Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Un discernimiento profundo llega a descubrir que entre los problemas estructurales y los puramente personales está la noción de "forma," tan provechosa para hablar de almas y de ángeles.

Homilía sarc006a, predicada en 20110929, con 18 min. y 10 seg.

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Transcripción:

Mis hermanos en la época del Nuevo Testamento, siglo uno de nuestra era. Podemos decir que había un gran temor sobre este tema de los ángeles, sobre todo por la posible confusión con el politeísmo y además por la confusión con el gnosticismo. Aunque el gnosticismo con ese nombre tal vez no fuera tan popular en esa época. Ya las ideas empezaban a darse, el gnosticismo, entre otras cosas, mira el universo como una especie de escalera. Y entonces hay seres que son muy altos, espirituales, luminosos y hay otros que son muy bajos, muy materiales, incluso sucios. Entonces, para el gnosticismo llegar a la perfección es subir por esa escalera. Es exactamente lo que propone la Nueva Era. Entonces, según la Nueva Era, una persona podría volverse un ser espiritual. Podría volverse un ser mágico. Podría volverse un ángel.

Esta manera de pensar ya estaba presente, por ejemplo, en la comunidad de Colosas. Tenemos en la Biblia la carta a los Colosenses, el cántico que tuvimos hoy, el cántico de Vísperas es tomado de la carta a los Colosenses, que es una proclamación muy vigorosa del señorío de Jesucristo por encima de todos los principados y potestades. Así tiene que expresarse San Pablo para evitar que estos colosenses, fascinados por ese mundo intelectual, espiritual, un poco abstracto, aéreo, se les olvide que lo fundamental y lo primero es Jesucristo, y que nosotros somos salvos en Cristo. Nosotros no somos salvos en ninguna otra persona, en ningún otro ser. Es decir, que en el siglo primero y en los escritos del Nuevo Testamento, hay esa presentación un poco polémica del tema de los ángeles. Pero en el mismo Nuevo Testamento tenemos el Apocalipsis que nos presenta otro ángulo. Presenta a los ángeles como miembros de la Corte del Cielo, y estos ángeles, como aparecen en el Apocalipsis, no son un estorbo ni son un reemplazo de Dios. Los ángeles, como aparecen en el Apocalipsis, más bien son una especie de resplandor de la gloria divina, algo que habla de la magnificencia de Dios, como cuando se visita un gran personaje y hay todo un protocolo para poder verlo siquiera. Y toda esa corte, toda esa organización habla de la grandeza de ese personaje. No cualquiera puede acercarse, por ejemplo, al Primer ministro, puede acercarse al presidente o puede acercarse al obispo.

Es decir, la grandeza la asociamos también como con esa especie de distancia que es una distancia necesaria, porque es obvio que el Presidente no puede atender cualquier persona que aparezca por ahí y diga iba caminando por aquí, pasé a saludarlo. Entonces el Apocalipsis nos presenta a los ángeles como una especie de eco, como una especie de resplandor de la gloria divina. Estos ángeles no miran hacia nosotros, estos ángeles no buscan nada de nosotros. Estos ángeles apuntan hacia Dios. Hacia el final del Apocalipsis, hay una escena muy hermosa en la cual el autor de nombre Juan se va a postrar para adorar a ese ángel que le ha mostrado tantas cosas, que ha sido como su compañero en tantas visiones. Y el ángel le dice: Detente, no te equivoques, yo soy una criatura como tú, a Dios tienes que adorar. Así que en el Nuevo Testamento tenemos esa doble presentación que yo creo que es muy pedagógica. Por un lado no se le puede dar tanta importancia al asunto de los ángeles, como lo presenta a veces la nueva era, que termina disminuyendo el papel esencial que tiene Cristo. Pero por otro lado, el mismo Nuevo Testamento nos muestra que sí hay una manera correcta de ver a los ángeles y de entender a través de su existencia y de su ministerio que Dios nos llama hacia Él y que ángeles y seres humanos somos llamados a él.

Bueno, ¿y qué aporta hablar de ángeles? ¿qué añade? si al fin y al cabo la historia parece más bien determinada simplemente por lo que hacemos los hombres y mujeres que estamos aquí. Pues hay un texto muy importante en el capítulo sexto de la Carta a los Efesios. Ahí dice San Pablo que no era ningún iluso y que no era un personaje que viviera de fantasías, sino más bien alguien que conocía muy bien la miseria humana y que conocía muy bien la vida concreta y práctica de su tiempo. San Pablo dice en el capítulo sexto de la Carta a los Efesios Nuestra lucha no es contra seres humanos. Nuestra lucha es contra las potestades que quieren asegurarse un imperio en el aire. Llegar a entender esto realmente es un avance muy grande en la vida cristiana y yo voy a dar un ejemplo tomado de la realidad social. En la medida en que nosotros pensamos que un grupo humano es el problema, inmediatamente se dispara el odio hacia ese grupo. Eso es lo que intenta lograr, por ejemplo, el marxismo. El marxismo intenta delinear una clase social, léase los ricos, ricos capitalistas, egoístas, desgraciados, hay que acabarlos. Y se produce entonces una agresión hacia esa clase social.

Seguramente con algunas explicaciones, quizás no justificaciones, pero sabemos lo que va a seguir de aquí. Entonces, los que se sienten amenazados dicen: Yo tonto, no soy yo, no me voy a dejar secuestrar. Entonces yo organizo un grupo paramilitar Y en esa tontería se desangra la humanidad. Por lo menos la humanidad de Colombia, en la medida en que uno concentra la atención en un ser humano para decir el problema es. El problema es que los gringos no nos dejan prosperar. El problema es que la guerrilla ha echado a perder este país. El problema es que los empresarios, el problema, cada vez que señalamos a un ser humano, seguimos haciendo un juego que es un juego diabólico. Uno empieza a presentir que hay un ser oscuro que se carcajea cada vez que nosotros nos miramos demasiado a nosotros mismos y nos acusamos los unos a los otros. Y esto puede pasar también en una pareja. Uno mira la discusión en una pareja y suele ser así. Cada uno tiene siempre algo que reclamarle al otro y las cadenas de recriminación y las cadenas de ataque no acaban nunca. Tú me dijiste si pero, porque tú me habías dicho. Porque tú habías pensado que yo había creído, que tú habías imaginado que tú sugeriste, que yo dije. Y eso no termina nunca. Y el cerebro se agota, el cerebro se agota y no logramos nada.

En una comunidad religiosa pasa lo mismo, porque resulta que el demonio es experto en engendrar división. Entonces los muy jóvenes pueden decir: Lo que pasa es que esos viejos retrógrados no entienden nada. Se quedaron en su tiempo, no quieren soltar el poder. Mientras tanto, los mayores estarán pensando estos jóvenes inexpertos, irresponsables. Y ahí nos pasamos la vida o nos podemos pasar la vida en ese tipo de acusaciones. Eso fue lo que vio Pablo. Pablo se dio cuenta que hay un juego, un juego satánico. Es un juego diabólico. Y que en ese juego el único que pierde es el ser humano y que en ese juego el único que se ríe es el diablo. Entonces Pablo se da cuenta que si nosotros no subimos la escala, si uno no empieza a entender que el problema no es ese, entonces uno sigue jugando ese juego y ahí se cumple lo que dijo Gandhi ojo por ojo y el mundo acabará tuerto, acabará ciego. Entonces se sube otro nivel. Ya no voy a acusar a las personas, sino voy a acusar a los problemas, voy a acusar a los pecados.

Y los pecados, entonces son, por ejemplo, tenemos que luchar no contra una clase social, sino contra la pobreza absoluta. Tenemos que luchar contra la ignorancia, tenemos que luchar contra la intolerancia y así sucesivamente. Pero este propósito también tiene un alcance limitado, porque cuando uno dice que se va a dedicar a luchar contra un problema en abstracto. Uno se da cuenta de que los problemas en abstracto no ofrecen ningún problema. Es decir, yo nunca me encuentro el egoísmo como para poder acomodarle un buen puñetazo. Yo nunca me encuentro la mentira así, en un solo lugar como para darle un garrotazo y acabar con ella. Finalmente, hay algo demasiado personal en lo que tiene que ver con el pecado. El pecado no es una idea. El pecado no es simplemente una estructura. Para los estudiantes de filosofía y de teología. Aquí hay una idea fascinante: El pecado tiene la estructura de una forma. Es un estilo, es un ambiente. Es una manera de hacer las cosas. La noción de forma. Yo pienso esa idea no es mía, es de Santo Tomás de Aquino. La noción de forma es la idea central para hacer el engranaje entre las estructuras y las personas. Porque resulta que nosotros mismos somos materia y forma, somos cuerpo y alma.

Pero nosotros nos damos cuenta que esa estructura nuestra, esa configuración interna, ese principio vital que es el alma, no se queda como una estructura abstracta, sino que tiene el carácter de un sujeto personal. Entonces es aquí donde Santo Tomás dice que esos son los ángeles que desde un punto de vista metafísico, los ángeles son formas personales, formas personales que uno se da cuenta que no necesariamente tienen que tener un cuerpo. Por eso habla de los ángeles como sustancias separadas. Estas sustancias separadas, estas formas personales, no son creaciones de la fantasía, ni tampoco son pecados abstractos o virtudes abstractas. Estas formas sustanciales vivas, que son los ángeles, tienen exactamente las condiciones y largo sería explicarlo para entrar en una compatibilidad con lo que es nuestra mente. Y esa compatibilidad es lo que en la teología de nuestro hermano Tomas se llama una sugestión por vía de sugestión. Así como uno tiende a adoptar más fácilmente la manera de pensar de alguien que sea semejante a uno, así también estas formas sustanciales, no materiales, estas formas sustanciales, que son estructuras, pero que tienen ese carácter personal, pueden conocer de nuestra estructura, es decir, de nuestra alma, y pueden hacerse lo suficientemente semejantes a nuestro intelecto como para sugerir. Este es el principio fundamental para entender la interacción que tienen los ángeles o que pueden tener los ángeles sobre nosotros, los seres humanos.

Bueno, eso puede sonar un poco extraño. Pero resulta que, que no es tan extraño. Solo voy a dar un ejemplo. Te has dado cuenta cómo hay cosas que suceden, Como en todo el mundo. En todo el planeta al mismo tiempo. Y cuando tú empiezas a buscar quién está detrás de eso, no terminas de encontrar responsables humanos. Por ejemplo, desde hace unos años hay toda una agenda que lo estábamos hablando con los amigos de Misterio de Dios. Hay toda una agenda que es clarísima, una agenda que empieza por legalizar el aborto, acelerar el divorcio, promover la homosexualidad, agrietar la familia diciendo que cualquier modelo de familia da lo mismo. Pero es que eso no está pasando en este país. Es que eso está pasando en todas partes. Y cuando uno tiene ocasión de hablar directamente con personas que viven a miles y miles de kilómetros y que miran otros noticieros, no los que yo veo y que consumen otros productos, no los que yo consumo. Uno se asombra de cómo puede haber un mismo tipo de mentalidad en personas que se encuentran en lugares tan distintos.

Y entonces uno se empieza, uno empieza a dar cuenta, uno empieza a presentir. Pero este es un asunto de discernimiento espiritual. San Pablo nos dice que se necesita el don del Espíritu Santo para distinguir entre lo que es una idea que se propaga y lo que es ese tipo de acción, por ejemplo, del demonio en la historia humana y de ese discernimiento y en ese discernimiento ha entrado gente tan seria, tan intelectualmente preparada, tan virtuosa, como por ejemplo, el Papa León trece. León trece hace una lectura extensa e intensa del siglo diecinueve. Ve lo que está sucediendo desde su posición de Sumo Pontífice. Tiene una perspectiva absolutamente única. León trece ve lo que está pasando en muchas naciones al mismo tiempo. León trece ve de qué manera está siendo atacada la Iglesia y cuál es el proyecto que está detrás de eso. Ora, ora muchísimo. No es ningún tonto. Mira lo que ha escrito León trece, por favor. Que si de algo se le hubiera, hubiera que acusarles de demasiado racional. El tipo es preparado. Él sabe de ciencia, sabe de sociología, sabe de filosofía, sabe de historia. Él se da cuenta lo que está sucediendo, lee la realidad, ora muchísimo y empieza a descubrir cómo efectivamente hay vientos oscuros. Hay influencias espantosas que pretenden disgregar y romper el rebaño de Cristo, y es Él el que promueve la oración a San Miguel Arcángel. Defiéndenos en la pelea. Sé nuestro amparo contra la maldad y las asechanzas del demonio. Eso no es mitología, es el fruto de la oración, es el fruto de la lectura, es el fruto de la conciencia. De esto que hemos enunciado basándonos en Santo Tomás. Es que no es casualidad que uno de los mejores estudiosos de Santo Tomás en el siglo diecinueve sea León trece, que precisamente con su encíclica Eternity Patris lo que hace es impulsar el estudio de Tomás.

Pues bien, esa conciencia para que se lo lleven, por favor los estudiantes de filosofía. ¿Cómo se conjuga lo estructural y lo personal? Se conjuga en la noción de forma como acontece en los seres humanos y en los ángeles. Y eso parece que es lo que explica este tipo de interacciones o de articulaciones como la que leyó León trece. Bueno, ¿qué queda para nosotros? Pues queda para nosotros agradecer a Dios que somos salvos en Cristo. Hay que mantener ese punto firme. Queda para nosotros que los ángeles no reemplazan a nadie, pero que sí acompañan nuestra adoración. Y queda para nosotros que tenemos que pedir el don del Espíritu Santo para discernir. Porque si no podemos estarle haciendo el juego al demonio. Y uno puede creer que simplemente con pelear con otra persona, con discutir con otra persona humana, con aplastar a otra persona humana, arregla sus problemas. Y en eso uno le está dando tributo al príncipe de las tinieblas. El que logra tener, que sí se puede tener una visión un poco más alta, un poco más completa. Se da cuenta cuál es el juego que están tratando de hacer y ya no cae en esa tentación, sino que en todo proclama el señorío de Cristo, como nos enseñó Pablo en la carta a los Colosenses y en la carta a los Efesios.

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