Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Los santos ángeles son ejemplo de adoración y obediencia; expresión de gloria y providencia; e inspiración de fidelidad y alegría.

Homilía sarc011a, predicada en 20150929, con 30 min. y 25 seg.

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Transcripción:

Cuando recordamos y celebramos a los santos ángeles, también recordamos y celebramos nuestra propia vocación como servidores, como adoradores de Dios, que es el Dios de ellos y que es nuestro Dios. Podemos decir que el primer servicio que prestan los santos ángeles es el del ejemplo. Su absoluta y amorosa adoración a Dios Padre es un modelo para nuestra oración que ha de estar llena de gratitud y de alabanza. La docilidad y la obediencia con que siguen los mandatos del Señor son también ejemplo para nosotros. Porque también nosotros hemos sido llamados a cumplir la voluntad de Dios. Y viendo la prontitud, la perfección de las obras que realizan estos ángeles, también nosotros nos sentimos movidos a ser ágiles, a estar dispuestos para realizar con plenitud y perfección la voluntad del Padre. O sea que en la adoración y en la obediencia los ángeles son ejemplo para nosotros. Pero además, ellos son una expresión de la gloria misma de Dios y son expresión también de su providencia.

Entonces, la primera palabra de hoy es la palabra Ejemplo. Y de esa palabra ejemplo hemos sacado otras dos palabras. Ejemplo en la adoración y ejemplo en la obediencia. La segunda palabra es Expresión. En ellos, en los ángeles se expresa la gloria divina y en ellos se expresa la providencia divina. La palabra gloria indica la presencia en el mundo creado, el reflejo en el mundo creado de la grandeza de Dios. Porque es santo, porque es bueno, porque es sabio y porque es poderoso. Estas cuatro notas divinas; santidad, sabiduría, poder y bondad están por toda la creación. Así, por ejemplo, ante un paisaje hermoso, podemos apreciar algo de su bondad. En la complejidad del movimiento de los astros descubrimos su sabiduría. En la existencia misma de cada cosa y en la manera como Dios dirige los acontecimientos del mundo, respetando sin embargo, la libertad de los hombres descubrimos su poder. Y hay ciertos momentos en que la pureza de un corazón que se nos acerca, o simplemente el candor que irradia toda la naturaleza, nos deja ver algo de la santidad divina. Todos estos ejemplos que he dado tienen que ver con el universo visible, como decir los paisajes, los arroyos, las galaxias. Pero los ángeles son también criaturas suyas. No nos ha sido dado verlos directamente. Los conocemos por lo que nos dice la Escritura. Y también hay el testimonio de algunos santos. Lo que alcanzamos a ver y conocer de ellos nos muestra que la belleza del mundo espiritual por darle ese nombre, la belleza del mundo angélico, trasciende con mucho lo que pueden contemplar nuestros ojos. Ya se trate de la belleza de una flor o de escuchar una hermosa melodía. Por eso los ángeles son expresión de la gloria divina.

El libro del Apocalipsis nos cuenta lo que le sucedió a una persona que vio a un ángel. A lo largo de ese libro hay un vidente que sirve como protagonista. Su nombre es Juan. Durante mucho tiempo se ha dicho si es el apóstol Juan. Si no es, según la expresión del Papa Benedicto, eso no es lo más importante. Probablemente es otro Juan. Lo cierto es que es una persona elegida por Dios, que va haciendo como un recorrido, un recorrido lleno de preciosas revelaciones sobre el sentido profundo y último de la historia humana. Y quien va guiando a Juan es un ángel. Cuando termina ese recorrido hacia el final, este hombre, Juan, se queda tan fascinado que se postra para adorar al ángel. El ángel lo detiene, le dice a mí no me adores adora a Dios. Evidentemente, ese Juan es una persona escogida, es un cristiano de primera categoría, por decir algo. Es una persona llena de luz y de sabiduría y una persona de tantas calidades se siente tan abrumado por la belleza, por el esplendor de este ser celestial, que fíjate que quiere adorarlo. Es lo que le sale del corazón. Ahí tenemos una comprobación de lo que he dicho antes. A saber que los ángeles, la belleza del mundo angélico trasciende todo lo que pueden ver nuestros ojos. Ese Juan del Apocalipsis nunca se hubiera postrado para adorar una flor, un paisaje. Pero sí se postra ante el ángel. O sea que lo que vio en el ángel es muchísimo más. Por eso los ángeles son expresiones de la gloria divina.

En el libro del profeta Ezequiel también se presenta un encuentro entre un ser humano, que es este profeta del Siglo Sexto antes de Cristo, llamado Ezequiel y los ángeles. Las descripciones que hace Ezequiel son extrañas, no son fáciles de poner de un modo coherente en las palabras y en nuestro lenguaje. Pero lo que sí está claro es que hay unos seres bellísimos y potentes que van llevando como el trono de Dios, que es el lugar donde precisamente reside la gloria de Dios. Llama la atención cómo dice Ezequiel que estos ángeles como que miraran a todas partes al tiempo. Una cosa que él subraya más de una vez en su libro es que para cambiar de dirección, los ángeles no tenían que volverse, no tenían que voltearse, como que estaban frente a todo a la vez, como que todos lo conocían al mismo tiempo. Santo Tomás de Aquino, que precisamente es llamado doctor Angélico, entre otras cosas por su profundidad en la enseñanza sobre los santos, ángeles, habla sobre el conocimiento que tienen los ángeles y una de las características es ese que no es un conocimiento procesual, sino que es un conocimiento como instantáneo, como intuitivo, como lo que describe Ezequiel. Hay otra manera de ver lo de Ezequiel cuando tengo frente a mí un papel que representa, por ejemplo, un diagrama, digamos, el plano de una casa, puedo verlo todo al tiempo. Pero si nosotros por un momento nos imaginamos que pudieran existir seres completamente planos, completamente bidimensionales, que vivieran en esa hoja esos seres, tendrían que conocer ese diagrama paso a paso, esta línea, luego esta línea, luego esta línea. Pero nosotros, estando como en otra dimensión y mirándolo desde fuera, podemos contemplarlo todo a la vez. Pues así como nosotros resultamos superiores a esos seres, si existieran seres bidimensionales que se movieran dentro del papel, así los ángeles nos superan a nosotros. Y por eso Ezequiel dice que podían verlo todo y que no tenían que voltearse. Es difícil imaginar un ser así.

Los artistas hacen lo que pueden cuando representan ángeles y lo que pueden es poco y lo que les resulta, a mí me parece con el debido respeto, que más es lo que distrae y confunde que lo que ayuda. No hay modo de representarlos. Una cosa que sucedió en la colonia, en la época de la colonia, en toda nuestra América, pero muy especialmente en países como Perú y Ecuador, es que las escuelas artísticas precisamente trataban de pintar ángeles y como no se sabía, o como no son propiamente ni hombres ni mujeres, entonces a veces los ponían andróginos, es decir, con características masculinas y femeninas. Una cosa que no ayuda, que no inspira, pero era lo que trataban de hacer los artistas. Otras veces los representan como ágiles mensajeros, al estilo de los mensajeros que se conocían en la España de aquel tiempo. Otras veces los representan como niños, sobre todo para hacer alguna alusión al candor, a la pureza propia de los ángeles. Por eso hay tantas imágenes donde aparece la Virgen rodeada de una cantidad de niños gordos que flotan alrededor de ella. Eso no ayuda mucho. Realmente eso no ayuda mucho. Y luego viene el problema de la raza. Porque claro, siempre los pintan de acuerdo con el país. Entonces, como todos estos pintores eran europeos, entonces son niños rubios, son niños de ojos claros, son niños de tez blanca y eso tampoco ayuda. El resumen es que nosotros no podemos imaginarlos, pero ciertamente en expresiones como la de Ezequiel o como la del Apocalipsis, nos damos cuenta de que ellos son expresión de la gloria.

Otra cosa que es totalmente cierta es que son expresión de la Providencia. Se ve particularmente en la historia del Arcángel Rafael, como aparece en aquella larga narración del libro de Tobías. Rafael es el que sana, da consejos para curar la ceguera de Tobit, el papá de Tobías. Y da consejos sobre cómo librarse también de los males espirituales, los males del cuerpo y del alma. Rafael acompaña a Tobías en su camino y luego acompaña a Tobías y Sara, ya casados, de vuelta a la casa de Tobit. Es guía, es compañía, es providencia. Lo mismo encontramos en el Pentateuco, en el libro del Éxodo, donde Dios le dice al pueblo envió un ángel delante de ti. Hazle caso en cuanto diga. De modo que los ángeles son expresiones de la providencia divina. Claro, nosotros no tenemos la experiencia que describe la carta a los Hebreos. La carta a los Hebreos dice en más de una ocasión no solo lo que describe Tobías. El libro de Tobías quiero decir. Sino que en más de una ocasión Dios ha enviado ángeles en forma de seres humanos. Algunos dice la carta a los Hebreos hospedaron ángeles sin saberlo. Entonces, tal vez esa experiencia no la tenemos o no la hemos reconocido.

Hay historias en las familias sobre personas que al parecer han sido ayudadas por los santos ángeles. Un tío mío iba solo en una carretera. Ese tío ya falleció hace años. O sea que esta historia tiene ya décadas. Él iba solo en su carretera. Una noche oscura y lluviosa, fría y se le ha averiado, se le ha estropeado el carro, el coche. Y no sabía qué hacer en esa situación y en esa soledad y en ese frío. Entonces mira un poco, levanta la tapa del motor y mira a ver si puede hacer algo. No se le ocurre gran cosa. Y así como de la nada aparece una persona. Una persona que él describe como mucho más alta que él. Pero parecía como un ser humano y le da algunas sugerencias sobre el motor y le indica que había que ajustar no sé qué. Y en un momento dado le dice vuelva a su puesto de conductor, intente ahora encender el carro y efectivamente prende. Bueno, entonces se baja mi tío para cerrar la puerta y resulta que no había nadie. Nunca encontró una explicación en una carretera solitaria, cómo se explica eso. Y la sensación que él tenía y así daba este testimonio es que había sido un ángel que le había ayudado. Quizás no lleguemos a tener esa clase específica de experiencias, pero lo que sí sabemos porque nos lo enseñan los santos, es que si nosotros somos amigos de los Santos ángeles, si los invocamos con sencillez de corazón, poniendo siempre en primer lugar la voluntad de Dios, pues experimentamos más, experimentamos con mayor cantidad y calidad como ellos son auxilio nuestro porque nos aman y porque saben que somos frágiles y que somos ignorantes y que somos débiles y que somos incoherentes. Así como tal vez nosotros podemos sentir un impulso de compasión hacia las personas que vemos muy limitadas. Pensemos cuando vemos un ancianito, una ancianita que está tratando de cruzar una calle, pero a duras penas puede con su alma y con el bastón que está llevando y sentimos el impulso. ¿Cómo le ayudo yo a esta persona para que cruce seguro la calle? O cuando vemos a un bebé pequeño que llora de algún modo los ángeles nos miran a nosotros así.

Cuando tratamos de orar, nuestra oración, dice San Pablo, se parece más a un gemido. Siempre en los monasterios, las monjas creen que cantan bonito, no. Eso es como un gemido. Es como un llanto nuestra oración. Hablando en términos espirituales, artísticamente puede ser muy bonito. Pero en términos espirituales, en términos de conexión con Dios, nuestra oración, dice San Pablo, es apenas un gemido. Eso es lo único que tenemos. Y los ángeles, que por supuesto, son también imagen de la bondad divina, sienten compasión de nosotros, como el que oye llorar a un bebé. Y nos acompañan. Dice la Plegaria Eucarística primera, el canon romano, que la ofrenda misma de la Eucaristía ni ustedes ni el sacerdote sabe presentarla. Estamos presentando a Dios ante Dios. O sea que el lugar propio de la Eucaristía no solamente es el cielo. El lugar propio de la Eucaristía es dentro de Dios. Qué va a saber un pobre sacerdote, por más que estudiara mucha teología, qué va a saber un sacerdote de ofrecer la Misa. Nadie sabe eso. Entonces la Plegaria Eucarística primera dice que esa ofrenda sea llevada al cielo por manos de tu ángel, indicando así nuestra insuficiencia, pero también cómo ellos nos acompañan en el servicio y culto a Dios. Ya se trate de nuestras necesidades, ya se trate de tentaciones, enfermedades, peligros o ya se trate de la liturgia, los ángeles nos acompañan. Por eso también en cada Eucaristía se invocan los santos ángeles inmediatamente antes del Santo. Lo que se escucha es esto. Por eso con los ángeles y los santos te aclamamos diciendo. Con los ángeles y los santos. Y eso se dice en cada Misa, porque ahí están ellos inspirándonos, sirviendo, como dije antes de ejemplo, pero también ayudándonos.

Así que los ángeles son ejemplo, como dijimos, ejemplo de adoración y ejemplo de obediencia y son expresión de la gloria y expresión de la providencia. Confiemos nuestra vida cristiana y en el caso presente, nuestra vida consagrada a los santos ángeles, especialmente nosotros religiosos y religiosas. Somos llamados a contemplar el misterio de los ángeles con una particular cercanía. Los antiguos padres de la Iglesia, cuando predicaban a las vírgenes consagradas, una idea frecuente era esa. Una frase que se oye en algunos de ellos va de esta suerte. Habéis empezado a hacer lo que seréis por la eternidad. Todas las vocaciones son bellas. Todas las vocaciones dentro de la Iglesia son bellas. También la vocación matrimonial es bella, pero el matrimonio tiene fecha de terminación. El matrimonio es santo y deja un valor permanente si los esposos quieren cada uno ayudar en la santificación del otro. El valor permanente del matrimonio es ese. Pero el matrimonio como tal termina. Prueba de que es básicamente una ayuda para pasar esta vida en quien tiene esa vocación. De algún modo, la situación del monje, la situación de una virgen consagrada a Dios es distinta, porque aquella que se consagra a Dios ya ha empezado a hacer en la tierra lo que será por la eternidad. Si una mujer, por ejemplo, se consagra a Dios y está realmente enamorada de Jesucristo y lo llama desde lo íntimo de su corazón, lo llama su esposo. Al morirse no tiene que cambiar el lenguaje y en la eternidad no tiene que cambiar el lenguaje. Es el mismo esposo. En cambio, con el debido respeto, las casadas no. Porque el esposo aquí es don Pedro Pérez y se mueren. Y entonces ya la situación es otra, ya es Cristo solamente. Pero Dios tiene su camino para cada persona y lo que importa no es a dónde nos ha llamado Dios, sino cómo lo vivimos. O sea que hay que tener cuidado de cualquier arrogancia frente a otros caminos y otras vocaciones en la Iglesia. Pero en sí misma la vocación, especialmente la vocación contemplativa, está muy próxima a la vida de los ángeles y es frecuente, en las biografías de santos y santas que se han entregado a Dios, es frecuente la comparación con los ángeles. Muy bello que Dios nos haya llamado a este camino. Y yo creo que nosotros, incluso más que otros cristianos, podemos absorber inspiración de los santos ángeles para vivir con particular humildad y con particular entrega nuestro ser de cristianos.

Un último punto que quiero destacar es que los ángeles son también una inspiración en el gozo, en la alegría. La alegría es indispensable para vencer los ardides del enemigo, las trampas del demonio, para vencer las tentaciones. Cuando comenté en el seminario donde estoy hospedado, Seminario San Jerónimo, cuando comenté que Monseñor me había dicho que viniera aquí hoy, alguien me dijo ellas son muy alegres. Realmente yo lo que he visto hasta ahora no me parece, pero bueno. Hay que hablar en serio de la alegría porque la alegría es indispensable. Y la compañía gozosa, la compañía dulce y amorosa, la compañía útil y perfumada de los ángeles, inspira alegría. Esa alegría es nuestra defensa. Muy poco puede lograr el demonio contra un alma que está alegre en Dios. Porque siempre la primera línea de ataque del ángel caído y de sus secuaces. Siempre la primera línea es a través de la tristeza y los derivados de la tristeza; el aburrimiento, la amargura, la nostalgia. Todas esas son herramientas que, bien trabajadas por el demonio, pueden lograr agrietar incluso vocaciones bien plantadas. Porque una persona que se deja llevar por la nostalgia muy fácilmente se le puede convencer con algo de insistencia, se le puede convencer. Mira, este no es tu camino. Lo mismo la persona que tiene amargura, lo mismo la persona que tiene resentimiento. Qué peligroso es el resentimiento. Qué peligroso es ese llevar heridas de lo que me hicieron y me hicieron y ese día me hicieron y yo sufrí lo que me hicieron, cosas que yo he sufrido. Esa persona que se deja llevar por ese resentimiento, por esa amargura, no sabe que está entregando flancos amplios de su corazón al ataque del enemigo. En cambio, el corazón alegre en Dios, el corazón tipo Magnificat, el corazón en alabanza, es un corazón que no tiene grietas, es un corazón victorioso. Por eso hemos de pedir a los santos ángeles que nos inspiren esta alegría.

Terminamos nuestra exposición y homilía sobre los ángeles. Son en primer lugar, ejemplo de adoración y ejemplo de obediencia. En segundo lugar, son expresiones preciosas de la gloria de Dios y de la providencia de Dios. Y en tercer lugar, son inspiración para vivir nuestra vocación y para avanzar con alegría. Que los santos arcángeles dejen sentir su protección, su amable presencia en nuestras vidas y particularmente en este monasterio. Amén.

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