Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Biblia, teología y espiritualidad nos ayudan a descubrir las riquezas de la enseñanza de la Iglesia sobre aquellos que sirven con fidelidad y amor al único Dios

Homilía sarc016a, predicada en 20200929, con 27 min. y 15 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

Hermanos, la enseñanza de nuestra Iglesia Católica sobre los santos ángeles es sobria, profunda, bella y provechosa. Cuatro características tiene la enseñanza de la Iglesia sobre los ángeles. Es sobria, es profunda, es bella y es provechosa. Empecemos por la sobriedad. La Biblia no centra su atención en los ángeles, aunque los menciona. La Biblia muestra a los ángeles como seres distintos de nosotros, los humanos, capaces de tener inteligencia y voluntad y además servidores del plan de Dios. Algunos sirven al plan de Dios por propia voluntad, de manera gustosa y amorosa. A estos llamamos los santos ángeles. Otros, en cambio, se rebelaron contra Dios, y de esa rebeldía proviene que cuando sirven a Dios, lo sirven en contra de su voluntad. Pero finalmente no tienen otra opción. Así que aquí hay un punto importante. Son seres espirituales, no tienen nuestra misma naturaleza, ni los hombres nos volvemos ángeles, ni los ángeles se vuelven hombres. Aunque en algunas ocasiones pueden aparecer en figura parecida a nosotros los humanos. La naturaleza de ellos es diferente. Están al servicio del plan de Dios. Y esto significa que no son dioses chiquitos, ni su poder es ilimitado, ni pueden simplemente obrar según su antojo.

Los santos ángeles, los ángeles buenos, no obran según su antojo, sino según la voluntad divina, porque aman a Dios sobre todas las cosas. Los ángeles caídos, también llamados rebeldes, también llamados demonios. Los ángeles caídos, en cambio, también les toca servir al plan de Dios, pero no lo hacen por gusto. Pensemos, para explicar un poco este pequeño punto, cómo sucede este servicio a disgusto de los demonios. Tal vez el mejor ejemplo lo da Cristo con su manera de ejercer el Ministerio de Liberación, según aparece en los Evangelios. Ahí nos damos cuenta que cada exorcismo, cada expulsión del demonio, finalmente termina siendo una gran proclamación de la gloria divina y termina, por lo tanto, siendo un gran mensaje de esperanza, como que Dios nos estuviera diciendo aún de los peores abismos de maldad, se entiende, te puedo rescatar. Por eso entendemos también la frase de San Pablo cuando en el Capítulo Octavo de la Carta a los Romanos dice: Todo concurre para el bien de los que Dios ama. Y efectivamente, así aparece en las vidas de muchos santos.

Conviene recordar aquí porque hemos tenido sus fiestas no hace mucho al Padre Pío o al sacerdote San Juan María Vianney, el patrono de los párrocos. En ambos casos hubo fieros ataques de los demonios contra estos benditos y santos sacerdotes. Pero tales ataques, por demenciales que pudieran parecer, finalmente solo sirvieron para gloria de Dios. Porque la perseverancia de estos buenos hombres, la perseverancia de estos verdaderos testigos del Evangelio, hizo que el demonio quedará no solo derrotado, sino burlado. Y una vez más, ese testimonio sirve para la gloria de Dios, lo cual indica, aunque no es el tema principal del día de hoy, que el cristiano jamás debe tenerle miedo al demonio, porque nosotros sabemos que el poder de Dios no tiene comparación y sabemos que si nosotros somos de Dios, el Señor es nuestra fuerza y es nuestra victoria.

Volvamos a la enseñanza de la Biblia que he dicho es sobria, tan sobria que solo se mencionan tres nombres de ángeles. Los ángeles aparecen en muchos sitios, pero nombres de ángeles sólo aparecen. Miguel, que es mencionado en el libro de Daniel. Gabriel, que es mencionado en el Evangelio de Lucas, en el pasaje de la Anunciación del nacimiento de Juan Bautista y luego, por supuesto, en el pasaje de la Anunciación del nacimiento de nuestro Señor Jesucristo a la Virgen María. Ese es San Gabriel. Y el otro es San Rafael, que aparece mencionado únicamente en el libro de Tobías. Bellísima historia la de Tobías y bellísima oportunidad para apreciar cómo los ángeles, a la vez que están buscando únicamente la gloria de Dios, son instrumentos suyos que realizan su providencia entre nosotros. San Rafael, en efecto, hizo dos grandes, dos preciosas obras, acompañando a Tobías en el libro que lleva ese nombre. Las dos obras preciosas de Rafael fueron la sanación y liberación de la que sería la esposa de Tobías, una mujer llamada Sara, que era ciertamente acosada por muchos demonios, sobre todo por uno llamado Asmodeo. Y luego Rafael también fue ministro de la Providencia divina, porque Rafael trajo la salud para el papá de Tobías, que había quedado ciego, un hombre muy caritativo. De verdad, es una lectura deliciosa, muy instructiva en muchos aspectos, no solo en este de los santos ángeles.

Entonces la enseñanza de la Iglesia es sobria, no es recargada, no está llena de descripciones que muchas veces lo que hacen es quitar nuestra atención de donde debe estar, es decir, en el amar a Dios sobre todas las cosas. Solo estos tres arcángeles se mencionan por su nombre y por eso la iglesia desde hace muchos siglos ha puesto también un límite de sobriedad a los católicos. No se invoque, no se celebre a ningún otro ángel con ningún otro nombre, sino solamente a los tres que hoy recordamos Miguel, Gabriel y Rafael. Como me lo han preguntado muchas veces. Permítanme que dé una respuesta de por qué no se debe utilizar ningún otro nombre. Puesto que no tenemos un respaldo bíblico de ningún otro nombre. Según ya he dicho, cuando nosotros decimos otros nombres, realmente no sabemos a quién estamos llamando, y un riesgo semejante no puede correrse. Es verdad que hay literatura muy antigua, literatura que es contemporánea a la escritura de los textos de la Biblia, es decir, literatura que llamamos apócrifa. Estos libros apócrifos, que son mucho más abundantes que los libros de la Biblia, contienen una gran cantidad de relatos, a veces encantadores para quien tiene ese gusto. Nos cuentan cosas sobre Jesús, nos cuentan cosas sobre María, nos cuentan distintas historias. Pero dentro de esas muchas historias, algunas de las cuales, repito, pueden parecer agradables e incluso edificantes. En esa multitud de historias también se cuelan mentiras y se cuelan verdaderas herejías, graves errores con respecto a la fe. Por eso nuestra Iglesia toma con absoluta distancia y con bastante reserva lo que ofrece la literatura apócrifa. Sí, es cierto que algunos estudiosos, esperamos que muy preparados en su teología y muy firmes en su fe, pueden extraer algunas perlas de esos libros, pero en su gran mayoría, más que favorecer la fe, lo que hacen es debilitarla.

Por dar solamente dos ejemplos de esta literatura apócrifa. Se cuenta en alguno de esos libros que cuando la familia de Nazaret iba hacia Egipto, las palmeras crecían, diríamos mágicamente, para hacerle sombra a María, a José y al niño. Eso no tiene no solo ninguna base bíblica ni ninguna base histórica, sino que elimina un dato muy importante y es el sufrimiento de Cristo desplazado por la violencia, migrante a la fuerza. Cuántos migrantes tienen el beneficio de palmeras que crezcan mágicamente y que les alivien el camino. Entonces, fíjate, tratando de decir una cosa bonita en realidad se está negando un hecho mucho más importante que es el sacrificio de Jesús desde su misma infancia. Hay otro ejemplo que quiero dar, porque tal vez es el único caso, el único, de nombres extrabíblicos que pertenecen a la liturgia católica. Los nombres de los papás de la Virgen, San Joaquín y Santa Ana no son nombres que aparecen en la Biblia en ninguna parte. Pertenecen a una parte más bien de esta literatura apócrifa. Pero nos damos cuenta que de todas maneras ella, por supuesto, tuvo sus papás y por consiguiente que se llamen exactamente Joaquín y Ana no es lo más importante. Y en ese sentido la Iglesia Católica no compromete ningún dato fundamental de la fe al llamar a estos santos Joaquín y Ana. Y es, repito, prácticamente el único caso que tenemos de un dato extrabíblico que es utilizado en la liturgia católica.

La Iglesia, pues, es muy sobria en esto. La Iglesia no quiere que nuestra piedad se distraiga del centro que es Cristo, entre otras cosas, porque el centro del amor y de la obediencia de los ángeles es Cristo. Como lo enseña muy bien el Catecismo de la Iglesia Católica al ofrecernos doctrina sobre los santos ángeles, dice que todos los ángeles están bajo el imperio, bajo el dominio de Jesucristo. Por eso nosotros debemos como católicos, debemos tomar gran distancia, como ya he dicho, sobre una cantidad de relatos que son más o menos frecuentes en nuestro tiempo. Especialmente en librerías, te puedes encontrar cualquier cantidad de cosas; que llama a tu ángel, que te mando el ángel, que aprende a comunicarte con tu ángel, que los ángeles y tu prosperidad. Ese tipo de literatura hace un daño brutal a los católicos. No solamente porque al dar su dinero en esas obras están fortaleciendo a los enemigos de la Iglesia, sino sobre todo porque esa enseñanza produce una terrible confusión. Además, muchas de las prácticas ahí recomendadas en esos libros, lo que hacen es abrir puertas en tu conciencia. Puertas por las que puede entrar el que quiera. Y quién tendría, pregunto yo, ¿Quién tendría la insensatez de estar en un barrio peligroso y abrir puertas y ventanas y que entre el que quiera mi casa? Eso es lo que hacen los católicos. Y por supuesto, también otras personas cuando se ponen en esas prácticas de meditación que no tienen que ver con la meditación cristiana. O se ponen con esas prácticas de channeling que no tienen nada que ver con la oración cristiana. Eso hace un daño terrible. Es muy lamentable que muchos católicos tengan esa manera de obrar, porque aquello que le costó sangre a Cristo, que es la salvación de nuestras almas, lo ponemos en peligro de una manera irresponsable, ingenua, por no decir estúpida. Es como sucede con las personas que empiezan a aprenderse las posiciones de oración en el yoga y seguramente nadie les ha enseñado, pero sí es posible que lo aprendan hoy, que todas esas posiciones son antiguas invocaciones a dioses hindúes. Entonces tú estás repitiendo esas palabras y tú estás repitiendo esas invocaciones y te estás haciendo un daño terrible buscando un bienestar corporal. Estás arruinando tu alma. Es otra de las señales de la ingenuidad, de la falta de formación que hace tanto daño al pueblo católico.

Nuestra Iglesia enseña de una manera sobria. Ahora bien, la enseñanza también es muy profunda. El autor, que sirve de base para todos los estudios serios sobre ángeles en la Iglesia Católica, es el que es llamado precisamente doctor Angélico. En la primera parte de su obra cumbre, la Suma Teológica, Santo Tomás de Aquino habla precisamente sobre los ángeles y nos muestra con una profundidad incomparable mucho de lo que nosotros podemos saber sobre los ángeles. Estas enseñanzas de Santo Tomás tienen su origen en profundos pensamientos filosóficos, básicamente en la afirmación de que los ángeles son formas separadas. Siguiendo la guía metafísica más clásica que ha conocido el mundo y que es propia de la Iglesia Católica que habla de materia y forma. Santo Tomás nos dice que los ángeles, tanto los buenos como los malos, son formas, pero formas puras o formas separadas, es decir, sin materia. Y a partir de estos profundos principios, Santo Tomás nos conduce también al estudio de ¿cuál es la inteligencia de ellos? ¿cuál es la voluntad de ellos? ¿de qué manera pueden tener relación unos con otros? ¿cómo se diferencian e incluso por qué fueron creados, siendo solamente expresiones de la inmensa majestad divina? Entonces, la enseñanza de la Iglesia es sobria y no quiere que nos enredemos con literaturas, Nueva Era y cosas de esas, pero es muy profunda y el autor al que hay que ir es Santo Tomás de Aquino.

Santo Tomás también nos habla de los coros de los ángeles. La distribución tradicional en nueve coros de ángeles proviene básicamente de los estudios de Santo Tomás, que a su vez se apoya en un autor muy antiguo conocido como el Pseudo Dionisio. Esta enseñanza de los nueve coros de los Ángeles es hermosísima. Los tres coros más altos son los propios de la adoración. Los tres coros intermedios son los que tienen que ver con el gobierno del universo. Y los tres coros inferiores son los que tienen que ver con las acciones de la providencia divina en la historia humana. Esos nueve coros de ángeles, con todas las explicaciones que nos ofrece un autor como Tomás son las delicias de quien realmente se quiera enterar de lo que significa esta doctrina de la Iglesia Católica. Pero aunque uno no profundice todo eso, saber que existen esos tres coros superiores, tres coros intermedios y tres coros inferiores es una hermosura. Porque también es un mapa para nosotros, cristianos. Efectivamente, ellos, los santos ángeles y nosotros servimos al único y verdadero Dios. Y por eso la adoración, el gobierno de las cosas de este mundo y la conducción de nuestra vida en fidelidad a la gracia del Señor. Es decir, la secuencia de esos coros es un verdadero mapa para cómo actuar nosotros los cristianos. Es una belleza.

Hay otra enseñanza y con esto también estoy hablando de la belleza que tiene la doctrina de la Iglesia sobre los ángeles. Hay una enseñanza de Santo Tomás que creo que es conveniente repetirla aquí porque le aclara a uno muchas cosas sobre la influencia que pueden tener los ángeles en nosotros. Quitando el caso de la posesión, la posesión diabólica, que es extremadamente rara, no es frecuente. Enseña Santo Tomás, que es principalmente a través de nuestra imaginación y de nuestra memoria, como los ángeles, tanto los buenos como los perversos tratan de actuar en nosotros. Por eso es conveniente esta celebración que tenemos hoy y es conveniente pedir la intercesión de estos santos arcángeles. ¿Por qué? Porque pidiendo la intercesión de los ángeles buenos. Queremos tener abierta nuestra memoria y nuestra imaginación para la saludable influencia de ellos. Además, estamos sellando nuestras almas en contra de la perversa insinuación del enemigo. ¿Cómo obra el enemigo en nosotros? Él no se adueña de nuestra voluntad, salvo el caso rarísimo de la posesión diabólica, caso que toca conversar en otra oportunidad. Pero lo que sí es evidente es que si se da genuina posesión, ahí no hay acto voluntario de la persona. Y estamos hablando del común, el modo ordinario de la influencia de los ángeles o de los demonios en nosotros. ¿Qué hace entonces el demonio? El demonio básicamente lo que hace es algo así como poner una y otra vez delante de nuestra imaginación y por ese camino, delante de nuestro entendimiento y delante de nuestra memoria y por ese camino, delante de nuestro entendimiento y voluntad, aquello que nos roba la paz, aquello que nos seduce, aquello que nos debilita, es decir, es un trabajo de perseverancia, es un trabajo de taladro.

El ejemplo más sencillo es el del resentimiento, en donde muchas veces se puede percibir la acción destructora de estos ángeles caídos. ¿Qué es el resentimiento? Es como recordar continuamente estar recordando continuamente lo que otra persona te hizo para volver a alimentar el odio hacia esa persona. No digo que suceda siempre, pero según enseña Santo Tomás, ese es un ejemplo de lo que puede suceder en la perturbación de los demonios sobre las almas humanas. Entonces, a base de presentarte esas imágenes de daño, a base de repetirte ciertas palabras que tienen algún poder sobre ti. Palabras como por ejemplo eres un fracasado, eres un inútil, Dios en realidad no te ama, tus pecados son demasiado graves. Esas son frases típicas del demonio. A través de ese tipo de frases te baja, baja tu impulso, baja tu fe, baja tu oración También, por supuesto, ahí aparecen las insinuaciones de tipo sensual. No es que el demonio busque, enseña Santa Catalina de Siena, no es que el demonio busque directamente los pecados sensuales de los cuales tiene repugnancia. Esa es una profunda enseñanza de Santa Catalina, doctora de la Iglesia. Sino que sabe el daño que esos pecados pueden producir en nosotros, y por eso arroja con frecuencia a nuestra imaginación el recuerdo de aquello que a través de la sensualidad puede encadenarnos. Nosotros podemos y debemos defendernos de ese tipo de ataques.

Pero además de esa realidad que proviene del inframundo, que proviene de los demonios, podemos estar seguros del bien que nos hace la alianza con los santos ángeles. Es un bien inmenso, porque los santos ángeles hacen exactamente una operación parecida, pero en la dirección correcta, en la dirección hacia Dios. Imagínate lo que es contar con el auxilio de San Miguel que te está recordando una y otra vez. ¿Quién como Dios? Nadie como Dios. ¿Quién como Dios? Nadie como Dios. Esa expresión, esa palabra vigorosa de San Miguel, es una defensa increíble para ti, es increíble. Lo mismo cuando recordamos el mensaje de salvación del Santo Arcángel Gabriel, cuando nosotros recordamos esas palabras, cuando nosotros invocamos a San Gabriel. Realmente nuestra imaginación está siendo purgada, está siendo limpiada es uno de los muchos bienes que trae el Santo Rosario. El Santo Rosario contiene las palabras del Arcángel. Pero no tiene todas las palabras del Arcángel, hay muchas que son muy poderosas. Será grande y será llamado Hijo del Altísimo. Heredará el trono de David su Padre, y su reino no tendrá fin. Esas palabras del Santo Arcángel Gabriel son poderosísimas. No están en el Ave María, pero tú sabes que están en la Sagrada Escritura. Tú puedes tomar esas palabras, y si tú las repites unas cuantas veces, te das cuenta de la fuerza victoriosa que tienen. Será grande, será Hijo del Altísimo. El Señor le dará el trono de David, su Padre, y su reino no tendrá fin. Toma esas palabras de San Gabriel y verás cómo tu imaginación y tu memoria se revisten de una fuerza nueva. Y aquí es donde entra el aspecto fecundo de la verdadera devoción a los santos ángeles. Escuchando ese tipo de palabras, escuchando ese tipo de mensaje, contemplando, por ejemplo, la obra de San Rafael, tú te llenas de una esperanza muy grande, una esperanza que no queda defraudada. Entonces, si los demonios tienen su modo de atacarnos, especialmente a través de memoria e imaginación, los santos ángeles, especialmente estos aliados nuestros Miguel, Gabriel y Rafael, saben cómo auxiliarnos. Toma esas historias de la Biblia y date cuenta del poder que tienen esas palabras. Con esas palabras tú estás sellando tu mente. De manera que cuando llega la influencia del enemigo, que de todas maneras va a tratar de destruirnos, pues vas a estar mucho más revestido de poder, mucho más revestido de fuerza. Es una gran pérdida que los católicos hayamos descuidado este aspecto de amor, de devoción y de obediencia a los santos ángeles, y paralelamente estemos entregando nuestras armas con toda esa cantidad de literatura que ojalá fuera solo basura. Es veneno, veneno para tu alma.

Así que hoy es un día grande y bello. La enseñanza sobria, profunda, hermosa y fecunda de la Iglesia está a nuestro favor y por eso pedimos al Señor la protección de estos santos arcángeles. Al final de nuestra Santa Misa de hoy, vamos a hacer la invocación especial a los tres Arcángeles. No haremos completo el conjuro de los Santos Ángeles. Lo reservamos para el sábado, pero vamos a hacer la invocación de los tres arcángeles. Hay oraciones especiales, por supuesto, aprobadas por la Iglesia que nos dan fortaleza y que nos dan una guía también para nuestra propia oración. Seguimos la celebración de la Santa Misa, solamente recordando una cosa, los ángeles asisten a todas las Misas. Ellos están en adoración. Si muchas veces nuestras distracciones y nuestra mediocridad se quedan cortas frente a Cristo en la Eucaristía. Aprendamos de ellos que adoran con toda la fuerza de su ser, con toda la fuerza de su amor, adoran al que vive, al que reina por los siglos. Amen.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM