión invisible, porque también tenemos alma. Pero nuestra naturaleza tiene cuerpo y alma, mientras que los ángeles, como tales, no tienen cuerpo. En ciertas circunstancias pueden presentarse ante la humanidad o ante ciertas personas con un aspecto visible. Pero en sí mismos, la naturaleza de ellos no tiene materia, no tiene cuerpo, y por eso ningún ángel puede volverse persona humana, y ninguna persona humana puede volverse ángel. Pero hay algo que tenemos en común con los ángeles, y es que ellos, lo mismo que nosotros, tienen una dimensión espiritual. De hecho, ellos son espíritus puros. Es la manera como lo describe Santo Tomás de Aquino, lo cual quiere decir en este caso que no tienen materia nosotros sí. Pero en la medida en que ellos tienen esa dimensión espiritual y nosotros también, pues ellos tienen una capacidad de conocimiento, podemos llamarla inteligencia, lo mismo que nosotros y ellos tienen una de las consecuencias de la naturaleza espiritual es que ellos también tienen voluntad, y tener voluntad significa que tú puedes querer o no querer, que tú puedes aceptar, o puedes rechazar. La manera como funciona, entre comillas, la voluntad de los ángeles es distinta de la nuestra, porque nuestra voluntad se desarrolla en las condiciones que se desarrolla nuestro propio ser. Como nuestro ser tiene cuerpo y alma, entonces nuestra voluntad, pues, también está sometida a lo propio de un ser que tiene cuerpo y alma. Y si uno tiene cuerpo, entonces uno tiene espacio y tiene tiempo, y por eso la voluntad humana funciona así. La voluntad humana funciona a lo largo del tiempo. Por eso, por ejemplo, una persona que ha estado rebelde contra Dios puede cambiar. La conversión es posible para nosotros porque nosotros tenemos una voluntad que se ejerce en el tiempo y como se ejerce en el tiempo, ¡Bendito sea Dios! uno puede convertirse. Uno tal vez ha sido rebelde a Dios, pero uno puede convertirse. Los ángeles, en cambio, tienen una capacidad de conocimiento que es perfecta, no es discursiva en el tiempo, y los ángeles entonces no tienen capacidad de conversión, pero los ángeles sí tienen libertad. Mira toda esta explicación tan interesante los ángeles sí tienen libertad. Entonces, ¿cómo funciona la libertad de los ángeles? Pues la libertad de los ángeles consiste en un gigantesco sí o un gigantesco no, del cual no habrá más cambios. Entonces, en el caso del demonio, o mejor dicho, de los demonios, el único acto propio de su voluntad fue rebeldía contra Dios. Y eso no tiene conversión. Ese es el motivo por el que un ángel no puede, un ángel rebelde o un demonio no puede convertirse. No es por defecto de la misericordia de Dios, sino que la naturaleza misma de los ángeles, como no tiene la dimensión temporal que nosotros sí tenemos, los ángeles no pueden convertirse. Los ángeles rebeldes no pueden convertirse. Entonces, cómo Dios creó a los ángeles dotándolos de libertad, una libertad que se ejerce del modo particular que acabamos de explicar, pues eso quiere decir que los ángeles sí se rebelan contra Dios, se rebelan para toda la eternidad. Y esa es la condición de los demonios. Ahora bien, como también nos enseña Santo Tomás de Aquino, que por una buena razón es llamado doctor Angélico, no sólo por la pureza de su vida, sino también por la manera como él estudió y profundizó en los santos ángeles. Como enseña Santo Tomás de Aquino, los ángeles aunque todos reciben de la única verdad y luz que es Dios. Pues ellos también influyen los unos en los otros. En la medida en que haz de cuenta, como en un diamante, unas facetas pueden reflejar luz hacia otras y por eso es doctrina común de la Iglesia Católica que la rebelión en los ángeles empezó en un ángel al que se le suele llamar Lucifer, en un ángel, y de ahí se extendió a muchos más. ¿Qué consecuencia tuvo esto? Pues lo que sabemos hoy multitud de demonios. Pero hay un ángel. Y ese santo ángel es precisamente San Miguel que detuvo y venció a esa rebelión y esa rebelión de San Miguel, esa rebelión de Satanás, pues, fue contenida por San Miguel. Y eso es lo que significa el nombre Miguel Micael, que significa ¿quién como Dios? Es decir, Miguel tuvo perfectamente claro que Dios es incomparable. Que la luz de Dios, la grandeza de Dios, el poder de Dios es superior a toda, toda otra luz, a toda otra creación, y por eso San Miguel se mantiene fiel a Dios. Y esto es lo primero que debemos aprender de este Santo Arcángel, que en medio de todos los atractivos que uno puede encontrar en esta tierra, por las cosas que conoce, por las cosas que posee, por los placeres que siente, nada se puede comparar con Dios. ¿Quién como Dios? Ese es el lema de San Miguel y es lo que lo hace fiel a él. Pero luego hay otra dimensión que también debemos destacar y es la dimensión de la humildad. Es muy hermoso ver que San Miguel, según nos explica la misma Sagrada Escritura, San Miguel no entra directamente en batalla contra el demonio, a pesar de que se le representa muchas veces así, sino que la frase de San Miguel y esta la recoge el Nuevo Testamento. Tu vas a buscar dónde está eso. La frase con la que San Miguel vence a Satanás, otro nombre que damos al príncipe de los demonios. La frase con la que San Miguel vence es esta: Que el Señor te reprenda. ¡Eso es, o sea, es tan bello! ¡Eso es de tanta sabiduria! San Miguel era un arcángel y es un arcángel. San Miguel no entra a compararse en fuerza con Lucifer o con Satanás, sino San Miguel tiene conciencia de que sólo Dios es Dios, que nadie se compara a Dios. Y la frase con la que vence al demonio es que el Señor te reprenda. Es decir, el problema no es si tú eres más grande que yo, más poderoso que yo, más sabio que yo, puedes más que yo. El tema es que Dios es más grande que todos. Que el Señor te reprenda. Y con esa frase San Miguel venció a Satanás. Y con esa frase Nosotros también podemos vencer nuestras tentaciones. Cuando tengas una dificultad, no pienses que tu batalla es únicamente con esa tentación que me vuelve y me revuelve. No te quedes dándole vueltas a la tentación, sino tú arroja esa tentación a los pies del Señor. Y es Cristo, el Hijo del Dios vivo. Es Dios mismo el que vence esa tentación. Que el Señor te reprenda. Cuando una tentación parezca agobiarte, asfixiarte, estrangularte, tú arrójala a los pies del Señor. Y lo mismo que San Miguel, tú también vas a decir: que el Señor te reprenda. Es el Señor el que puede vencer esta tentación que tal vez es demasiado fuerte para mí. Es una de las enseñanzas más bellas, más preciosas que nos deja el Santo Arcángel Miguel.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|